Home > Historia > Indurain, el rey del Tour coronado en los Pirineos

Indurain, el rey del Tour coronado en los Pirineos

Pese a la escasez de montaña, el Tour de Francia de 1991 estaba siendo entretenido. En sus once primeras jornadas, todas llanas, había pasado de todo: una escapada del campeón defensor y principal favorito, Greg LeMond, junto con otro candidato a la victoria, Erik Breukink, en el primer sector de la primera etapa; una crono por equipos el mismo día, que le arrebatará el maillot amarillo al norteamericano y se lo dará al danés Rolf Sorensen; la caída y abandono del nórdico tres días después, que devolverá el liderato a LeMond; una larguísima fuga de Thierry Marie el día siguiente, con la que obtendrá ventaja suficiente para encabezar de nuevo la clasificación general -el ciclista galo ya había ganado la etapa prólogo-; y una contrarreloj individual de 73 kilómetros en la que el estadounidense recobraba el jersey de líder, aunque le tocó compartir protagonismo con el vencedor de la etapa, un navarro de Villava especialista en la lucha contra el crono llamado Miguel Indurain.

Y aún hubo tiempo de algún que otro episodio destacable antes de que asomaran los Pirineos. Por ejemplo, el misterioso abandono en bloque del PDM, el equipo del neerlandés Breukink, tercero en la general. Todos sus integrantes sufrían «fiebre alta» y «dolores musculares», lo que llevó a la prensa a hablar de «intoxicación alimenticia», aunque también a especular con «la sombra del dopaje». Así se llegó a la jornada de descanso y al traslado a Pau, desde donde se afrontarían las dos etapas pirenaicas.

La primera de ellas cruzaría a territorio español, con final en Jaca. Dos puertos de primera, Soudet y el fronterizo Somport, significaron el primer contacto con la alta montaña y también una inesperada decepción. Los favoritos, entre los que no sólo estaba el líder LeMond, sino también el Banesto en el que Perico Delgado todavía era jefe de filas por delante de Indurain, permitieron la escapada de Charly Mottet, Pascal Richard y un joven Luc Leblanc, que se erigía en sorprendente líder de la Grande Boucle gracias a los casi siete minutos de ventaja con los que su grupo arribó a meta.

Al día siguiente, 19 de julio, turno para la etapa reina, entre Jaca y Val Louron, una estación pirenaica poco habitual en el Tour. Sin embargo, de camino a ella, varios viejos conocidos, especialmente el mítico Tourmalet, que con sus 2.115 metros de altitud, 18,5 kilómetros de ascensión y 7,6% de desnivel medio es uno de los colosos en la historia de la carrera. Antes tocará afrontar las rampas de un puerto de primera, el Portalet, y el también célebre Aubisque, fuera de categoría, como el Tourmalet. Tras éste, el Aspin, duro, pese a estar catalogado de segunda, y la subida final a Val Louron, de primera. En total, 229 kilómetros desde que se toma la salida en Jaca.

Leblanc sale como líder, pero todos saben que el rival a batir es LeMond. Lo que ignora la mayoría es que el estadounidense será destronado para siempre y que una nueva era del ciclismo comenzaría aquel 19 de julio, hace justo tres décadas.

Tras la etapa anterior, Leblanc mantiene dos minutos y treinta y cinco segundos de ventaja sobre LeMond. Mottet marcha a 3:52, Indurain a 4:44 y Gianni Bugno, uno de los firmes aspirantes a la victoria final, a 6:26. Delgado está a más de siete minutos del liderato, pero la afición confía en que sea una distancia salvable frente a un maillot amarillo de circunstancias.

La carrera empieza a moverse en el Aubisque, donde ataca Bugno y responde Mottet, aunque el líder Leblanc permanece atento. Lo intentará después Claudio Chiappucci, un escalador que al final de la jornada será uno de los dos triunfadores del día. Del otro, todavía no es momento de hablar. El demarraje del italiano acabará formando un grupo de siete corredores que serán los primeros en la cima del Aubisque. Por este orden: Guido Winterberg, Chiappucci, Bugno, Leblanc, Mottet, Patrice Esnault y Marc Madiot. Sin embargo, aventajan en sólo 14 segundos a Álvaro Mejía, Eduardo Chozas y el propio LeMond. A 22 segundos coronan Ronan Pensec, Eric Caritoux, Indurain y otro pequeño grupo. A 27 segundos lo hace Laurent Fignon, ganador de los Tours de 1983 y 1984, pero recordado para siempre por la victoria que en 1989 le arrebató LeMond en la contrarreloj final en los Campos Elíseos por sólo ocho segundos. Y Delgado es el último de los favoritos en cruzar el Aubisque, a 36 segundos de la cabeza de carrera.

Presentados los protagonistas, hablemos también de sus equipos. Los anfitriones franceses tienen al Castorama de Leblanc y Fignon, el RMO de Mottet, Caritoux y Madiot o el Z que lidera LeMond, Por el lado español, en Banesto mandan Delgado e Indurain, mientras que la ONCE tiene a Chozas dando guerra y Seguros Amaya a los galos Pensec y Esnault. Los italianos están representados por el Carrera de Chiappucci, el Gatorade de Bugno y el Ariostea, con Roberto Conti entre los hombres de cabeza bajando el Aubisque. Sin olvidar a equipos de otros países, como el Motorola estadounidense, el Panasonic neerlandés, Helvetia-La Suisse, el colombiano Ryalcao Postobón y otros históricos.

Los favoritos se reagrupan de nuevo en el descenso. Bajando el Aubisque, la carretera vuelve a subir con el breve pero duro ascenso a Soulor, donde atacan Chozas y Pensec. Después es el colombiano Mejía el que intenta la aventura en solitario tras ellos. Habrá otras tentativas de actores secundarios, pero todas serán neutralizadas antes de iniciarse la escalada al Tourmalet, el plato más fuerte del día.

Conti se destaca en cabeza subiendo el coloso. Lo sigue un grupo formado por Pensec, Chozas, LeMond, Chiappucci, Mottet, Indurain, Bugno, Leblanc y Hampsten. El suizo Gerard Rue se les suma. Pero Fignon se ha descolgado. También lo hará Perico Delgado, del que poco a poco dejará de haber noticias. La jefatura de Banesto empieza a quedar en manos de Indurain.

Neutralizado Conti, su paisano Chiappucci marca un fuerte ritmo en cabeza. La señal de la televisión francesa empieza a sufrir averías que dificultan la retransmisión. Los comentaristas Pedro González y Ramón Pizarro aclaran que los percances son ajenos a Televisión Española.

LeMond empieza a descolgarse cerca de la cumbre del Tourmalet. Coronan Chiappucci, Indurain, Mottet, Hampsten y Bugno. Leblanc y Rue pierden apenas diez segundos. LeMond y Conti, a 16 segundos. Fignon y Chozas, a 1:06. Pensec, a dos minutos. Caritoux, Mejía y Anselmo Fuerte, a 2:40. Delgado, que lo hará a 3:05, ya está fuera de la lucha por el Tour.

Las dificultades en la retransmisión impiden que los espectadores vean gran parte del descenso del Tourmalet. Mientras, la cámara fija en la cima sigue mostrando la llegada de corredores. Por ello, la televisión no muestra el momento clave de la etapa y, a la postre, del Tour: el ataque de Indurain en plena bajada. La señal no volverá a fijarse en el español hasta que ya marcha en solitario con su elegante pedaleo. Miguelón es tête de la course.

Indurain ya saca 53 segundos a sus perseguidores camino del Aspin y quedan menos de 50 kilómetros a meta. Las cámaras sí mostrarán el ataque de Chiappucci, que marchará solo tras el navarro. Tras el avituallamiento, el director de Banesto, José Miguel Echávarri, se aproxima con su vehículo hasta el cabeza de carrera y le informa de que el italiano pedalea tras él. Si lo espera y los dos colaboran, el camino hacia Val Louron será mucho más productivo para ambos.

Por detrás, Bugno ha atacado a LeMond, Leblanc y compañía cuando todos se están colgando las bolsas del avituallamiento. Estaban demasiado tranquilos, pero LeMond logra alcanzar al transalpino. Por delante, Chiappucci ya tiene a la vista a Indurain. Los dos seguirán juntos dándose relevos hasta la meta. Cada uno obtendrá su objetivo.

Bugno, que viste su maillot tricolor de campeón de Italia, arranca de nuevo, justo cuando Fignon alcanzaba al grupo. El recién llegado tira fuerte y el grupo del maillot amarillo alcanza otra vez al italiano. Sin embargo, el duro ritmo que imprime Fignon, quien hace la guerra por su cuenta, empieza a descolgar a su compañero Leblanc.

A unos ocho kilómetros para coronar el Aspin, Indurain y Chiappucci aventajan en 1:45 al grupo perseguidor. LeMond, que ya ha dado muestras de flaqueza, intenta aparentar lo contrario y ataca para acabar de dejar atrás a Leblanc. Conseguirá esto, pero también que Bugno, Fignon y Mottet respondan con fuerza y sean ellos los que descuelguen al norteamericano. A partir de ese momento, LeMond se hundirá. Tanto que incluso se caerá de la bicicleta mientras se retorcía sobre ella en plena subida. Según se dijo entonces, por un leve toque de un coche de equipo.

Con el estadounidense eliminado de la lucha por la general, y con el líder Leblanc también fuera de juego, Indurain continúa haciendo historia y es ahora el hombre a batir. A rueda de Chiappucci cruzará la cúspide del Aspin y la buena colaboración entre ambos se aprecia en las distancias que van marcando. Bugno, Mottet y Fignon pasan a 2:13. A 3:28 lo hacen Hampsten, Rue, Chozas y LeMond. Leblanc ya pierde 6:42 frente a Indurain, que ya es el virtual líder de la Grande Boucle. Y ya no hay noticias de Perico. Suenan The Shadows de fondo en la retransmisión de TVE. Como si una etapa tan épica necesitara música para amenizarla.

El calor es sofocante. Indurain se quita la gorra para subir Val Louron. Aún no ha llegado la obligatoriedad de usar casco para los ciclistas. Los últimos seis kilómetros de este puerto tienen un desnivel medio del 8,4%. La televisión sigue mostrando más a los perseguidores que al dúo de cabeza. Por detrás, Eric Boyer, compañero en el Z de LeMond, alcanza su grupo, pero poca ayuda podrá prestarle. Ya son cinco minutos por detrás de Indurain, diferencia que aumentará a 5:33 a diez kilómetros de meta. En ese punto, los dos escapados sacan 2:14 a Fignon, Mottet y Bugno, que de momento siguen juntos.

Un aficionado con una bandera de España corre unos metros junto a Indurain sin dejar de vitorearlo. Las rampas de Val Louron castigan a los corredores, pero Miguel es consciente de que este es su día. Por detrás, Bugno da el hachazo a Fignon y Mottet y se marcha en solitario -y en vano- a la caza de Indurain y Chiappucci.

Pasa demasiado tiempo sin que la televisión dé imágenes de los dos héroes de la jornada. Llegarán en el último kilómetro. Parece que ambos disputarán la etapa, pero finalmente Indurain deja que Chiappucci lo adelante y alce las manos al cruzar la línea de meta. El navarro también hace un gesto de victoria, pues la suya ha sido mucho mayor: por primera vez en su carrera deportiva se enfunda el jersey amarillo del Tour de Francia. Vestido de ese color se subirá a lo más alto del podio en los Campos Elíseos nueve días después.

Más de siete horas sobre la bicicleta han pasado los héroes del día. A 1:28 llegará Bugno, que con su esfuerzo en solitario pudo recortar algunos segundos. A 2:50 terminará Fignon, y Mottet, a 3:53. Hampsten perderá 6:01. Chozas, a 6:23. LeMond, precedido de su gregario Boyer, cederá 7:16. Y Perico, de quien no había noticias desde el Tourmalet, llegará a más de doce minutos.

La general queda con Indurain como nuevo hombre fuerte, con Mottet a tres minutos, Bugno a 3:10, Chiappucci a 4:06 y LeMond, a 5:08. La hazaña del de Villava no ha consistido sólo en dar un vuelco al Tour, sino también en enterrar a la generación anterior, la de LeMond, Fignon y Delgado, para dar paso a la suya, la de 1964, con él mismo y Bugno como máximos representantes. El italiano llegará segundo a París, seguido de su compatriota Chiappucci.

Hace treinta años, el contrarrelojista y rodador Miguel Indurain empezó a ganar el primero de sus cinco Tours en una legendaria etapa de montaña. Muchos recuerdan que en sus años de gloria entre 1991 y 1995 nunca ganó una jornada pirenaica o alpina, pero olvidan que era en la montaña donde marcaba las mayores diferencias, muchas veces más altas que en las contrarrelojes largas. Sus 1,88 metros de estatura y sus 90 kilos de peso, un cuerpo tan distinto al de un escalador, no pasaban desapercibidos para el mítico Eddy Merckx, que en su día afirmó: «¿Que Miguel Indurain no ataca? Fíjense en su altura y peso. Subiendo un puerto, está desafiando a la naturaleza». Palabra de el Caníbal sobre el Extraterrestre.

Deja un comentario