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Zamora y el trono huérfano

Los focos apuntaban a un joven Francisco Fonoll como la mayor promesa de las porterías nacionales, pero encontró la muerte en su debut con el Nàstic a los 18 años

Uno de los primeros iconos del fútbol español se retiró al término de la temporada 1937-1938. Buscando el cobijo del Niza francés, Ricardo Zamora colgaba los guantes en el exilio después de dejar atrás una exitosa carrera que se repartió entre Espanyol, Barcelona y Real Madrid. El trono del arquero barcelonés quedó huérfano durante años, hasta que la prensa nacional e internacional fijó su ilusionada mirada en un muchacho catalán, a quién osaron bautizar como ‘el nuevo Zamora’.

El joven arquero catalán, antes del partido.

La figura de Francisco Fonoll (Poblet, 1935) es prácticamente desconocida hoy en día. Y lo es porque el guardameta tarraconense jamás tuvo la oportunidad de erigirse como heredero de ‘el Divino’. El destino, cruel, le tenía preparada la muerte llegados los dieciocho. Una acción desafortunada le dañó el riñón el día que defendía el arco del Nàstic por primera vez; las complicaciones no pudieron ser superadas y ‘Quico’ falleció el 3 de octubre de 1953.

La prensa tenía motivos para apuntar que podía ser el ‘nuevo Zamora’. El verano de previo a su muerte se disputó en Bélgica el Campeonato Europeo de juveniles. Fonoll actuó como portero titular durante todo el torneo, que se adjudicó la entonces todopoderosa Hungría. Las fantásticas actuaciones bajo palos fueron clave para llevar a España hasta semifinales. La selección sucumbió ante Yugoslavia por 3-1 y se tuvo que conformar con el cuarto puesto final.

El magnífico Europeo que cuajó Fonoll despertó el interés de los primeros espadas del país. Su progresión prometía ser meteórica; en pocos meses podía pasar de defender la portería del Tarraco, filial del Gimnàstic, a fichar por un club de Primera División. Asegura el periodista tarraconense Enric Pujol que “la semana siguiente a su debut, con el jugador convaleciente, el FC Barcelona ya se reunió con el Nàstic para su traspaso”. Lo más seguro es que Fonoll hubiera completado el curso en Tarragona, para después foguearse “en Segunda con el filial de los azulgranas, el España Industrial”, opina Pujol. El salto no hubiese estado directo al primer equipo, pero el Barça ya lo tenía en cuenta.

Un debut trágico

El Nàstic alcanzó la gloria durante tres temporadas en Primera División, de 1947 a 1950, siendo el primer equipo en ganar en Chamartín (1-3 en 1948) como hito más remarcable. Bajó a Segunda, donde tras tres campañas tocó fondo, descendiendo a la categoría de bronce, en la que estuvo encallado dos décadas.

El primer partido en Tercera fue un bochorno; los tarraconenses salieron escaldados de Manresa (3-0), con una mala actuación del portero Freixas. De cara a la segunda jornada, el entrenador Emilio Aldecoa estaba decidido a agitar la portería. En plenas fiestas de Santa Tecla, el 20 de setiembre de 1953 le llegó el turno a Fonoll. Formado en el Talleres Sevil tarraconense, el guardameta hizo valer su seguridad por bajo y su agilidad para contribuir al primer triunfo liguero en el estadio de la Avinguda Catalunya ante el Sants, por 3-2. Encajó dos goles, “pero hizo dos o tres paradas de mérito”, relata Pujol.

La Vanguardia del 4 de octubre de 1953 se hizo eco de la muerte de Fonoll, a quién se refiere como «el Nuevo Zamora».

Corría el minuto 78 cuando Fonoll salió a por un balón colgado con la valentía que le caracterizaba. El portero grana tuvo la mala fortuna de chocar con su compañero Romà. El fuerte golpe en el riñón no le impidió completar los 90 minutos. Días más tarde, el joven de 18 años empezó a orinar sangre. Fue trasladado a la Mutual Deportiva de Barcelona, donde parecía recuperarse. Una infección lo complicó todo; el 3 de octubre fallecía, causando una mayúscula consternación en la ciudad y el balompié nacional.

Representantes de las Federaciones Catalana y Española, de los clubes -entre ellos el Barcelona- y autoridades locales encabezaban la multitudinaria comitiva de unas dos mil personas el día de su funeral. Sus compañeros en el Tarraco transportaron el féretro hasta la iglesia de Sant Joan, que despedía a uno de las mayores promesas en las porterías que había dado el fútbol español hasta la fecha. Quién sabe si hubiese sido el ‘nuevo Zamora’.

Fotografía del multitudinario funeral de Francisco Fonoll.

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