Home > Análisis > I. Esteve: “Cuando me confirmaron la lesión, me quería morir”

I. Esteve: “Cuando me confirmaron la lesión, me quería morir”

No hay nadie más testarudo que él. La zona almeriense de la Baja Almanzora supuso un antes y un después para Isidre Esteve (Oliana, Lleida, 15 de mayo de 1972) hace ya casi trece años. Aquel día de marzo, el piloto catalán tuvo que cambiar su mejor compañera, la moto, por una bastante menos agradable, la silla de ruedas. Fractura de la sexta y la séptima vértebras. El ilerdense vio como su prometedora carrera quedaba cortada y el sueño de ganar el Dakar sobre dos ruedas se le escapaba de las manos. Pero a Isidre Esteve nadie le dice qué puede hacer y qué no. Menos de dos años después del fatídico accidente, el piloto de Oliana ya volvía a estar surfeando las dunas. Desde hace una década, un coche adaptado para personas con discapacidad es su fiel escudero en sus aventuras desérticas. El objetivo de triunfar en el Dakar, pese a todo, sigue intacto.

Llegaste hace relativamente poco del Dakar. Te planteaste esta edición de manera muy ambiciosa, pero no terminaste.

Lo planteábamos según las sensaciones que tuvimos en 2019 y cómo fue el Raid de Marruecos, que es un buen termómetro. Teníamos un coche competitivo, creíamos que si las cosas iban bien podíamos quedar entre los 15 primeros, pero a veces la competición no sale como se planifica.

¿Cómo quedasteis fuera de combate?

Fue empezando la segunda parte de la carrera. Hicimos una primera parte con algún problema técnico, pero estábamos bien para la segunda mitad. Se nos rompió el turbo. No fuimos los únicos. Fue muy difícil sustituir esta pieza en medio de la etapa, tuvimos que contactar con el camión que llevaba el recambio, se hizo de noche y encima fue el mismo día en que tuvo el accidente Paulo Gonçalves. En el Dakar, muchas veces coinciden diferentes factores en un mismo momento y todo el mundo se pone un poco nervioso.

¿Cómo vivisteis la muerte de Paulo Gonçalves?

Cuando llevábamos una hora parados y vimos que el problema mecánico era grave, sacamos los teléfonos y recibí el mensaje por redes sociales. Esto es durísimo. Sabemos del peligro de los raids, pero nadie cree que vaya a pasar de nuevo. Que esto sirva para mejorar.

Se estrenaba Arabia Saudí como nueva localización del Dakar. ¿Qué tal?

Nos sorprendió a todos. Antes de viajar a Arabia todos íbamos con mucha precaución, sobre qué nos encontraríamos a nivel social y cómo nos moveríamos todos los integrantes de los equipos. Ha ido bien, es un país que a nivel deportivo nos puede aportar muchísimo de cara al futuro. El Dakar puede ser un buen motivo para mejorar ciertos aspectos sociales del país.

¿Un acierto, pues?

Es un acierto si analizamos realmente dónde se puede disputar esta carrera en todo el mundo, que se pueda disputar en enero -que es muy importante- y que sea un lugar donde la superficie garantice que se pueda desarrollar la carrera. No quedan tantos sitios en el mundo. Por lo tanto, bienvenida Arabia Saudí.

¿Te sientes más vulnerable que el resto de los pilotos?

Yo me siento igual. Ha llegado un punto que hemos normalizado completamente la discapacidad. Estamos hablando de una modalidad de automovilismo en que el deporte inclusivo está normalizado. Cuando empieza la etapa, todos nos enfrentamos a las mismas dificultades. Al final del día estamos todos en la misma clasificación, no me siento ni mucho menos vulnerable.

En el mundo del motor, respecto a otros deportes, en la mayoría de las modalidades no se disgrega ni por sexos ni por discapacidad.

Está bien, sí. Que todo esto se normalice en global. En mi caso, corro en coches y hay suficientes ayudas técnicas cara suplir la falta de movilidad en mis piernas. Lo llevo todo en el volante: acelerador, freno… Es genial. También hay chicas que compiten a gran nivel.

Esteve, surfeando una de las dunas del Dakar. (Facebook I. Esteve).

¿Qué nuevos retos tienes?

Mejorar el equipo. Para nosotros es importante, porque en el rally raid en coche, es muy importante de qué equipo técnico dispones: el coche, la infraestructura, la asistencia… Somos conscientes de que, si queremos mejorar el resultado, mejorar esta parte es imprescindible.

24 de marzo de 2007. Supongo que es una fecha que tienes marcada a fuego.

Cada vez me olvido más de ese día. Fue un accidente que marcó un antes y un después en mi carrera deportiva, en mi mejor momento en motos. Estaba en un gran equipo, con un buen calendario, con un buen programa deportivo. Luchábamos para ganar. Está bien haberlo vivido. Es un accidente que por su culpa voy en silla de ruedas, pero no he dejado de hacer lo que más me gusta, que es competir y continuar vinculado a proyectos que me entusiasman, no solo deportivos. También los hay sociales, estamos trabajando desde la Fundació Isidre Esteve. El accidente fue un antes y un después.

Fue un antes y un después en tu carrera deportiva. ¿Lo fue en tu vida?

No. Naturalmente hubo cambios, pero nadie sabe cómo sería la vida si no hubiese sucedido aquello. No me paro a pensar mucho en qué haría si no hubiese pasado eso. Pienso en qué estoy haciendo ahora. Me encuentro bien, estoy bien de salud, hago lo que me gusta.

¿Recuerdas bien la caída?

No perdí la consciencia en ningún momento. Era el final de una carrera del Campeonato de España de Rallies Todoterreno. Estaba a casi 20 kilómetros de la meta, en una intersección. El mecánico me enseñó en una pizarra que llevaba una ventaja de 5 o 6 minutos con el segundo. Iba bien. Cruzando un río recibí un impacto muy fuerte del sillín contra el sacro. Esto hizo que se abrieran dos vértebras. Una fatalidad. Ni iba rápido, ni era un sitio peligroso. Son cosas de la vida que suceden y se acabó. Analizamos con la Federación Internacional de Motociclismo qué se podría haber hecho, qué se puede mejorar, y llegamos a la conclusión que hay fatalidades inevitables.

No perdiste la consciencia. ¿Qué se te pasó por la cabeza?

Estaba solo, no sentía mi cuerpo y como esa sensación no se tiene antes -por suerte- no sabía qué estaba pasando. Era consciente que me había hecho daño de verdad. Cuando me confirmaron la lesión, me quería morir, naturalmente. Uno tiene sus planes de vida, todo el mundo tiene su proyecto. En aquel momento, no había proyecto, no había nada porque desconocía por completo qué podría hacer en un futuro.

Solo tres meses después del accidente concediste tu primera entrevista en El Club de TV3, y eras muy optimista.

Yo creo que soy así. Por encima de todo amo a la vida, vivir es maravilloso. Veo el vaso medio lleno siempre. Naturalmente sé que parte de las cosas que yo haga van a depender de mi compromiso y mi actitud. Uno puede hacer que pasen cosas buenas.

El motor te lo quitó todo, y luego te lo ha vuelto a dar.

¡No! Aún me lo sigue dando. En coches disfruto muchísimo. Es todo más complicado: crear el equipo para poder competir a gran nivel es más difícil. Los presupuestos son más increíbles. En moto es más asequible todo. Me gustaría hacer en motos lo que hice en coches, y estamos en el camino. No sé si va a ser posible. Depende de qué nos encontremos por el camino. No estamos mal en este momento.

El accidente te rompió el plan de vida, pero decidiste seguir compitiendo. ¿Te has reconciliado con el motor?

Sí. Si no hubiese tenido el accidente habría corrido muchos más años en moto. Han pasado 12 años. Me siento orgulloso de lo que he conseguido en coches, una disciplina tan difícil. Antiguos compañeros de equipo de motos ahora están en coches, y estamos compitiendo juntos. Igual, si no hubiese tenido el accidente, no habría corrido nunca en coches. No tenemos ni idea de lo que va a pasar en el futuro. ¿Qué cuenta? Lo que hay ahora. ¿Dónde estamos ahora? Corriendo en coches, con un equipo que no está mal, con unos soportes que no están mal. Seguro que estamos haciendo cosas que no hubiésemos hecho sin las circunstancias que se dieron en 2007.

Junto a su copiloto, Txema Caballero. (Foto: Repsol).

Estuviste a punto de ganar el Dakar, sobre todo en 2006. ¿Te ha quedado la espinita?

En motos me hubiese gustado, sí. Pero no creo que de haberlo ganado hubiese cambiado algo. Lo importante en las competiciones en las que estoy es formar parte del grupo de pilotos con opciones a ganar, siempre. A veces se gana, y a veces no. No eres menos bueno que el que queda primero; muchas veces depende de cómo va todo. Estar en este grupo está bien, y es lo importante. Espero en coches estar ahí también algún día.

¿Echas de menos la moto?

Algunas veces sí. Esa sensación de libertad que da la moto no la da el coche.

Tienes una fundación que hace un trabajo magnífico. En el Dakar del 2009 tuviste úlceras por presión. Acabáis de sacar el cojín inteligente.

Es un proyecto que nos enorgullece a todas las personas que han participado. Si yo no hubiese tenido el accidente en 2007 y las úlceras en 2009, no existiría hoy un cojín de aire dinámico. Han sido siete años de intenso trabajo, en los que hemos coincidido muchísima gente, muchísimas instituciones y empresas. Ha sido bonito ver como se desarrollaba esto. Si vuelvo a correr en coches es porque tengo este producto. No puedo estar diez horas sentado de forma continua en un coche de competición. De hecho, lo estuve en 2009 y luego me tiré un año y medio en cama por las úlceras. De situaciones horribles, como el accidente, nace una nueva vida, que aporta nuevos proyectos y pueden ser cosas ilusionantes también.

¿Qué más nos puedes destacar de la Fundació Isidre Esteve?

Hay dos proyectos principales. Uno es el cojín Nubolo, que ha llegado a la fase final, de comercialización. Este proyecto que nació para que yo volviese a competir, ahora ha llegado a nuestra sociedad y puede aportar calidad de vida a todas las personas que lo necesitan. El otro gran proyecto son los centros, espacios dedicados a las personas con discapacidad física, a los cuales adaptamos rutinas de entrenamientos para que cojan el hábito de hacer actividad física y su calidad de vida mejore. Que sus otras capacidades afloren, y con más fuerza con el deporte. Tenemos dos centros, uno en Sant Cugat del Vallès y otro en Vigo, y tenemos casi 90 personas con discapacidad cada día.

Estás muy orgulloso.

Sí. Yo sabía qué sensación dejaba en el cuerpo ganar algo. Estaba muy bien. Pero la satisfacción que uno siente cuando ayuda a los demás es algo muy distinto, que está muy bien también.

¿Eres ejemplo?

No, considero que soy una persona que hago lo que me gusta todo el día. Si lo que yo hago y mi forma de actuar pueden ser ejemplo para otras personas en una misma situación, fantástico. Pero no pretendo en absoluto ser un ejemplo.

Hace un tiempo hubo polémica con el programa La Sotana.

Yo estaba en el Dakar cuando esto ocurrió. (Piensa) No sé cómo analizarlo. En la vida hay personas que construyen para ayudar a la gente en beneficio de sectores muy amplios de la sociedad. Y hay personas que destruyen, que no hacen nada para que nuestra sociedad mejore, y que ha llegado un momento que vale todo. Bien, allá la consciencia de cada uno. No pasa nada.

¿Eres feliz?

Muchísimo, pero no todos los días. Tengo muchísimos momentos felices, pero otros que no, como todo el mundo. Las cosas no siempre salen bien. Hay muchos días que te levantas por la mañana y hay malas noticias. Todo esto forma parte de la vida. A mí, si alguien me dice que es feliz todo el tiempo, una de dos: o no tiene claro lo que es la felicidad, o no es sincero. No vivimos en un mundo que sea todo el día increíble. Pasan cosas y tenemos que aprender a disfrutar los momentos buenos y encajar los malos, e intentar buscar soluciones a las cosas que no salen bien.

¿Hasta cuándo te tendremos compitiendo?

Hasta que el cuerpo aguante. Si estuviese corriendo en moto, cuando el físico no permitiese estar al máximo lo dejaría. En coches, el físico no es tan importante. Uno va a competir siempre que le motive hacerlo, siempre y cuando esté en proyectos que sean competitivos. Competir por competir, no. Yo lo hago cuando veo que puedo conseguir las metas que me he propuesto.

Deja un comentario