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Jabo Irureta: «Siempre me han gustado los jugadores disciplinados»

Fue a través de una llamada telefónica, aunque bien podría haber sido en su cafetería favorita de Irún o en la cocina de su propia casa, por esa embriagadora cercanía que transmite el entrevistado. Ha sido futbolista en los 70, jugó la mítica final de Heysel con el Atlético de Madrid comandado por Luis Aragonés y se convirtió en un habitual de los banquillos del norte de España durante veinte años. Javier Iruretagoyena Amiano (Irún, Guipúzcoa, 1948), o simplente Jabo Irureta, es uno de los entrenadores míticos del fútbol patrio de finales del siglo pasado y principios del actual. Más de seiscientos partidos en la élite le acreditan como tal. «Tienes dejes gallegos ¿verdad?», pregunta con naturalidad al entrevistador. Ocho años en Galicia, los mejores de su carrera, afinaron el oído de este irundarra que terminó sus días en el fútbol como director de Lezama.

Pregunta: ¿En qué ha notado la evolución del fútbol?

Respuesta: Desde mis comienzos en los que empecé en la playa de Hondarribia, en Irún, en mucho. Estaba en la cantera del equipo, entrenaba y, siendo juveniles, ya íbamos al propio estadio un día a la semana. Ahora, los chavales entran en las ciudades deportivas de los equipos grandes con diez u once años. En mi caso, no empecé en la disciplina y a jugar de una forma más seria hasta los quince. Después fiché por el Atlético de Madrid, donde estuve ocho temporadas en las que noté mucho el paso al nivel profesional, tanto en el número de entrenamientos como en la intensidad. Y sobre todo en las instalaciones.

P: ¿Allí vivió sus años de mayor progresión?

R: Durante esos años pasaron diferentes entrenadores con sus métodos, pero especialmente uno me marcó, Max Merkel, ex del Bayern de Múnich. La forma de trabajar de Merkel para nosotros fue una revolución. Le llamaban “el Látigo” porque era un tipo muy duro. El equipo andaba muy justo, por mitad de tabla, aunque ganamos la Copa ese año. Al siguiente ganamos la liga y no sé por qué razón no le renovaron. Fue la primera vez en la que trabajamos el aspecto físico y la forma de jugar. Combinábamos entrenamientos en el Calderón con sesiones de gimnasio. Supuso una revolución muy grande, y es que el fútbol ha ido ganando, sobre todo en precisión.

Jabo Irureta, con la casaca rojiblanca del Atlético de Madrid. (Primero por la derecha en la fila de abajo).

P: ¿Esta evolución del fútbol ha repercutido en el trabajo de cantera?

R: Sí, sí es evidente. Cuando llegué a Lezama en 2009 mantuve un especial interés y contacto con el desarrollo técnico y táctico, con los entrenadores y su metodología. El Athletic Club tiene ojeadores en casi todos los pueblos de Euskal Herria. Vienen a probar a Lezama muchos chavales que juegan partidos contra los que ya están en el cadete o en el juvenil. Si convencen, se les trae aquí en forma de fichaje, se les pone una residencia y se completa el círculo con sus estudios. Es una forma de que el Athletic se mantenga y crezca con el paso de los años. Yo tuve la suerte de estar dos cursos en ese puesto y creo que se hizo un gran trabajo. En la mente del aficionado bilbaíno esto es lo más importante. Es un motivo de orgullo que el Athletic Club esté formado por canteranos.

P: ¿Es viable este modelo de cantera e idiosincrasia que mantiene el Athletic Club?

R: Sí y se lleva con orgullo. Esta identidad de “todos de aquí” hace que el sentimiento de identidad se contagie a todos los espectadores. Yo creo que tiene esa afición fiel por este motivo.

P: ¿Fue este uno de los motivos que le llevó a aceptar este puesto, un poquito más alejado de los terrenos de juego?

R: Estaba ya aquí en casa. Era un trabajo cercano, llevaba bastantes años fuera y para mí fueron dos años muy bonitos y de mucho relax. Estuve en comunicación constante con el entrenador del primer equipo y con el resto de los formadores de preparadores físicos. Hay reuniones y todo ese tipo de trabajo, y muy es diferente a cuando estás en Primera, donde solo tienes el ansia de ganar el próximo partido. Fueron años más tranquilos, en donde iba a ver partidos de juveniles, de cadetes o de infantiles cada fin de semana.

P: Se dice que el Athletic Club es más que un sentimiento en el País Vasco, ¿se ha ido perdiendo un poco esta creencia a costa de la híper profesionalización del fútbol?

R: Cuando se abrieron las fronteras para poder contratar a extranjeros, gracias a la Ley Bosman, se penalizó al Athletic Club a la hora de ganar títulos. Es difícil y tiene mérito llegar hasta las finales que ha llegado en las últimas temporadas. El club es consciente de que cada vez lo tiene más complicado, porque los otros equipos pueden elegir jugadores de otras nacionalidades y hoy en día hay buenos futbolistas en todos los países. Me acuerdo cuando en el F.C. Barcelona jugaban solamente Johan Cruyff y Neeskens, por ejemplo. Al Athletic Club no le vino bien este cambio, pero al fútbol en general sí.

P: ¿Qué relación mantiene el míster del primer equipo con la cantera?

R: El entrenador del primer equipo tiene su trabajo, aunque en el caso el del Athletic Club es consciente de que si el equipo necesita un jugador en algún momento siempre va a tener el filial. O alguna vez incluso el juvenil. Hay un seguimiento y un entendimiento entre el míster de la primera plantilla, el del filial y los juveniles porque muchas veces entrenan en campos contiguos o juegan partidos. En Lezama hay ocho o diez campos y suelen coincidir los horarios de entrenamientos, por lo que es común que a chavales que están en el ‘B’ o en juveniles les pidan que hagan entrenamientos con el primer equipo. Para irse familiarizando y que adquieran esa forma de trabajar que existe en el fútbol profesional.

P: ¿Para un entrenador que antes ha sido jugador es más fácil apostar por los jóvenes?

R: Yo creo que sí, que el jugador que luego es entrenador tiene más experiencias y vivencias dentro del vestuario, y eso le hace más consciente de las situaciones que le están pasando. Pienso que sí que se puede detectar antes que otro la posibilidad de llegar que tiene un jugador que está más abajo, gracias a su propia experiencia como futbolista joven. Es necesario que el jugador se sienta cómodo, que esté seguro, que los demás compañeros le arropen también. Hoy en día se puede ser entrenador sin haber jugado porque la formación es muy extensa, pero a mí siempre me han gustado los entrenadores que han sido jugadores y que saben transmitir sus ideas. Luis Aragonés o Zidane han sido grandes jugadores y han llegado a ser grandes técnicos.

P: Cuándo sale de Lezama, entrena durante dos meses a la selección de Euskadi y lo deja ¿estaba desencantado con el fútbol?

R: Fue más sencillo porque considero que la selección de Euskadi siempre ha estado en colaboración con la Real, el Athletic y después con el Alavés. Normalmente, era o el entrenador de la Real o del Athletic quien la dirigía. Si yo salía de Lezama me apartaba un poco de eso, ya que no sería el que estaría más cerca de los jugadores, viéndolos todos los días en los entrenamientos.

P: Sin embargo, donde más ganó fue fuera del País Vasco. La gente le recuerda por sus triunfos y sus buenas campañas en Galicia.

R: La verdad es que fue un tiempo bueno. Estuve en el Celta y nos clasificamos para la UEFA. Yo creí que después de hacer un año así y con jugadores como Karpin o Vales entre otros me renovarían por más tiempo. Habíamos hecho una buena temporada y lo único que hice fue solicitar al Celta dos años porque no me parecía correcto ir de año en año. Me dijeron que tenían que seguir pagándole otro año más al entrenador anterior y, en eso, saltó la liebre con Lendorio, que me ofreció varias temporadas. Estuvo atento y ya que yo tenía que salir de casa, en Vigo o en A Coruña, pues me pareció bien, y fue la mejor época que he pasado en el fútbol. Fueron siete años en el Dépor en los que estuve muy a gusto.

P: ¿Cuáles fueron los factores clave para llegar a ganar una liga con el Dépor?

R: Siempre tienes que tener jugadores con mucha hambre de ganar como Donato, Mauro o Fran. Los tres se quedaron a las puertas de hacerlo con Arsenio Iglesias. Ganar la liga es muy difícil, pero es que nosotros mostramos mucha regularidad, porque fuimos dos años segundos y a los siguientes terceros. Hubo, además, una serie de circunstancias que se pusieron a nuestro favor. Los fichajes rindieron bien y se consiguió un equipo fuerte y con confianza. En Europa también éramos un conjunto duro. En esos años le ganamos al Arsenal, al Manchester, al PSG, a la Juve y al Bayern de Múnich, siendo el único equipo español capaz de hacerlo en su estadio. Fueron cinco años de buen juego basados en varias claves: un equipo muy unido y un público que nos ayudó mucho. La ciudad se volcó para ayudarnos a ganar la liga.

La época más exitosa de Irureta como entrenador la vivió en A Coruña.

P: ¿Cómo se consigue que un vestuario como el del Dépor siga a fe ciega la idea de su entrenador?

R: Por los hechos. Tienes que confiar en ti mismo y saber transmitirlo. Hay equipos que son buenos, pero que no ven o no sienten la fuerza de su entrenador y se resquebrajan. Es importante que los jugadores estén con el entrenador y que mantengan unas rutinas, ahora hasta desayunan y comen antes de los partidos. En mi época como entrenador ya empezábamos a hacer algo de eso. En cambio, cuando yo era jugador había compañeros que llegaban sin desayunar o sin comer e incluso alguno vete a saber sin ni siquiera dormir. Ahora está todo más controlado, en todo momento, para poder tener más seguridad en el trabajo que vas a hacer con los jugadores a través de las concentraciones y del régimen de comidas. El descanso es muy importante también.

P: El fútbol ha evolucionado gracias a la llegada de especialistas como psicólogos o nutricionistas ¿los ve útiles en el día a día?

R: Sí, sí son muy importantes. Todos ayudan a crear un buen clima de trabajo. El fútbol ha ido adquiriendo mucha más profesionalidad a la hora de trabajar. Y respecto a la prensa también se ha evolucionado porque se está muy al tanto de todas las cosas. Es muy importante tener buenas relaciones hasta con el mayor enemigo [risas]. En mi época como futbolista, entraban los periodistas a la habitación para entrevistar a Iríbar y estabas tú allí en pijama. Las relaciones con la prensa han cambiado y yo creo que para mejor.

P: Quizás por eso los jugadores ahora se protegen un poco más de la prensa que antes.

R: Sí, ahora no verás, por lo menos en el fútbol, hacer entrevistas en las casetas. Suelen salir los jugadores fuera del vestuario. Tampoco se meten en tu habitación, no les dejan. Ha evolucionado bastante en este sentido. Antes había periodistas que se metían en el vestuario y tú te preguntabas cómo habían llegado hasta ahí. No había nadie que les dijese que no podían estar ahí.

P: ¿De qué manera influye el entorno y una mentalidad estable en el rendimiento de un deportista?

R: Cuántos y cuántos jugadores se han perdido por indisciplina, porque no se cuidan o porque solo piensan en divertirse. Estoy convencido de he tenido compañeros y jugadores que podrían haber tenido un mejor rendimiento y esta falta de actitud les ha perjudicado. El fútbol es una cosa bonita, pero que requiere muchos sacrificios, requiere estar siempre atento.

P: ¿No le da un poco de rabia haber tenido jugadores de esas características y no haber sido capaz de enmendarlos?

R: Siempre me han gustado los jugadores disciplinados. A veces me ha tocado alguno más difícil, entonces de lo que tratas es de enseñarle tus vivencias para que vea que con esa experiencia y un poquito de esfuerzo puede llegar a centrarse en el fútbol. Pero si le das un consejo malo a veces el que más pierde es uno mismo. Para un entrenador es importante que los jugadores tengan un buen recuerdo de ti.

P: ¿Qué consejos le daría a un chaval que está en la cantera?

R: Trabajar todos los días es muy importante, obedecer al entrenador, cuidarse y respetar al adversario, al compañero y al equipo. En fin, una serie de valores que son importantes para crecer en cualquier equipo, pero sobre todo en un club de cantera como el Athletic Club.

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