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Los nuevos molinos de Don Quijote de Las Ramblas

(Entrevista realizada por Cristina Tallón para ‘Cuatro al día‘ – vídeo de M. Moros disponible en el enlace)

“Si el arte de calle no regresa a Las Ramblas, quedarán apagadas”. Walter San Joaquín es presidente de la Asociación República de las Estatuas Humanas de la Rambla y Don Quijote en este concurrido bulevar. “Este lugar representa la bohemia artística de la ciudad, el corazón de Cataluña”, añade. El pasado 14 de marzo el latido agitado del bullicioso paseo quedó en suspenso. Ya nadie bebe en sus fuentes, las floristerías han bajado sus persianas y a los personajes de fantasía que recrean artistas como Walter, ya solo los encontramos en las fotografías de los visitantes pasados.

El decreto del estado de alarma provocado por la crisis sanitaria de la COVID-19 ha dejado sin trabajo a las estatuas humanas de este céntrico sitio. Casi dos meses después, el país comienza a reactivarse lentamente, pero estos artistas callejeros intuyen lejos aún la luz al final del túnel. La apertura de las fronteras entre países y la vuelta al intercambio de turistas es una realidad que se antoja todavía lejana.

“Va a ser difícil insertar el arte de calle en cualquier ciudad del mundo. Las personas que trabajábamos en Las Ramblas sentíamos que ya bajaba el turismo, como lo hace un termómetro, desde que comenzó el año. Con la cuarentena nos encerramos en casa con una moneda que nos falta desde enero”, cuenta Walter en declaraciones a Cuatro mientras repasa con sus dedos las costuras de su traje de hidalgo.

Ahora, y en un pequeño almacén, se amontonan las vestimentas que aseguran el sustento económico de estos artistas. Rocinante ha dejado de galopar y se resigna acumulando polvo guardado entre cajones. Junto a él, descansan los caballetes de los pintores y caricaturistas que han visto las estaciones pasar, pero que nunca imaginaron una primavera tan gélida como esta.

El traje de Don Quijote coge polvo ahora en un almacén cerca de Santa Mónica. Foto: C. Tallón.

“Ante esta situación, hemos presentado instancias al Ayuntamiento de Barcelona. Queremos saber cómo se van a reactivar las Ramblas, porque de momento no conocemos propuesta alguna de la administración para los artistas de calle. Necesitamos que los políticos entiendan que la estatua humana es un espectáculo gratuito, que vive de la colaboración turística y no de ninguna subvención. ¿Qué vamos a hacer cuando vengan muchos menos turistas y los que lleguen lo hagan afectados por la situación económica y sin esa moneda que tenían antes para nosotros? Está en manos del Gobierno que la bohemia de los artistas de calle siga siendo parte de la identidad de la ciudad condal”.

Este quijotesco argentino sabe que, a pesar de los inconvenientes de su trabajo, ellos sin el público no son nada. Ha aguantado impasible durante años el trasiego de transeúntes más pendientes de subir un ‘selfie’ a las redes que de echar una moneda. Imperturbable como estatua, pero de carne y hueso, pasaba inadvertido para los que iban y venían hasta sus puestos de trabajo sin levantar la vista de la angustiosa rutina. Ahora vuelve a quedarse parado, por obligación, en el silencio de Las Ramblas. Nadie corre ni pasea por esta arteria barcelonesa. Hoy, bajo la lluvia, la postal es desoladora. En el lugar donde otrora se situaban vaqueros, hidalgos e indios, Walter señala el vacío.

“Esta situación es crítica, pero nosotros ya venimos sintiendo el destierro desde hace años”, sostiene. Se muestra crítico con las medidas que ha venido adoptando el consistorio desde que en 2012 acordara el traslado de todos ellos a la zona de Santa Mónica, la zona más próxima al monumento de Colón. Este cambio y las exigencias de los posteriores concursos para obtener una licencia han sido objeto de protesta de los artistas, que llegaron a irrumpir en el Ayuntamiento ataviados con sus trajes. Lo cierto es que la fotografía de los últimos tiempos dista mucho de aquella que motivaba el paseo de la mayoría de visitantes a las Ramblas. Lejos han quedado personajes hollywoodenses como el Gordo y el Flaco y tantos otros capaces de revivir en este espacio.

Nunca antes había visto Walter Las Ramblas así de vacías. Foto: C. Tallón.

Desde hace una década, y sin descanso, este porteño se ha venido ganando la vida con su actividad. “Cuando empecé a trabajar en las calles de España, no conocía Las Ramblas. Escuchaba que decían que era como un gran coliseo del arte de calle”. Mucho antes había abandonado su país natal, donde recibió formación como mimo, acuciado por la crisis económica. En la maleta con la que aterrizaba en 2001 en Miami guardaba uno de sus primeros personajes. Con él dio el salto al asfalto después de haber actuado en escenarios de medio mundo como el Teatro Colón de Argentina o la Ópera Laussane en Suiza. Cambió las palmeras de Venice Beach por las de España, donde empezó a darle vida al ingenioso hidalgo cervantino por las calles de diferentes provincias. Una destartalada caravana hacía las veces de Rocinante.

“Decidí convertirme en Don Quijote con motivo del cuarto centenario de la obra. Siempre me he sentido identificado con el personaje que muchos creían loco, pero que, para mi, era el más cuerdo de todos. Al hidalgo de entonces le tocó luchar contra molinos. Hoy nuestro gigante a derrotar es el coronavirus y así salimos a la calle, ataviados con escudos y lanzas”, cuenta con la voz entrecortada ,consciente de la dificultad que entraña acabar con este coloso y con toda la precariedad que va a arrastrar consigo.

En el abismo de la incertidumbre, sin embargo, Walter y su personaje recuerdan que hace menos de tres años y estas mismas Ramblas ya libraron una dura batalla contra el terror en una dolorosa tarde de agosto. Ahora, como entonces, solo sus viandantes serán capaces de devolverle la expresión a este teatro de 360 grados, un teatro que abre todos los días del año.

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