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El ineludible Josip Ilicic sentencia al Valencia

En un partido jugado a puerta cerrada por recomendación de las autoridades sanitarias, las defensas de Valencia y Atalanta demostraron estar para un exhaustivo chequeo. Del reparto de imprecisiones en las zagas resultó beneficiado Ilicic, que remató con un certero póker de cuatro disparos al moribundo conjunto ché para sumar 16 goles en sus 12 últimos encuentros. No existe vacuna alguna para sobrevivir al esloveno.

La noche en Valencia debía desarrollarse épica y gloriosa, pero acabó siendo esperpéntica y dolorosa desde un primer momento. Los cánticos de una afición ausente, grabados y reproducidos por megafonía, retumbaban extraños en las vacías gradas de Mestalla. Sonaban más a réquiem que a marcha militar. En la segunda mitad, cuando la vergüenza superó a la esperanza, dejó de sonar la cinta de arengas, haciendo audibles los lamentos de vano esfuerzo de los sobrepasados protagonistas locales.

El villano de la noche fue Mouctar Diakhaby, que debió sentirse tan confuso como todos al escuchar los ánimos de una grada naranja y fantasma, se despistó lo suficiente como para provocar dos evitables penaltis en la primera mitad. Ilicic, probablemente el mejor jugador azulón esta temporada (aunque parezca más resultón el ‘Papu’), dribló con una bicicleta en el área a un Diakhaby que, sobrepasado, se comió el posterior quiebro de derecha a izquierda del esloveno. Lo acabaría arrollando con estrépito a los noventa segundos de juego: penalti y nueva palada de tierra al hoyo valencianista nada más comenzar.

Poco más tarde Gameiro aprovechó el exceso de confianza al corte del central Palomino para poner el empate a uno, pero Ilicic provocó una segunda pena máxima de Diakhaby, esta vez por manos, para que el esloveno se apuntara el doblete.  

Al volver de vestuarios, el visitante Palomino quiso igualar al bueno de Mouctar en fallos y regaló a Ferrán un balón en banda que el canterano colocó sutil en la cabeza de Kevin Gameiro, que entraba con la fuerza y convicción de un buen nueve en el corazón del área. Era el minuto 50’. En el 67’, otro hueco inexplicable entre los centrales propició la buena asistencia de Parejo hacia Ferrán para que este batiese con una delicada vaselina a un Sportiello, que había salido a por uvas.

Ilicic se encargó de evanescer toda ilusión ché aprovechando en un contragolpe que el Valencia ya andaba volcado a la desesperada, pues tenía que anotar seis tantos en total para pasar. El cuarto que cerró el partido y la eliminatoria, también del esloveno y colocado en la escuadra derecha de Cillessen, habría merecido la ovación en pie del respetable, si hubiese habido algún respetable para reconocer su esfuerzo.

Pasan a cuartos de final de la Champions League en su primera participación los de Gasperini, con evidentes fallos defensivos pero cabalgando con brío y frescura a lomos del activo de mayor importancia en el fútbol: el gol. El Valencia, algo afectado, tendrá que vigilar bien ese mal cuerpo lo que le resta de campeonato liguero, si no lo quiere acabar pagando. El silencio al término del choque, más sepulcral que nunca, fue elocuente y estremecedor. Y eso que ya tenían un pie en la caja.

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