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Alonso, rivalidad dentro y fuera del ‘box’

18 de marzo de 2007, primera cita del Mundial en el trazado australiano de Albert Park. Tras la salida, el rookie Lewis Hamilton ya se abalanzaba sobre su compañero de equipo en McLaren, Fernando Alonso, flamante bicampeón mundial, hasta lograr adelantarlo por el exterior en la primera curva. Toda una declaración de intenciones del piloto británico en su primera carrera en la élite del automovilismo. Pero esta acción no se convirtió en un hecho aislado a lo largo de la temporada, sino en el reflejo de una rivalidad que marcó por completo el año del debut de Hamilton en la Fórmula 1. 

El debutante británico sólo esperó a que se apagara el semáforo rojo en Melbourne para demostrar que empezaba su andadura en el campeonato con el objetivo de pelear por el título, sin importarle a quién tuviera que enfrentarse. Tras la bandera de cuadros, Hamilton subió al tercer escalón del podio, sólo por detrás de Alonso y del finlandés de Ferrari Kimi Räikkönen, que logró la victoria. Un resultado que ya predijo quiénes iban a ser los protagonistas en la pelea por el título mundial, pero que nunca podría haber vaticinado el inesperado desenlace durante la última cita del calendario en Interlagos. 

Ron Dennis forma un dúo ilusionante

El mundial de 2007 se erigía como una gran oportunidad para la escudería británica McLaren. Su director, Ron Dennis, tenía puestas todas las esperanzas en lograr volver a situar a su escudería en lo más alto, después de una sequía de títulos durante los últimos siete años. Y es que el cambio de siglo no había traído suerte a la marca británica. Tras la era incontestable de Ferrari de la mano de Michael Schumacher y sus cinco mundiales consecutivos, los dos últimos años habían sido dominados por Fernando Alonso, que junto a Renault y Flavio Briatore lograba convertirse en bicampeón mundial. De hecho, la última vez que McLaren y Ron Dennis pudieron celebrar el título fue en 1999, cuando el finlandés Mika Häkkinen se proclamaba campeón por segunda temporada consecutiva. 

Dennis construyó un equipo dispuesto a ganarlo todo. Pero seguramente ni él mismo se imaginó las dificultades de gestionar un garaje formado por dos pilotos con tanto potencial y ambos con carácter de campeón. El primero de ellos era el británico Lewis Hamilton, quién para el jefe de McLaren se había convertido en su gran aspirante predilecto para volver a ganar un mundial y hacerlo, además, con una escudería británica. “Es el momento de dar a Lewis una oportunidad. Es el mayor desafío de su carrera hasta el momento, pero estamos seguros de que podrá afrontarlo”, afirmaba Dennis en su presentación. 

A Hamilton ya le conocía desde sus inicios en el karting y, con tan sólo 13 años, le prometió debutar de su mano en la Fórmula 1 algún día, tras ganar el McLaren Mercedes Champions of the Future en 1997. Fue entonces cuando ya le reclutó para el Programa de Jóvenes Pilotos de McLaren, donde creció hasta proclamarse campeón de la GP2 un año antes de su debut. “Es un sueño hecho realidad. Competir en la Fórmula 1 con McLaren ha sido mi objetivo desde pequeño y no estaría aquí sin su continuo apoyo y orientación”, reconocía Hamilton tras conocer su fichaje. 

Hamilton y Alonso, «compañeros» de escudería.

Por otro lado, Dennis también contaba en sus filas con el reciente bicampeón del mundo Fernando Alonso, a quién había convencido para fichar por McLaren con el objetivo de revalidar nuevamente el título. El asturiano llegó a la escudería británica en el mejor momento de su carrera deportiva, tras haber disputado su último título cara a cara con Michael Schumacher. Alonso recaló en McLaren como número uno, pero la irrupción de Hamilton les acabaría emparejando en una misma lucha por la conquista del mundial. 

La convivencia entre ambos pilotos no fue fácil y Ron Dennis era el máximo responsable de gestionar las órdenes del equipo en cada uno de los circuitos. Lewis Hamilton arrancó la temporada con un pilotaje agresivo y asombró a todo el paddock y seguidores con sus resultados. El británico no bajó del podio durante las primeras nueve pruebas del Mundial, llegando así al ecuador del Campeonato como claro aspirante al título. Sin embargo, la competencia para Lewis fue feroz. Y es que, a pesar de un inicio algo más irregular, Alonso también se mantenía vivo en la pelea por el liderato. El asturiano se vio sorprendido por el rendimiento del rookie, mientras Räikkönen y Massa también eran claros candidatos en Ferrari. De hecho, tras la prueba en Silverstone y así cumplidas 9 de las 17 citas del campeonato, estos cuatro pilotos se repartieron todas las victorias hasta la fecha. 

Los duelos entre ambos compañeros de equipo se sucedieron en prácticamente cada gran premio. Pero la rivalidad, marcada por su ambición ganadora y acentuado carácter, también se trasladó dentro del garaje. La competitividad aumentó a medida que avanzaba el campeonato y no era ningún secreto que su relación era fría y distante. Sin embargo, el mayor desencuentro se produjo en el Gran Premio de Hungría, en un episodio que marcó directamente su relación hasta final de temporada y evidenció claros desajustes en la gestión interna del equipo por parte de Ron Dennis. 

Hungaroring, un punto de inflexión

Durante la clasificatoria del sábado, Alonso dispone de una vuelta extra en Q3 para lograr el mejor tiempo de acuerdo con el pacto interno del equipo. Un privilegio que ambos pilotos iban alternando en cada uno de las pruebas del mundial. En ese momento, Hamilton, quien conducía por delante del asturiano, se niega a cederle el paso, rechazando así las órdenes del equipo. El británico logra establecer el mejor tiempo hasta que ambos monoplazas deben pasar por boxes. Es ahí cuando Alonso decide tomarse la justicia por su mano. El asturiano, primero en pasar por el pit lane para cambiar neumáticos, ralentiza su parada y no arranca su monoplaza a pesar de la aprobación de sus mecánicos, mientras Hamilton espera detrás suyo. Alonso sale a pista y logra rodar una vuelta más con la que consigue arrebatarle la pole position al británico, mientras Hamilton no tiene tiempo para dar su última vuelta y debe abortar, acabando finalmente segundo.

Instantánea del incidente de Hungaroring, con Alonso ralentizado la entrada en ‘boxes’ de Lewis.

Las cámaras mostraron a Ron Dennis visiblemente enfadado tras el episodio, hasta el punto que decidió convocar una rueda de prensa con el objetivo de ahuyentar la polémica y donde admitió que el gesto de Fernando fue una orden explícita del equipo. Finalmente, la FIA impuso una sanción de 5 puestos de penalización para Alonso en la salida del domingo, otorgando así la pole position a Hamilton, quien terminó ganando ese gran premio. Una decisión controvertida que levantó algunas críticas y evidenció el distanciamiento entre ambos pilotos. “Es justo decir que se odiaron al final de esa temporada. No estaban trabajando juntos en absoluto. Y cuando eso sucedió, cada mecánico cerró filas alrededor de su piloto, creando una gran división dentro del garaje”, admitió años más tarde Marc Priestley, mecánico de McLaren en esa época. 

En la víspera la siguiente prueba, la de Turquía, ambos sellaron la paz, pero desde ese instante hasta el final del campeonato se instaló una calma tensa dentro del box británico. “No hay ninguna guerra. Lógicamente no somos los mejores amigos, pero nos respetamos”, afirmó Alonso. A partir de Hungría, el pulso por el campeonato se mantuvo vivo hasta la última cita en Interlagos. Sin embargo, tanto Alonso como Hamilton se vieron obligados a abandonar en una de las cinco carreras siguientes, mientras Räikkönen no bajó del podio y recortó distancias hasta entrar directamente en la lucha por el título. De hecho, Hamilton llegó al Gran Premio de Brasil como líder del mundial, con sólo 4 puntos de ventaja sobre Alonso y 7 sobre Räikkönen. El rookie tuvo una doble oportunidad histórica para convertirse tanto en el primer debutante capaz de ganar un mundial, como en el piloto más joven en conseguirlo. 

Interlagos, la pesadilla de McLaren

El desenlace de la última carrera del año sobre el asfalto brasileño fue trágico para la escudería británica. Desde pit lane, Ron Dennis presenció cómo las opciones de Hamilton se desvanecían en los primeros compases de carrera, mientras Alonso no lograba aumentar su ritmo y, vuelta tras vuelta, era incapaz de asaltar la segunda posición. Las cuentas para convertir en campeón a un piloto de McLaren no salían y Räikkönen conseguía una victoria plácida que le daba el título.

Todo empezó tras una mala salida, cuando Hamilton se pasó de frenada en la enésima lucha del rookie con su compañero de equipo a lo largo de la temporada, bajando así hasta la octava posición. Pero las malas noticias para Hamilton no acabaron aquí. Y es que a falta de 60 vueltas para el final, el británico, perplejo, vio como su monoplaza quedaba prácticamente parado en medio del trazado durante varios segundos. Caído hasta el decimoctavo puesto, ya sólo pudo remontar hasta un insuficiente séptimo lugar. Alonso terminó tercero, subiendo a uno de los podios más amargos de su carrera. Un resultado también insuficiente para el asturiano, puesto que Räikkönen adelantaba a su compañero Massa tras salir de pit lane y lograba una primera posición que valía un mundial. 

Alonso y Hamilton empataron a puntos en 2007 por detrás de Räikkonën.

Kimi Räikkönen ganó finalmente su primer título con tan sólo un punto de ventaja sobre Hamilton y Alonso, quienes saldaron su mundial con un aciago empate. Una igualdad que también se vio reflejada en el mismo número de victorias y podios para ambos pilotos a lo largo del año. Ron Dennis y su equipo dejaron escapar un campeonato que se preveía bajo control, más inmersos en las disputas internas que en su otro gran competidor en la pista. “Estábamos tan ocupados peleándonos entre nosotros que apartamos completamente la vista de lo que hacía Ferrari. Teníamos al mejor coche, a los dos mejores pilotos y salimos sin nada”, reconoció Marc Priestley. A pesar de ello, Lewis Hamilton logrará ganar el título la siguiente temporada de la mano de McLaren. Eso sí, sin Alonso como compañero, que regresará a Renault, dejando el puesto de número uno indiscutible de la escudería a Lewis.


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