Home > Opinión > Abonados a la calma

La pelota vuelve a rodar, por fin. Tras más de tres meses, los equipos españoles retornarán al verde para disputar una nueva jornada de LaLiga, concretamente la vigesimoctava del calendario. Borrosos quedan en nuestra memoria los recuerdos del último partido que vimos antes del parón. Es más, gracias a este confinamiento seguramente recordemos con más nitidez la final del Mundial de 2010, por la cantidad de reposiciones que se han emitido, que cualquier otro duelo disputado en el fin de semana del siete y ocho de marzo. Como el adicto con el parche de nicotina, durante esta cuarentena hemos tirado de hemeroteca y de FIFA20 para sobrellevar la falta de adrenalina semanal.

Desde la segunda semana de marzo, los días se han convertido en un parón veraniego improvisado, en unas descafeinadas “vacaciones” deportivas acentuadas por la falta de un siempre movido mercado de fichajes. Con estas previsiones de calor y con la mayoría de partidos por la tarde-noche, cualquiera diría que estamos en agosto, cuando una derrota es un hecho trivial y poco trascendente.

La realidad ahora mismo es otra bien distinta. Esta semana vuelven la lucha por el título liguero, las peleas por entrar en Europa y las finales encarnizadas por eludir el descenso. Nos hemos acostumbrado a partidos vintage, en los que ya sabemos el resultado de antemano, olvidando qué se sentía ante la incertidumbre del marcador, frente a los nervios fruto de la tensión competitiva. La misma presión que nuestra conciencia o nuestra madre nos reclamaban al terminar un examen intrincado: “Tienes otro, pasado mañana. Sigue estudiando”. Ahora seremos nosotros, los aficionados, quienes ejerzamos de Pepito Grillo impidiendo una excesiva relajación y demandándole a nuestro equipo esa precisión en los pases, esos balances defensivos coordinados y ese acierto de cara a portería previos al encierro.

“El Celta es uno de los equipos más perjudicados por este parón”, repetí una y otra vez para mis adentros durante las primeras semanas de confinamiento, hasta el punto de convertir esta hipótesis en una verdad irrefutable, en un mecanismo de defensa al que echarle las culpas en el caso de que vengan mal dadas.

Frases hechas aparte, esta teoría se encuentra fundamentada en dos pilares que no siempre se corresponden el uno con el otro:  la estadística y las sensaciones. Los números pueden acompañar a las percepciones positivas, aunque estas no siempre estén presentes en los triunfos. En este caso que nos concierne ocurrió a la inversa, primero llegaron los sentimientos favorables y más tarde, a la postre, los resultados. Y es que, coincidiendo con el tramo final del invierno, el Celta de Vigo comenzó a mostrar los primeros brotes verdes bajo la dirección de Óscar García Junyent.

Los celestes siguen siendo a día de hoy el equipo menos goleado de la segunda vuelta junto con el Getafe, con tan solo cinco tantos en contra. Estas sensaciones positivas se tradujeron en únicamente una derrota desde que comenzó la segunda mitad del campeonato. Encadenaron cinco partidos como invictos, entre los que se incluyen una victoria de mérito frente al Sevilla y un más que loable empate en el Santiago Bernabéu. Además, son más de doscientos setenta minutos los que lleva Rubén Blanco sin recoger el balón del fondo de la portería. Todo un hito para la maltrecha y frágil defensa celeste a la que estábamos acostumbrados.

A todos estos datos habría que sumarle la buena dinámica en casa. El Celta de Vigo no conoce la derrota en el inconcluso Balaídos desde principios de noviembre, todavía con Fran Escribá (FE) en el banquillo celeste.

Y de repente, cuando ya nos mentalizábamos para el próximo encuentro, todo este cóctel de buenas sensaciones se congeló ipso facto. Al igual que los corazones de miles de celtistas cuando el disparo de Pione Sisto frente al conjunto hispalense dio en el palo antes de besar la red. Este gol cortó una sequía de tres meses en cuanto a victorias. Acciones como esta suponían un chute de adrenalina semanal, dentro de un clima de tensión y estrés en el que ya se comenzaban a tildar de finales algunos encuentros de la parte baja de la clasificación.

El sábado, como si nada de esto de lo que hemos hablado hasta ahora hubiese pasado, Celta de Vigo y Villarreal volverán a retomar su camino en la máxima competición nacional. Celestes y groguets se verán las caras en un duelo que ya es sinónimo de sufrimiento para el conjunto olívico. Sin ir más lejos, en la presente campaña, los pupilos de García Junyent consiguieron una agónica victoria en el Estadio de la Cerámica tras más de dos meses sin ganar, la primera del catalán como técnico del equipo vigués.

Iago Aspas celebra uno de sus dos goles en la victoria del RC Celta frente al Villarreal la pasada temporada. Foto: RCCelta.es

Si retrocedemos hasta el curso pasado, el Celta, bajo las órdenes de Fran Escribá, lograba un triunfo inverosímil frente al submarino amarillo. Por si la memoria nos traiciona, todavía era marzo y ya estábamos en esas lides. Tres puntos fundamentales ante un rival directo y cuando más imposible parecía. Dos goles en contra antes del minuto 15 de juego, supusieron que algunos ‘siareiros’ se levantasen y prosiguiesen la Celebración de la Reconquista de Vigo desde el bar. Con la batalla prácticamente perdida, con el fantasma del descenso acechando y con los vigueses a punto de claudicar, solamente Iago Aspas visualizó un futuro factible de entre decenas de millones posibles con su equipo en Primera División. Los más incrédulos olvidaron que, como Rodrigo Díaz de Vivar, Aspas era capaz de ahuyentar a los rivales aun estando renqueante y tras pasar más de tres meses lesionado. Lo consiguió, vaya si lo consiguió, aunque fuera preciso derramar incluso algunas lágrimas al final de la contienda.

Hoy, viendo las cosas con perspectiva tras noventa días afianzando mi teoría, mi principal preocupación, más allá de las estadísticas, reside en saber cómo le habrán sentado estas descafeinadas vacaciones al ‘Mago de Moaña’.

Tumbados tranquilamente en el sofá esperamos a que Iago Aspas realice su próximo truco de magia.

Deja un comentario