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El once de… futbolistas de un solo club

Hoy toca un canto al amor a los colores. Protagonizan esta alineación once futbolistas encuadrados en la categoría que los ingleses denominan one club men, jugadores que defendieron toda su carrera la misma zamarra. A continuación, un equipo muy internacional. En otra ocasión, nos centraremos sólo en casos de La Liga.

Yashin. El portero más célebre de la historia fue también un ejemplo de pasión por una camiseta, la del Dinamo de Moscú. La Araña Negra lució toda su vida deportiva ese color, e incluso usaba la prenda de su equipo cuando protegía el marco de la URSS. Iribar, otro one club man, dio fe de ello al intercambiársela tras la final de la Eurocopa 64.

Puyol. Carles se retiró con 36 años por las lesiones, pero tenía pinta de llegar a los 40 en activo. Nunca sabremos si en ese caso se habría retirado en el Barça, pero sí sabemos que sólo vistió de azulgrana. Puyi levantó las Champions de 2006 y 2009, y en la de 2011 tuvo un detallazo con Abidal que lo convierte sin discusión en el eterno capitá blaugrana.

Baresi. Hablamos de Franco, no de su hermano Giuseppe, que jugó en el Inter. El que nos ocupa también fue un símbolo en la capital lombarda, pero ataviado de rossonero. El líbero más renombrado después de Beckenbauer se quedó en San Siro dos décadas, hasta su retirada en 1997 con 37 años. El Milan de los holandeses también fue el suyo.

Maldini. Un habitual en El once de… Esta vez, por su fidelidad al Milan. Hasta los 41 tacos vistiendo sus colores y siempre siendo un referente. Básico en la etapa de Sacchi, en la de Capello y en la de Ancelotti. Ganó su primera Copa de Europa en 1989, con apenas 21 años, y su quinta y última, 18 temporadas después, a punto de cumplir los 39.

Fachetti. Vecino de los dos anteriores, pero en el adversario, el neroazzurro. Capitán del Grande Inter de Helenio Herrera, doble campeón continental en los 60, allí pasó toda su trayectoria profesional. Su vínculo con la entidad interista se mantuvo hasta su fallecimiento en 2006. En el momento de su muerte, ejercía la presidencia del club.

Sanchís. No os sorprenda verlo de mediocentro, posición que alternó muchas veces con la de defensa central. Fue el único de la Quinta del Buitre que permaneció toda su carrera en el Madrid, lo que le permitió sacarse la espina que había atravesado a todos ellos y proclamarse campeón de Europa en 1998 y 2000, con 33 y 35 años, respectivamente.

Scholes. Red devil hasta la médula. Sólo sabe lo que es luchar por el Manchester United y lo hizo siempre a las órdenes del mismo entrenador, sir Alex Ferguson. Cuando el técnico dijo adiós a Old Trafford tras 27 años, el centrocampista hizo lo propio y colgó las botas después de 20 campañas usándolas como local en el mismo estadio.

Mazzola. Otra leyenda del Inter. Por supuesto, el de HH. Sandro, hijo del mítico Valentino, siguió la tradición paterna, pero no con la camisola del Torino, como su padre. La costumbre familiar consistió en ser un jugador ofensivo de gran calidad y un símbolo para su escuadra, pues de principio a fin fue neroazzurro por los cuatro costados.     

Totti. Por muchas ofertas que le llovieran, jamás quiso irse de su Roma. Francesco fue y será siempre el emblema giallorosso. Un ejemplo de futbolista comprometido con su escudo y con el trabajo para llevar a los suyos a codearse con los mejores. Máximo goleador histórico romanista (307 dianas) y récord de partidos con sus colores (786).

Giggs. Un galés con el United tatuado en el corazón. Casi un cuarto de siglo en el Teatro de los sueños y, entre los que hizo realidad, aquella final de Champions de loco desenlace en 1999. En su última temporada en activo, acabó de jugador-entrenador. Sólo alguien con el carisma de Giggsy podía intentar emular al jubilado Ferguson en el banquillo.

Le Tissier. Quizá el caso más meritorio. Toda su vida metiendo goles con el Southampton, un club de la Premier que oscilaba entre la mitad de la tabla y el coqueteo con el descenso. Lo quisieron fichar unos cuantos, pero a él lo que le motivaba no era jugar en un grande, sino colarle chicharros a esos grandes con la camiseta de un pequeño

Entrenador: Bob Paisley. Por delante de su mentor, Bill Shankly. ¿Por qué? Porque Paisley entregó su vida al Liverpool. Primero, como jugador, entre 1939 y 1954. Después, como segundo de Shankly, (1959-1974). Y, por último, entrenando a los reds de 1974 a 1983, la época más exitosa en la historia de Anfield, con las Copas de Europa de 1977, 1978 y 1981 y seis títulos de liga. No, no hay quien le tosa. 

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