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España rompe dos maleficios en un solo partido

Boston, 9 de julio de 1994. La selección española, que aún no es la Roja, sino la Furia, se enfrenta a Italia por una plaza en las semifinales del Mundial de fútbol, un campeonato que por primera vez tiene como sede un país sin tradición futbolística, Estados Unidos. La Azzurra es a todas luces la favorita. Por su historia, sin duda, pero también por jugar en casa. Los miles de inmigrantes italianos que abarrotan las gradas hacen que el Foxboro, más que un estadio de la NFL, parezca un campo de la Serie A.

El sol no asoma, pero el calor es asfixiante. Y la temperatura se dispara cuando un tiro lejano de Dino Baggio sorprende a Zubizarreta. No obstante, la segunda parte será diferente. La canícula no se irá, pero sí cambiará la iniciativa, que pasará al lado español y dará sus frutos cuando Caminero enganche con la zurda un pase de Sergi desde el flanco izquierdo. La pelota golpea en el pie de Benarrivo, que lo desvía fuera del alcance de Pagliuca. Tablas en el marcador.

España pasará de la euforia a la tragedia en tres actos. El primero, con Salinas de protagonista, estrellando contra el guardameta transalpino un balón que olía a gol; el segundo, con Roberto Baggio culminando con maestría un contragolpe azzurro de meta a meta; y el tercero, con el árbitro haciéndose un hueco en la historia negra del fútbol español. Sandor Puhl decidió no ver el codazo de Tassoti a Luis Enrique dentro del área, un penalti de libro que podría haber supuesto la prórroga y que hoy habría hecho estallar la sala del VAR. Como en México ’86, los cuartos de final se erigían en barrera hacia un éxito entonces vedado para la Selección.

Pasaron más de dos décadas y en la Eurocopa 2016 el rival a batir era España. Imposible no serlo, tras haber ganado la edición de 2008, el Mundial de 2010 y un nuevo título europeo en 2012, tres éxitos que nadie más había -ni ha- logrado encadenar. Pero el español era un equipo en declive, que ya se había manifestado con estrépito dos años atrás en el Mundial de Brasil, y en un nuevo duelo frente a la Nazionale no haría más que confirmar la decadencia. Poco hay que contar de aquel partido de octavos de final en el Stade de France de París, cuyo color fue azul italiano de principio a fin (2-0).

Los dos choques rememorados tienen varios detalles en común: mismos contendientes, derrota y eliminación española, Italia jugando con su habitual camiseta azul… y España, con una de las suplentes, la blanca. Un aspecto menor, pero que encierra un dato objetivo: hasta ayer, con la apasionante victoria sobre Croacia (3-5) en los octavos de final de la Eurocopa 2021, el blanco le traía mala suerte a la Roja en los partidos de eliminatoria directa. Un rápido repaso a la historia lo confirmará.

Incluyendo torneos mundiales y europeos, y sin contar lo de ayer, España ha ganado desde 1984 catorce rondas eliminatorias. Aquel año, en las semifinales de la Eurocopa de Francia, el equipo nacional, vestido con su camiseta roja titular, eliminó por penaltis a Dinamarca. Dos años más tarde, en el Mundial de México, volvió a vencer al conjunto escandinavo, esta vez en los octavos de final y ataviada igualmente de rojo (5-1). Idéntica indumentaria llevaba en la misma ronda de Estados Unidos 1994, cuando derrotó a Suiza (3-0), y también en los octavos del Mundial 2002 (1-1 y victoria por penaltis frente a Irlanda).

Las cosas mejorarían ostensiblemente en 2008, cuando España ligó tres triunfos consecutivos que le llevaron al título continental. En los cuartos de final frente a Italia (0-0 y victoria por penaltis), se vistió de rojo; en las semifinales llevó una equipación suplente, pero con zamarra amarilla, y derrotó con contundencia a Rusia (3-0). Y en la final, de otra vez de rojo, batió a Alemania (1-0).

La inercia ganadora continuó en el Sudáfrica 2010, con unas eliminatorias hacia la final que España inició de rojo ganando a Portugal 1-0 en octavos. El marcador se repetiría en los tres encuentros siguientes: de azul frente a Paraguay en cuartos, de rojo ante Alemania en semifinales y nuevamente de azul en la final contra Países Bajos.

Y en 2012, en la Eurocopa de Polonia y Ucrania, la Roja hizo honor a su denominación y derrotó enfundada en ese color a Francia en cuartos (2-0) y a Portugal en semifinales (0-0 y victoria en los penaltis), para arrasar después a Italia en la final (4-0). Nueve años ha tenido que esperar la Selección para volver a ganar un partido de eliminatoria directa y, por primera vez, lo ha hecho vistiendo de blanco, rompiendo su particular maleficio con ese color.

Pero no ha sido esa la única maldición rota. El mérito de España ayer radica en su capacidad para saber sufrir y sobreponerse a un resultado adverso. Y otro repaso a los datos mostrará algo que ni siquiera se consiguió durante los años en los que la Roja dominaba el fútbol.

Entre 2008 y 2012, la España del tiki-taka lo ganaba todo, saliendo a por la victoria desde el principio, con la posesión del balón como divisa. Ese control total de la pelota le permitió no encajar un solo gol en los partidos de eliminatoria directa en la Eurocopa 2008 (0-0 con Italia, 3-0 a Rusia y 1-0 a Alemania), el Mundial 2010 (1-0 a Portugal, Paraguay, Alemania y Países Bajos) y la Eurocopa 2012 (2-0 a Francia, 0-0 con Portugal y 4-0 a Italia). Un récord admirable, pero que también pone de manifiesto que el combinado español nunca se vio en el aprieto de remontar un gol en contra. Ayer, los de Luis Enrique demostraron que saben enfrentarse a la adversidad, al remontar el desafortunado autogol que había puesto por delante a los croatas, e incluso recuperando la iniciativa en la prórroga después de que los balcánicos la forzaran con su empate a tres pasado el minuto 90. Ese plantar cara a los reveses permite a la afición recuperar la ilusión de los mejores tiempos.

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