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Sretenovic y la yugonostalgia

Hace doce años, llegué en coche con dos amigos a Zagreb. Era la primera vez que visitábamos la capital de Croacia y necesitábamos cambiar euros por kunas, la moneda del país. Entramos en una oficina de cambio de divisas y nos atendió un hombre de mediana edad con el que, mientras barajaba los billetes, sacamos la conversación del baloncesto. Qué menos, estando en la ex Yugoslavia y en la ciudad en la que el mítico Drazen Petrovic saltó a la fama al mando de la Cibona, el célebre equipo local.

El empleado sonrió y nos dijo que prefería hablar de la Jugoplastika. “Es que soy de Split”, aclaró. Y nosotros, encantados, porque si en el baloncesto yugoslavo hay otro equipo que hiciera más historia que la Cibona -y que cualquier otro-, ese es la Jugoplastika de Split. Por supuesto, mencionamos rápidamente a Toni Kukoc y a Dino Radja, dos leyendas del club, ambos nacidos en esa bella ciudad a orillas del Adriático. Y él nos replicó: “Y Savic, y Sretenovic. Eran serbios. Y eran buenos”.

Estábamos en el verano de 2010. Hacía apenas quince años del final de la guerra entre croatas y serbios, uno de los conflictos derivados de la desintegración de Yugoslavia. Y en Croacia hay mucho rechazo al pasado yugoslavo, que en ocasiones llega al absurdo.

Supongo que por eso, para evitar diálogos incómodos, sólo mencionamos a las estrellas croatas de un equipo que en realidad reunía a jugadores de toda Yugoslavia. En la Jugoplastika, los croatas Toni Kukoc, Dino Radja, Velimir Perasovic y Goran Sobin hacían piña con los serbios Zoran Savic, Zoran Sretenovic y Luka Pavicevic, así como con el montenegrino Dusko Ivanovic. Todos ellos bajo la batuta del entrenador serbio Bozidar Maljkovic.

La respuesta de aquel aficionado croata que recordaba con cariño a los serbios de su equipo me sorprendió gratamente. Me pregunto si quizá charlando con unos extranjeros se sintió con más libertad para expresar ese afecto a los que hace tres décadas, antes de que estallase la guerra, eran sus compatriotas.

Recordé a aquel hincha de la Jugoplastika hace un mes escaso, cuando supe del fallecimiento de Zoran Sretenovic. El base titular de aquel equipo mítico nos dejó a los 57 años de edad por culpa de un ataque cardíaco. De su carrera como baloncestista, con pocas palabras se dice mucho: tres veces campeón de Europa de clubes con la Jugoplastika (1989, 1990 y 1991) y dos oros europeos con Yugoslavia (1991 y 1995). Sretenovic no era un Petrovic, ni un Kukoc, ni un Djordjevic, pero sí un jugador que contribuyó a que quienes disfrutamos de aquel baloncesto padezcamos una yugonostalgia crónica.

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