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Reivindicación de Italia ’90

Sí, es muy osado este título cuando sus precedentes inmediatos son México ’86 y España ’82, dos odas al fútbol arte. Italia ’90 tuvo a Maradona, pero no al de cuatro años atrás en el Estadio Azteca. Tampoco disfrutó del Brasil de Sócrates, Zico y Falcao, ni de la Francia de Platini, Giresse y Tigana -ni siquiera se clasificó la selección francesa-, ni la anfitriona Italia fue la Italia de Rossi y el júbilo de Tardelli. Si el nivel de exigencia es ese -y si encima nos remontamos a joyas como México ’70 y Alemania Occidental ’74– , estamos de acuerdo: el Mundial 1990 fue un fraude.

Para la historia mundialista, Italia ’90 significó un brusco cambio entre los mundiales de leyenda y los mundiales sin apellido incorporado. Italia ’90 es Italia ’90, a secas. Sin Magiares mágicos, sin Brasil 70, sin Naranja Mecánica, sin Menotti y Kempes, sin pupilos de Telê Santana y sin El Pibe regateándose a media Inglaterra.

Algunos aseguran que Italia ’90 fue el peor Mundial de la historia y que así lo atestigua su baja media de goles (2,2 por partido). Se puede ser crítico con este torneo, pero no es necesario hacer sangre. Sobre todo, pudiendo hacerla con el de 2002, a todas luces el peor de los 21 campeonatos que se han jugado hasta ahora. Razones: pues no sólo los arbitrajes escandalosamente favorables a la anfitriona Corea del Sur, que llevaron a semifinales a una selección mediocre que nunca antes había pasado de primera fase. Comparemos los choques de cuartos de final de 2002 (Senegal-Turquía, Corea del Sur-España, Alemania-Estados Unidos y Brasil-Inglaterra) con los de 1990 (Argentina-Yugoslavia, Italia-Irlanda, Alemania Federal-Checoslovaquia e Inglaterra-Camerún). Que cada cual compruebe las plantillas y el currículum de dichos equipos y saque conclusiones.

Pero vayamos al grano. A continuación, una serie de recuerdos para la reivindicación de la XIV Copa del Mundo de Fútbol.

CAMERÚN Y LOS BAILES DE MILLA

Italia ’90 alumbró a la mejor selección africana de todos los tiempos. Ningún otro combinado del continente negro dejó una impronta comparable a la de los cameruneses. Protagonizaron el partido inaugural frente a Argentina, vigente campeona, y la derrotaron con un portentoso salto de Omam-Biyik. Los Leones Indomables cosieron a patadas a Maradona y sus compañeros, cierto, pero pagaron por ello: acabaron el partido con nueve.

En la segunda jornada, se deshicieron de Rumanía (2-1), con actuación estelar de N’Kono, mítico portero del Espanyol, y de Roger Milla, un veterano de 38 años que ejercía de auténtico revulsivo tras saltar al campo en las segundas partes. Milla, que no pensaba acudir al Mundial, había recibido poco antes de la cita una llamada del presidente camerunés, Paul Biya -quien hoy permanece en el cargo-, que lo convenció para aportar su experiencia a un plantel con muchos jóvenes. Suyos fueron los dos goles a los rumanos y repetiría doblete en octavos de final contra Colombia, esta vez con Higuita como víctima de su olfato goleador y de los bailes con los que celebraba sus dianas. Entre medias, Camerún había perdido 4-0 contra la URSS, país de origen de su seleccionador, Valery Nepomnyashchy, en un duelo de mero trámite, porque ya estaba clasificada como primera de grupo, mientras que su rival estaba desahuciada luego de sus tropiezos frente a rumanos y argentinos.

Y ya en cuartos de final, el adiós por la puerta más grande. Inglaterra derrotó 3-2 a Camerún en el mejor partido de Italia ’90. Pero si ese fue el choque más bello, se debió más al vencido que al vencedor. Con 1-0 para los ingleses al descanso, Camerún remontó en el segundo tiempo con un penalti transformado por Kunde y un contragolpe que Ekeke culminó picando el balón sobre Shilton. Los africanos gozarían de más ocasiones, pero los británicos empatarían de penalti y forzarían la prórroga. Y en el tiempo extra, otro penalti, este más riguroso que el anterior, también cometido sobre Lineker, tuvo al delantero como ejecutor y verdugo de la selección más hermosa de Italia ’90.

EL GOL DE RINCÓN A ALEMANIA Y EL ÉXTASIS DE COLOMBIA

Minuto 92. Leonel Álvarez le roba el balón a Völler muy cerca del área colombiana. En carrera se la pasa a Fajardo, que corre hacia la línea divisoria y le entrega la pelota a Valderrama. Con su elegancia, el 10 se zafa del acoso de tres alemanes y mira hacia la derecha, donde recibe Rincón, que al primer toque se la cede a Fajardo y este de nuevo a Valderrama, que ha visto la carrera de Rincón y le tira un pase en profundidad que lo deja solo ante Illgner. El disparo, seco y raso, se cuela bajo las piernas del portero teutón y desata el éxtasis en Colombia.

Hasta el minuto 88, la selección cafetera estaba clasificada para octavos. El empate a cero frente a los germanos les valía a ambos: a los europeos, para ser primeros de grupo, y a los suramericanos -que acumulaban una victoria frente a Emiratos Árabes Unidos y una derrota ante Yugoslavia-, para acceder a la siguiente ronda como terceros. Sin embargo, un gol de Littbarski desequilibraba la balanza y Colombia se las veía en el avión de vuelta a casa. Este era el contexto cuando Rincón -fallecido en abril de 2022 tras un accidente de tráfico- culminó aquel contragolpe vital y magistral.

MARADONA (Y CANIGGIA) APEAN A BRASIL

Maradona arrastraba una severa dolencia en su tobillo izquierdo tras un golpe sufrido en primera fase frente a Rumanía. Desde entonces, tuvo que jugar infiltrado. Hasta el minuto 80 de los octavos de final, Brasil había sido superior a Argentina, a la que había acosado con varios disparos al palo. Pero El Pelusa se apoderó de la pelota en el círculo central y empezó a dejar atrás a defensores brasileños. No como cuatro años antes en el Azteca frente a Inglaterra, pero casi. Uno, dos, tres, cuatro, con túnel incluido al último, y el balón le llegó a Caniggia, que regateó a Taffarel y chutó con la zurda al fondo de la red. Unos cuantos años más tarde, Maradona contaría en un programa de TV que desde el banquillo de la selección argentina se le hizo llegar al defensa brasileño Branco un bidón de agua con somníferos que lo dejó obnubilado. “Una leyenda urbana”, según Caniggia.

EL GOLAZO DE BAGGIO A CHECOSLOVAQUIA

Era su primer partido en el Mundial que jugaba en casa. Recibió el esférico sobre la línea de mediocampo, muy escorado a la izquierda. Se la pasó a Giannini entre dos adversarios y este se la devolvió. Avanzó en diagonal hacia el centro encarando y superando oponentes para finalmente pisar área y batir al meta rival. Roberto Baggio cerraba así el 2-0 de Italia a Checoslovaquia y ambas selecciones pasaban a octavos. Los focos de la selección local los acapararía Schillaci, un oportunista inesperado que se llevaría la Bota de Oro del torneo con seis goles, pero sería Il Divino Codino quien dejara huella en la historia.

EL SHOW DE HIGUITA (PARA BIEN Y PARA MAL)

El portero-líbero de Colombia no dejó de dar espectáculo con sus salidas fuera del área, avanzando entre rivales con la pelota en los pies. A veces, se permitía algún sombrero y todo. Pero tanto fue el cántaro a la fuente que se acabó rompiendo, con Milla robándole la pelota en un despiste y marcando a puerta vacía ante la carrera desesperada del guardameta. La selección colombiana, ahora sí, debió tomar el vuelo trasatlántico.

ALEMANIA FEDERAL vs HOLANDA (VÖLLER vs RIJKAARD)

Si hay en Europa un derbi de selecciones, ese es el Alemania-Holanda. Empezó con la final del Mundial 1974, con la anfitriona, al mando de Beckenbauer, frenando a la Oranje de Cruyff. Los dos países vecinos volverían a enfrentarse en Argentina ’78, y también en la Eurocopa 1980, pero cuando saltaron chispas fue en la Eurocopa 1988, con los holandeses tomándose la revancha del 74. Y aún se medirían otro par de veces antes de Italia ’90, con sendos empates en Múnich y Rotterdam en la clasificatoria para la cita mundialista.

La mala primera fase de los tulipanes, terceros de su grupo, por detrás de Inglaterra e Irlanda, los emparejó en octavos de final con los germanos, en un duelo a disputar en el estadio San Siro de Milán. Seis participantes en este choque jugarían en casa: los alemanes Matthäus, Klinsmann y Brehme, futbolistas del Inter, y los neerlandeses Gullit, Van Basten y Rijkaard, integrantes del Milan.

Sería precisamente este último quien iniciara una nueva batalla. Hacia el minuto 20, se ganó una tarjeta amarilla por una fea entrada a Völler. Con ganas aún de marcha, Rijkaard escupió a su rival y le dijo cuatro cosas. El alemán, muy cabreado, quiso que el árbitro aplicara un castigo más severo al autor del salivazo, pero obtuvo lo contrario: una amonestación para sí. Acto seguido, los alemanes sacaron una falta que Völler intentó rematar con ímpetu. Van Breukelen, portero neerlandés, se encaró con el germano y a Rijkaard le faltó tiempo para continuar su trifulca. Klinsmann intentó separarlos, pero ya era demasiado tarde: el colegiado cortó por lo sano y le mostró la roja tanto a Völler como a Rijkaard, que volvió a escupir a su enemigo íntimo. Ambos equipos afrontarían lo que quedaba de partido con diez y acabará imponiéndose Alemania con un tanto de Klinsmann y otro de Brehme que harán inútil el penalti marcado al final por Koeman.

LA INGLATERRA DE LINEKER Y GASCOIGNE

Posiblemente, la mejor Inglaterra que se ha visto en un Mundial -esta no tuvo las ayudas que sí disfrutó la que fue anfitriona en 1966-. Buena parte de responsabilidad en ello tuvieron Lineker, autor de cuatro goles, incluyendo uno en la semifinal contra Alemania, y un joven con mucho talento que por aquel entonces parecía pensar más en el fútbol que en la fiesta: Paul Gascoigne.

GOYCOCHEA, EL ‘PARAPENALTIS’

El argentino empezó el Mundial como suplente, pero la lesión de Pumpido le dio la responsabilidad bajo los palos y la ejerció con acierto, especialmente en las tandas de penaltis. En la de los cuartos de final, dos paradas suyas a disparos de los yugoslavos –verdugos de España en la ronda anterior– le dieron a la Albiceleste el pase a semifinales frente a la organizadora Italia, a la que también le detuvo otras dos penas máximas que le abrirían las puertas de la final. Dicen que Goycochea meaba en el césped antes de las tandas y que eso le daba suerte. También cuentan que en la final contra Alemania no tuvo ocasión de hacerlo y no fue capaz de atajar el solitario penalti con el que Brehme le dio en el minuto 85 el título a la Mannschaft. Eso sí, el arquero estuvo cerca de tocarlo.

EL ÚLTIMO MUNDIAL DE LA URSS, CHECOSLOVAQUIA, LA YUGOSLAVIA SOCIALISTA… Y LA RFA

La caída del Muro de Berlín unos meses antes de que el balón empezase a rodar empezaba a pasar factura al bloque del Este. Italia ’90 sería el último que disputase la Unión Soviética, que desaparecería como Estado a finales de 1991 y regresaría a un Mundial en 1994, ya como Rusia. Con la Checoslovaquia de Skuhravy concluían las apariciones mundialistas de este combinado, pues el país se dividiría en República Checa y Eslovaquia en 1993. Yugoslavia se desintegraría en 1991, aunque conviene aclarar que en Francia 1998 volvería a participar con ese nombre. El motivo: pese a la secesión de Eslovenia, Croacia, Macedonia y Bosnia y la consiguiente desaparición de la República Federativa Socialista de Yugoslavia, Serbia y Montenegro formaron la República Federal de Yugoslavia, heredera de la Yugoslavia socialista. Y entre tanta división, una reunificación: tres meses después de Italia 1990, el 3 de octubre de dicho año, la República Federal de Alemania (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA) se fusionaban y ya no volveríamos a oír hablar de la selección de Alemania Federal, que dejaba paso a Alemania sin sobrenombre.

LA PRIMERA FINAL REPETIDA Y LA TERCERA TRICAMPEONA

Alemania Federal y Argentina reeditaron la final de 1986. Era la primera vez que se repetía una final con los mismos protagonistas, que volverían a hacerlo en 2014. En 1994, Brasil e Italia revivían la final de México ’70, pero alemanes y argentinos se les adelantaron en Italia ’90. Quien saliera campeón, igualaría en ese momento a brasileños e italianos como tricampeones del mundo. Fueron los teutones los que sumaron su tercera estrella -tras las obtenidas en 1954 y 1974- en una final sin mucha historia en el Olímpico de Roma. Para la ídem, quedó la imagen de Maradona dedicando un visible “hijos de puta” a los aficionados italianos que abucheaban el himno argentino por haberlos eliminado de su Mundial. Y hasta aquí la reivindicación de Italia ’90.

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