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Sergei Bubka, el rey del centímetro

JUANJO PREGO
París, 13 de julio de 1985. Sergei Bubka mira al frente. Por delante, 45 metros de carrera hasta el cajetín. 22 zancadas, ni una más ni una menos. Alza la pértiga y empieza su carrera. 21 zancadas, 20, 19… y cada vez más rápido, hasta esos casi 36 kilómetros por hora que lo convierten en un extraordinario velocista. 16 zancadas, 15, 14… pértiga arriba, tronco en una perfecta vertical, los pies casi no tocan el suelo…ocho zancadas, siete, seis… el cajetín ya está ahí. La pértiga baja y entra con fuerza en él. Bubka se arquea, su espalda describe una C invertida perfecta y sube… y sube. Estira el cuerpo y la pértiga lo propulsa por encima de la barra. Los pies pasan por encima. Ahora hay que controlar la caída, hay que controlar ese cuerpo musculado de 80 kilos. Primer susto. La parte anterior del muslo de la pierna izquierda toca levemente la barra de solo 30 milímetros de diámetro. Su pecho también la roza ligeramente… pero no cae. Manos hacia atrás, prohibido tocar la barra ahora. Bubka cae en la colchoneta. Es el tercer intento, pero lo ha conseguido, Sergei Bubka es el primer atleta en saltar la mítica y soñada barrera de los seis metros. El cielo es suyo.

Saltar seis metros era el sueño de todos los saltadores de pértiga, pero que este chico nacido en Voroshilovgrad (ahora Lugansk), en la actual Ucrania, fuera el primero en hacerlo se debió en gran parte a dos personas: Vasiliy Bubka y Vitaly Petrov. Vasiliy es el hermano mayor de Sergei y también fue pertiguista y, además, con buenas marcas: llegó a saltar 5,86 metros. Y ya se sabe, el hermano pequeño quiso imitar al mayor… pero no pudo hacerlo hasta los 15 años, ya que no se permitía que los menores de esa edad cogiesen la pértiga. Y por eso, el adolescente Sergei se dedicó a la velocidad, donde desde pronto demostró que podía correr, y muy rápido. La pregunta estaba clara: ¿podría correr así de rápido con una pértiga en las manos?

Para responder a esa pregunta, Bubka se trasladó a Donetsk y se puso en manos de Vitaly Petrov, uno de los más afamados entrenadores de salto con pértiga de toda la Unión Soviética. Petrov lo tuvo claro desde el primer día. Ante sus ojos se encontraba un diamante en bruto, un chico rapidísimo, pero también fortísimo muscularmente y que había mamado el salto con pértiga desde que era niño. Lo tenía todo, un potencial que él se encargaría de sacar a la luz.

El mundo conoce a Bubka

Si hay algún lugar en la Tierra donde el atletismo es religión, esa es Finlandia. La tierra del mítico fondista Paavo Nurmi o la del excelso lanzador de jabalina Matti Järvinen fue la elegida para acoger los primeros Mundiales de Atletismo. A Helsinki llegó un joven Bubka que había fracasado en los Campeonatos de Europa Junior y por el que nadie apostaba. Y para ponerlo más difícil todavía, las pruebas clasificatorias se suspendieron por el mal tiempo. Todos los inscritos participaron en la final, los 21… y la final se hizo eterna. 7 horas de competición en total. Y en estas circunstancias tan adversas, Bubka dio la sorpresa y se llevó el oro con un salto de 5,70 metros. A los 20 años, empezaba su reinado en los Campeonatos del Mundo y, poco después, su desgraciada relación con los Juegos Olímpicos.

Tras el oro en Helsinki’83, Bubka era el gran favorito para ganar el salto con pértiga en los Juegos olímpicos de Los Ángeles ’84. Ese año batió su primer récord del mundo, el 26 de mayo, en Bratislava, dejó el listón en 5’85 metros… y lo superó una semana después, en París, con un salto de 5,88 metros. Pero Bubka quería más y, apenas a un mes de los juegos, en Londres, dejó la barra en unos increíbles 5,90 metros. Pero ya sabemos la historia. El boicot de los países del bloque del Este a los Juegos privó a Bubka de la que podía haber sido su primera medalla de oro olímpica. No sabemos cómo se sentiría cuando vio ganar al francés Pierre Quinon con unos escasos 5,75 metros, 15 centímetros menos que la mejor marca del soviético. Quizá, a modo de dulce venganza, y para demostrar a todos quién era el rey, apenas 15 días después de los Juegos volvió a triturar su propio récord y lo puso en 5’94 metros.

Por fin, el oro olímpico Bubka superó la desilusión por no haber participado en Los Ángeles ’84, batiendo récords mundiales y ganando otro nuevo campeonato del mundo. Y al fin llegó la cita de Seul’88. Bubka llegaba pletórico, dueño de la mejor plusmarca de la historia, 6,06 metros. Era su momento y lo demostró. Venció y se llevó el oro con una marca de 5 metros y 90 centímetros.

El dominio soviético fue total. Fueron los últimos Juegos Olímpicos en los que participó la URSS. Tras la caída del Telón de Acero, Bubka pasó a competir bajo bandera ucraniana. El cambio no afectó mucho al Zar, que siguió acumulando oros mundiales y récords con lo que muchos llamaron la técnica del centímetro.

Una cosa estaba clara: las plusmarcas de Bubka solo estaban a su propio alcance y él mismo sabía que en sus piernas estaban los nuevos récords. Entonces, el ucraniano debió de pensar ¿por qué no sacar un buen dinero con eso? Los organizadores querían récords y estaban dispuestos a pagar por ellos. Nike también le motivó con 40.000 dólares de incentivo por cada nueva plusmarca. Muy simple, más alto, más dinero. Pero había que llegar a las alturas y la tecnología de la época hizo el resto. Unas pértigas hechas a medida para el saltador, más duras, menos flexibles, imposibles de doblar para cualquiera excepto para él, y una musculatura trabajada al máximo lo elevaban poco a poco a unas alturas que ningún atleta había soñado jamás. Y así, centímetro a centímetro, Bubka llegó a lo más alto. En total, en toda su carrera, batió el récord del mundo en 35 ocasiones… y se llevó una buena bolsa de paso.

La cruz del Zar

Si los campeonatos del mundo de atletismo eran el patio de recreo del gran Bubka, los Juegos Olímpicos fueron una maldición que le persiguió toda su carrera. Excepto el ya mencionado oro de Seul, el pertiguista fracasó Barcelona’92 al hacer tres saltos nulos, no pudo participar en Atlanta’96 por una lesión en el talón y en Sidney 2000 fue eliminado al no poder pasar el listón, situado a 5,70 metros. Acosado por las lesiones, el Zar de la pértiga decidió poner fin a su carrera deportiva el año 2001, justo 20 años después de su debut en la escena internacional.

Nadie llegó más alto en su especialidad. Al aire libre alcanzó los 6’14 metros en julio del 94 en la reunión de Sestriere (Italia) y en pista cubierta llegó a los 6’15 metros en su ciudad, en Donetsk, el 21 de febrero de 1993. Y tuvo que ser precisamente en esa ciudad donde se batiera su plusmarca. Un francés, Renaud Lavillenie, elevó el listón, a la usanza de Bubka, un centímetro y dejó el nuevo récord mundial en 6’16 metros. Se batirán sus récords, pero para todos, Sergei Bubka siempre será el Zar, el hombre que cambió la historia del salto con pértiga porque Bubka no saltaba, Bubka volaba.

3 Responses

  1. MariPaz

    Ni Bubka ni ná. Tú si que eres grande (y nunca mejor dicho), Juanjo.
    Excelente artículo que me ha hecho recordar, así, a cholón, casi todas esas cosas que tú muy bien describes cuando yo apenas tenía unos añitos.
    Exlecente

  2. Mari Paz

    Ni Bubka ni ná. Tú si que eres grande (y nunca mejor dicho), Juanjo.
    Excelente artículo que me ha hecho recordar, así, a cholón, casi todas esas cosas que tú muy bien describes cuando yo apenas tenía unos añitos.
    Exlecente

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