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El once de… los santos varones

En la víspera de los Santos Inocentes no haremos una inocentada anticipada. Aunque sí lo es en una pequeña parte, ya que en esta sección intentamos tomarnos las cosas con humor sin importar la fecha. Hoy toca un once de buena gente. Lo contrario a la arrogancia tan frecuente entre los futbolistas de alto nivel. Jugadores que son, o siguen siendo, santos dentro y fuera del campo. E inocentes, porque están libres de toda culpa.  

Casillas. Los mourinhistas se van a picar, pero para muchas suegras sería el yerno perfecto. Un buen chaval que paró mogollón de penaltis y no penaltis, de ahí lo de San Iker. A su canonización futbolera contribuyeron varias tandas –Irlanda en 2002, Italia en 2008, Portugal en 2012– y otras apariciones, como la que le sacó a Robben en la final de Sudáfrica… y a Camoranesi en la Eurocopa de Suiza y Austria, de la que poco se habla.

Albiol. Pacifista eterno. El valenciano reconoció alguna vez que debería tener «más mala leche», aunque puntualizó que «pegar codazos, por mucho que se diga que hay que ser duro, no te convierte en buen defensa». En resumen, nadie le va a quitar el cartel de pedazo de pan andante. Eso sí, se mereció una colleja cuando confesó aquello de que le gustaría «ver los canguros» en… Austria.

Gamarra. Un central que no hacía faltas, porque no le hacía falta, valga la redundancia. Cumplía su trabajo sin necesidad de emplearse con dureza. Esa circunstancia –se citan algunos registros de hasta 724 minutos sin cometer infracciones– aclara que no le iban los malos rollos. Tampoco los quería con los que se sorprendían de que no arreara patadas a los contrarios: «Haré una falta cada partido», propuso para que lo dejaran en paz.

Bartra. Con esa cara de buenazo, complicado intimidar a los rivales. Marc, hay que soltar algunas malas pulgas de vez en cuando, hombre. Siempre y cuando sea dentro del campo y en el ejercicio de las tareas como defensa central. Fuera del terreno de juego, ya se sabe que sólo algunos de los compañeros de este once pueden restarle protagonismo en una competición de paz y buen rollo.

Donato. Otro hombre santo, y nunca mejor dicho. No sólo por sus maneras impecables en el terreno de juego, sino también por la imagen de bendito que transmitía anunciando aquel particular libro de autoayuda, Fuerza para vivir, allá a mediados de los 90.  No le hacía falta esa estrambótica publicidad para ganarse el cielo, que ya se había asegurado con creces ejerciendo su trabajo con el balón.

Mauro Silva. Posiblemente, la persona más querida en la historia de La Coruña, más incluso que María Pita. Llegó al Dépor con 24 años y allí se quedó hasta 2005, cuando colgó las botas con 37. Fue de esos medios que recuperan y organizan sin dar una patada de más. Este brasileño tiene una calle dedicada en su ciudad de adopción. Con lo majo que es, no sería extraño que lo acaben nombrando hijo predilecto.

Iniesta. «Es el ejemplo a seguir», decía Guardiola. Ni tatus, ni piercings, ni peinados estrafalarios, ni pendientes… Aunque, por encima de la imagen física, lo realmente importante: buena persona, buen compañero y enorme jugador. La aureola celestial ya le venía de serie pero, como confirmación, nos regaló el Iniesta de mi vida y su dedicatoria. Andrés pasó algún apuro al tener que hablar en público el día siguiente. Bendito apuro.

Marcos Senna. Otro que no ha roto un plato en su vida. Currante, buen compañero y siempre con su sonrisa de buena gente. Básico para España en la Eurocopa 2008. Del Bosque, otro santo varón, cometió el único pecado de su vida al no convocarlo para el Mundial 2010 –el mismo don Vicente lo reconoció–. Y un día colaboró con Saber y ganar, que no es un espacio donde ver futbolistas habitualmente.

Juan Mata. Un chaval normal, de los que te encuentras en la terraza de un café normal echándose unas risas con sus amigos, también gente normal. Cuentan que en el Manchester United le echa una mano a los currelas encargados de lavar la ropa. Si fuera del campo es buena persona, en el césped es aún mejor. En la vida hay cosas imposibles y, por fortuna, una de ellas es verle un mal gesto.

Morientes. No respondía al perfil galáctico que tanto le molaba a Florentino, excusa para que éste no tuviera ningún reparo en mandarlo al Mónaco y, de paso, dejarle a Ronaldo el 9 para vender más camisetas, que eso es lo importante para el Ser Superior. No tuvo en cuenta que el Moro contribuyó mucho a que el Madrid ganara tres Ligas de Campeones. Cosas que pasan cuando el fútbol es lo de menos para el que manda.  

Butragueño. Engonga dijo en Jot Down que hacerle falta era como pegar a un niño, le sabía mal. Y eso que Vicente es dos años más joven que el Buitre. Emilio ni siquiera se enfadó cuando Diario 16 agotó su tirada gracias a una foto suya en portada con la verga escapándosele del pantalón en un lance de un Madrid-Espanyol de Liga. «Se salió y ya está», replicó el 7 madridista, zanjando el asunto sin complicarse la vida.

Entrenador: Arsenio Iglesias. El brujo de Arteixo fue uno de los principales artífices de que aquel Deportivo de La Coruña al que hizo codearse con los grandes tuviera tantas simpatías a lo largo y ancho de España. Un buen hombre que triunfó en el club de su vida con esa forma de ser, pese a no haber ganado la Liga a la que aspiraba. Sorprendió su fichaje por el Madrid, que no era el de los galácticos, pero sí el de las estrellitas.

2 Responses

    1. elrevulsivo

      Cierto, Valerón podría estar perfectamente en este once. Pero lo hemos incluido hace pocas semanas en otro equipo, dedicado a los que se retiraron en la élite con más de 40 años. Por eso hemos dado prioridad a otros a los que aún no habíamos ‘convocado’. No todos tienen voz angelical, pero sí son santos varones 😉. Muchas gracias por escribirnos.

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