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Alberto Malo, un All Black de Sant Boi

El jugador español que se codeó de tú a tú con los grandes del rugby mundial

Entramos en las oficinas del Estadi Baldiri Aleu, complejo donde disputa sus partidos como local la UE Santboiana. Los chicos de Sant Boi acaban de imponerse al Ciencias Cajasol de Sevilla por 26 a 9. Nos abre la puerta Albert Malo (Sant Boi, 3 de abril de 1964), gerente de la entidad y leyenda absoluta del club con más de cuarenta temporadas ligado al club de sus amores.

Pregunta: Empezamos hablando de tus inicios en el rugby y cómo comienzas a practicar este deporte. Tengo entendido que fue por influencia un familiar.

Respuesta: Sí, a mi hermano mayor le gustaba el rugby y además también vivíamos cerca y, de tanto en tanto, iba con él a ver partidos. Esto hizo que me picase el gusanillo.

Juegas en prácticamente todas las categorías inferiores de la Santboiana y debutas muy joven -con 17 o 18 años- con el primer equipo, ¿cómo es esa sensación para un chico que se estrena con el club de su vida?

Jugar con el primer equipo es una de las máximas aspiraciones que tiene uno en la carrera deportiva, dependiendo en cada momento, de la edad que cada uno tiene, pero en aquellos momentos, pues claro, jugar con el primer equipo era importante. Había jugado normalmente en la línea de tres cuartos y cuando empecé con el primer equipo me pasaron a la delantera y la verdad es que estuvo bien, porque creo que me supe adaptar. 

¿Qué supuso ese cambio para ti de posición?

Tampoco fue un hándicap especialmente grande. Sí que son posiciones muy diferentes, pero tanto yo como mis entrenadores hasta hoy mismo ya sabíamos que iba a acabar en la delantera. Entonces también pienso que, por mis características, no fue especialmente traumático. Al contrario, creo que la transición fue bastante bien.

La adaptación al equipo es prácticamente muy rápida, ganáis la liga, empezáis a cosechar éxitos a nivel nacional, ¿puede ser una de las mejores etapas del club?

Sí, la mejor… La mejor época ha sido del 57 al 62, en la que la Unió Esportiva Santboiana ganó cinco títulos seguidos y esto no ha sido superado por nadie de aquí, pero tampoco por nadie del rugby español. Claro que las competiciones eran diferentes, pero el mérito está ahí. Y para mí, la generación de los 80 y la de los 90, que fueron en las que me tocó jugar, fueron bastante buenas. En la de los ochenta ganamos tres ligas, la que debuté, que fue la 83-84, después la 86-87 y la 88-89, que ahí hicimos doblete con la Copa del Rey. Y algunas segundas posiciones, que también estuvo bien la cosa.

Ganáis tres ligas, una Copa del Rey y una Copa Ibérica a lo largo de los 80, ¿con qué recuerdo o con que título te quedas?, ¿con el paso de los años qué es lo que recuerdas de aquella etapa?

La primera siempre hace mucha ilusión, porque acabas de entrar en el equipo, estás con alguno de los que han sido referentes tuyos en la Santboiana y por la ilusión que hace, llegar y ya ganar. Después, todas tienen su mérito: la del 86-87 estuvo muy bien; la del 88-89 fue la del doblete y el título nos lo jugamos en la última jornada de liga contra el Arquitectura en su casa. Teníamos que ganar y ganamos. Le dio una emoción especial. 

Ya empiezas a ser considerado uno de los mejores jugadores del país y hay un momento clave en tu carrera que es esa llamada de uno de los integrantes de los All Blacks para que vayas a jugar a Nueva Zelanda con ellos, ¿cómo es ese proceso hasta llegar a Nueva Zelanda?

El partido que jugamos en España contra los Māori All Blacks del 88 tuvo una repercusión bastante importante porque en las filas de este equipo había varios All Blacks. Yo diría que la mitad del equipo prácticamente, sino más, eran los que habían ganado el año anterior, en el 87, la primera Copa del Mundo. Fue un partido un tanto especial. Se jugó en Sevilla e hicimos bastante buen partido. Empatamos a marcas, tres a tres, lo que pasa es que ellos chutando fueron mejores. Les plantamos cara y allí había un jugador de los Māori al que le gustó como jugaba y me invitó a ir allí a Nueva Zelanda. A raíz de esto, me fui una temporada. Jugué a nivel de club y después llegué a jugar con la provincial de Manawatu. La verdad es que el partido de los Māori tuvo bastante repercusión a nivel de notoriedad para el rugby español e incluso para mi carrera. 

Allí en Nueva Zelanda, ¿cómo fue la experiencia?, ¿qué fue lo que más te llamó la atención y que diferencias encontraste con el rugby español de la época? 

Yo pensaba que allí íbamos a entrenar mucho más en colectivo y se entrenaba a lo mejor menos que aquí, pero porque se entrenaba solo el tema táctico, básicamente y de conjunto. Todo lo que era la preparación física individual, los jugadores se la hacían por su cuenta. Eso no quería decir que no se tuviese que entrenar más, puesto que el ritmo de los entrenos era elevado y ya sabías que tenías que prepararte. Eso me llamó la atención. Después, que juega mucha gente y que es muy popular. Tienen muchas extensiones de terreno verde y al final son campos de juego donde montan los dos palos. En los colegios todos juegan. La cultura del rugby, un tanto como deporte nacional. Aquí hay las típicas conversaciones de fútbol, allí podías entablar cualquier charla de rugby, sin ningún tipo de problema.

Es Bruce Hemara el que se fija en usted. ¿Cómo era la relación con él y con otros miembros de los All Blacks?

Con Bruce ha habido mucha relación entre lo que es Sant Boi y Palmerston North, es la ciudad donde fuimos y el club del Freyberg, pero esta relación se inició antes de conocernos nosotros. Antes ya había unos jugadores de la Santboiana que quisieron ir a Nueva Zelanda y entonces, una vez allí, fueron a parar a Palmerston North y a este club. En concreto, fueron Josep Balsalobre y Antoni Vélez. Después de ellos, vinieron aquí unos jugadores del Freyberg a jugar a la Santboiana. Entonces, cuando jugamos contra los Māori, estos neozelandeses le dijeron a Bruce: ‘Fíjate en este’. Ha habido un intercambio bastante grande de jugadores, tanto de Sant Boi que han ido allá como especialmente creo que son más los neozelandeses que han venido aquí.

Eres el cuarto jugador con más internacionalidades de España, 74 en total, además de capitán. ¿Algún momento en concreto que recuerdes con especial cariño?

Son bastantes, así que es difícil comentarlos todos, pero seguro que aquella Copa del Mundo fue un hecho destacado. En esos momentos era el capitán, la había recuperado porque 10 años antes ya lo había sido. Es un hecho que recuerdo por el grupo. Fue una buena experiencia y creo que lo hicimos bastante bien, dentro de nuestras posibilidades. Hemos quedado décimos de la Copa del Mundo de Rugby Seven que se celebró en Edimburgo. Ahora mismo, el rugby español tiene bastante proyección en rugby Seven, pero eso aún no se ha superado. Después, ya a título personal cuando me llamaron para jugar con el combinado del Resto del Mundo. Un equipo mundial que también te hace mucha ilusión. Fue para celebrar el centenario de la selección de Argentina y, además, la invitación me llenó de orgullo porque ponía: ‘A ver si podéis traer a dos jugadores y que uno sea Alberto Malo’. Participar también en este conjunto me llenó de bastante alegría. Hace poco trajeron la Copa Web Pellis, que va yendo por los distintos países y que es la Copa del Mundo en sí, y los organizadores me dijeron si podía ser yo el embajador de la Copa aquí, en España. He sido un afortunado y creo que es gracias a, siempre lo remarco, a las generaciones de los ochenta y noventa que fueron muy buenas. Esos jugadores nos permitieron jugar con la selección contra grandes potencias del rugby: Francia, Gales, Escocia, Argentina… Después, en el Mundial contra Sudáfrica. La verdad es que nos escogieron para hacer de sparrings, aunque cumplimos con las expectativas. La lástima es que muchos de esos jugadores no pudieron ir a la Copa del Mundo porque en el 99 se pasó a 20 equipos, mientras que en el 95 y en el 91 eran aún 16. Por ejemplo, en la del 95, ganamos todos los partidos que había de clasificación menos el último, que fue contra Gales. Gales había ganado el Cinco Naciones y aquello era imposible. De hecho, jugamos en Madrid y nos metieron 50 puntos. En resumen, nos hubiésemos clasificado si fuese como en el del 99. Actualmente es de 20 equipos. 

Participan en el Mundial de Gales de 1999. Primera y única vez para la selección española, ¿Marcó un antes y un después?

Bueno, no lo sé. Yo creo que fue la culminación de estas buenas generaciones que salieron en el ochenta y en el noventa, pero después los resultados no han acompañado porque, de hecho, no hemos vuelto a repetir. A lo mejor no causó el efecto que debiera. Hablar del porqué ya se hace un tanto complicado, porque seguramente hay bastantes factores. Yo creo que ahora, justamente veinte años después, estamos más cerca de conseguirlo que durante el transcurso de estos años. En esta última fase de clasificación estuvimos a punto y fue una lástima que no participásemos. Yo creo que tenemos opciones y que es posible que pronto nos clasifiquemos. Ese es mi deseo. Lógicamente, lo de ser los primeros no nos lo quitará nadie, pero lo de los únicos, me gustaría que cogiesen otros el relevo.

Seguimos hablando cronológicamente, el año 2000 es el de tu retirada y ganáis la Copa del Rey en Valladolid a los dos equipos de Valladolid. ¿Este título lo recuerdas con un cariño especial por ser el último a nivel profesional?

En el último año tuve bastantes problemas con lesiones al principio de la temporada. Además, fue el Mundial también. Al final de la temporada, me volví a recuperar y jugamos la final de la Copa del Rey. Ganar a los dos equipos en Valladolid fue bastante especial y, siendo mi último partido como profesional, lo recuerdo con cariño. También el público, de forma espontánea, reconoció la trayectoria y se puso a corear mi nombre. Y eso es algo que se agradece.

Es una retirada entre comillas porque sigues jugando a nivel amateur con el ‘B’ y el ‘C’, ya un poco como amor a este deporte que es el rugby.

Sí, al final cada uno es libre de hacer lo que quiere y también hay que ver un tanto la circunstancia de cada jugador para saber como llega al final de su carrera. Aun me quedan ganas y, como aquel que dice, no se me caen los anillos en jugar en categorías inferiores, ya que también se disfruta de otra forma. Es un rugby diferente. Vas viendo a chicos como progresan, convives con ellos, no es un rugby tan competitivo y la verdad es que eso también está bien. 

Los All Blacks Classics se clasificaron para la final de un campeonato internacional contra los Argentina Classics y, por falta de efectivos, tuvieron que jugar con los neozelandeses, ¿cómo lo recuerdas?

Es un hecho en mi trayectoria que es una de esas casualidades de la vida y también es un tanto especial, porque a nosotros nos invitaron al torneo de Bermudas, fue también Bruce Hemara, porque faltaba un equipo o había opciones de sustituir a uno de ellos, en concreto Francia. Iban, además, Sudáfrica, Australia, ‘Barbarians’ [Irlanda, Gales, Escocia e Inglaterra] y Nueva Zelanda. Era de veteranos, pero la condición era tener más de 33 años. O sea, que había algunos de ellos que estaban prácticamente en activo, habiendo jugado con la selección a muy buen nivel el año anterior. Este torneo estuvo muy bien durante los cuatro años que fuimos como Iberia Classics. De hecho, me encargaba yo de montar el equipo. Creo que en la última edición a los All Blacks les faltaba gente y nos dijeron de ir con ellos. Estuvo bien. Había el tema de la Haka. Hicimos la Haka y es un buen recuerdo [se ríe]. Al final es cierto, hemos sido All Blacks, aunque sea con los veteranos. De hecho, ahora van a venir los All Blacks Classics a jugar contra la selección de España en mayo en el Wanda Metropolitano, el estadio del Atlético de Madrid. Haber tenido la opción, junto con Jordi Campos, de participar es algo impensable. Aquellos sueños de pequeño en los que dices: ‘Ostras, si pudiese hacer esto…’ Bueno, pues me encontré con jugadores que habían sido mis ídolos y fue bastante emocionante.

Si tuvieras que quedarte con algún jugador de los All Blacks, sé que es difícil, pero si tuvieras que quedarte con alguno, ¿con quién te quedarías?

Mi ídolo en mi época, cuando era pequeño, era Wayne Shelford, contra el que tuve la oportunidad de jugar varias veces. En Sevilla también. En el partido este que jugamos con los Māori hubo un poco de tensión, nos enzarzamos un par de veces y eso llamó un tanto la atención, son cosas normales en los partidos de rugby. En los partidos de los Classics también estaba él y llegamos a jugar juntos. Este como ídolo y como jugador, así como el mejor jugador que yo he visto jugar, pues sería Richie McCaw.

Tú que viviste un poco los inicios del profesionalismo, ¿cómo crees que está avanzando y cual es el futuro de este deporte?

El tema del profesionalismo es un tanto complicado explicar cuando comenzó. En la época en la jugué, no había prácticamente casi nadie profesional. En la propia selección éramos casi todos de casa. Sí que vinieron un par de jugadores franceses, pero no era como ahora en la selección o en los clubes. Entonces, creo que es una tendencia bastante natural. Se está siguiendo la inercia. Está claro que no debemos descuidar las canteras, a los de casa, y tener esa identidad. Al final, hay muchos voluntarios trabajando, muchos chicos que están con aspiraciones y hay que tenerlos en cuenta. Hay buscar el equilibrio entre los jugadores profesionales y los jugadores de cantera. Lógicamente, hay que ser competitivo con ello, pero no quiere decir que para tener un buen rendimiento todos tengan que ser jugadores profesionales. Incluso también no sé si avanzar un paso más, que es que los propios jugadores de casa, en un futuro, también puedan tener recursos para dedicarse al rugby. Ahora mismo y así lo vinculamos todos, porque básicamente en el rugby español es así, profesionalismo igual a extranjero.

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