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El once de… los padres

Fueron futbolistas de renombre que crearon escuela y lo hicieron también en su propia casa. Transmitieron a su prole tal pasión por el balón que unos cuantos de ellos se vieron superados en éxitos por los que engendraron. La próxima semana nos centraremos en los hijos, pero hoy aprovecharemos para presentarlos, aunque sin dar sus nombres, mientras recordamos a los protagonistas.

Miguel Reina. Era el portero del Atlético de Madrid cuando la fatídica final de la Copa de Europa contra el Bayern. Fue rojiblanco durante sus siete últimas temporadas en activo, pero antes había militado en el Barça, cuya puerta también defendería su hijo décadas después. El descendiente, eso sí, ha tenido una carrera más internacional.

Marquitos. Fue uno de los jugadores clave en la zaga del Madrid que ganó sus –y las– cinco primeras Copas de Europa. En la década de los 80, su retoño continuaría la tradición familiar como futbolista profesional, pero lo haría como delantero y, sobre todo, en los dos eternos rivales del equipo del padre. Es decir, fue azulgrana y colchonero.

Manuel Sanchís. Otro madridista con heredero directo en esto del fútbol. Jugó en el Madrid ye-ye, allá a mediados de los 60, y un par de decenios después, el siguiente de su saga ocupó el puesto de defensa y fue uno de los integrantes de la Quinta del Buitre, con lo que ni cambió la demarcación ni de camiseta. Muy aplicable el de tal palo, tal astilla.

Danny Blind. Capitán del Ajax de Van Gaal que se proclamó campeón continental, este central rebasaba la treintena en un equipo que, sin embargo, se caracterizaba por contar con muchos jóvenes talentos. Quizá no imaginaba entonces que su pequeño seguiría sus pasos ni que, igual que él, acabaría luciendo los colores del conjunto ajacied.

Cesare Maldini. Compaginó los puestos de defensa y centrocampista y formó parte del primer Milan que triunfó en Europa. Su carrera no estuvo nada mal, pero la de su vástago, al que llegó a entrenar –tanto en los rossoneri como en la Azzurra–, fue tan espectacular que el padre quedó más contento que cuando tu niño te trae todo sobresalientes. 

Montero Castillo. Mediocentro y central, según tocara, el uruguayo jugó el legendario Mundial de México ’70, en el que su selección cayó en semifinales ante el Brasil de Pelé. En su vida futbolística pasó por España –Granada y Tenerife–. Su hijo, sin embargo, hizo carrera en la Serie A italiana, y fue muchos años zaguero en la Juventus.

Mazinho. Titular en el Brasil que ganó el Mundial de 1994, se vino justo después a España y pasó un par de temporadas en el Valencia y otras cuatro en el Eurocelta. En su caso, no le salió un hijo futbolista, sino dos. Tiene uno jugando en el Allianz Arena de Múnich, que antes estuvo en el Barça, y otro que también se ha ataviado de blaugrana.

Gheorghe Hagi. El futbolista rumano más célebre, acreedor del título de Maradona de los Cárpatos, es otro de los que ahora ve cómo su linaje sigue sobre el césped. La década de Gica fue la de los 90, porque entonces vivió su mejor etapa como profesional y porque al final de la misma nació su hijo, que a día de hoy es internacional con su país.

Valentino Mazzola. El alma del Grande Torino se apagó en el trágico accidente aéreo de Superga junto a todos sus compañeros. Pero, en el momento de viajar al más allá, el mito tenía un hijo de seis años que heredaría su legado, aunque en otro grande de Italia, el Inter. «Mi padre jugaba como Di Stéfano», recordaba el continuador de la saga.  

Patrick Kluivert. Otra de las perlas que Van Gaal extrajo de la cantera del Ajax. Autor, con apenas 19 primaveras, del gol que le dio al club de Ámsterdam su última Champions, en 1995. Cuatro años después, nacía en la misma ciudad su hijo, que llevaba en los genes el fútbol y se formó en la misma escuela donde su padre aprendió el oficio.

Paco Llorente. La dinastía Llorente-Gento abarca el balompié y el baloncesto y también varias generaciones. A la intermedia pertenece este delantero de Atlético y Real, que tiene tres hermanos deportistas y también un retoño que, por el momento, ha recorrido el camino inverso en cuanto a equipos y en este momento viste de rojiblanco.

Entrenador: Johan Cruyff. Símbolo del fútbol total de la Naranja Mecánica y luego, ya desde el banquillo, ideólogo del Dream Team azulgrana, es difícil decidir si fue mejor jugador que técnico. Su hijo también fue futbolista –lo tuvo a sus órdenes en el Barça– y luego preparador, pero es indiscutible que el progenitor puso el listón altísimo en ambos casos.

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