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La Copa de todos, el torneo de Dani

El Betis se llevó la edición de 2004-2005 ante el Osasuna, la penúltima antes de un cambio de formato que borró las gestas de los mortales.

Ha tenido que pasar más de una década para que la Copa del Rey vuelva a generar ilusión. El torneo del K.O., el torneo del caos. La competición de todos, donde los grandes se empequeñecen y los pequeños acaparan los focos encima del escenario. La Real Federación Española de Futbol, sumida en un proceso de renovación e innovación del futbol nacional, cincelada por Rubiales, ha agitado el sistema a sabiendas de que los principales contendientes de las últimas ediciones siempre han sido los mismos, salvo alguna agradable sorpresa. De hecho, desde que el organismo rector del balompié español decidió apostar en la temporada 2006-2007 por las eliminatorias a doble partido a partir de los dieciseisavos de final, los grandes equipos del país se han repartido el título: seis para el Barça, dos para el Real Madrid, el Valencia y el Sevilla, y uno para el Atlético. Por si no fuera poco, estos cinco clubes, junto al Athletic Club, se han repartido los papeles de finalistas en casi todas las ediciones.

No habrá veredicto sobre el nuevo formato de Copa del Rey hasta que en primavera alguien levante el trofeo. A priori, el novedoso experimento busca favorecer las sorpresas. Que la totalidad de la competición se decida a partido único en el campo del conjunto menor, excepto las semifinales, ya es toda una declaración de intenciones. Por si fuera poco, los 20 campeones de Regional del curso pasado han tenido premio y han gozado del honor de inaugurar el torneo; los ganadores de los diez partidos se enfrentarán a equipos de Primera División nada más empezar. El Becerril-Real Sociedad, el Comillas-Villarreal o el Antoniano-Betis ya serán choques de primera ronda. El resultado final es incierto, pero los ingredientes están allí. Ver gigantes derrumbándose de nuevo en abarrotados -aunque diminutos- estadios de pueblo puede dejar de ser una utopía.

La revolución de los mortales

La última edición antes del cambio de sistema se la llevó el Espanyol, en la temporada 2005-2006, tumbando al Zaragoza por un contundente 4-1. Un equipo maño entonces habitual en las finales, ya que se alzó victorioso en los años 2004, ante el Real Madrid, y 2001, ante el Celta. Una Copa del Rey que antaño llegó a ver como Mallorca y Recreativo de Huelva eran los púgiles en el encuentro definitivo del curso 2002-2003.

Pero si hay algún torneo que fue impredecible y apasionante, y que tuvo emoción hasta el último segundo, fue el de la temporada 2004-2005. Hasta 83 conjuntos -a partir de Tercera División- lo protagonizaron, con los Primeras entrando en treintaidosavos, y eliminatorias a doble partido tan solo a partir de octavos.  Hombres como Huegún, del Lorca Deportiva, o Alejandro Suárez, del Lanzarote, se adjudicaron el honor de ser los máximos artilleros del torneo con cinco tantos, junto al rojillo Iñaki Muñoz. La Copa del Rey había celebrado su centenario una edición atrás, y aquella temporada era el turno para el Sevilla. El que tenía que ser un año esplendoroso para el conjunto del Sánchez Pizjuán acabó siendo una pesadilla. De lo que finalmente presumió orgullosa la Giralda fue de ver al Betis campeón en el Vicente Calderón. Aquel 11 de junio de 2005, el estadio madrileño fue el escenario de una atípica final, en la que los verdiblancos noquearon al Osasuna en la prórroga para levantar su segunda Copa del Rey al imponerse por 2-1. El protagonista de la noche, Dani.

El mejor Betis de todos los tiempos

El Betis tan solo tenía expuesta en sus vitrinas una Copa, cubierta ya por el polvo. Se la llevó en 1977, 28 años atrás, al derrotar en los penaltis al Athletic Club, precisamente también a orillas del Manzanares. El camino para engrosar su pobre palmarés -una única Liga, la del curso 1934-1935- con su segundo campeonato copero no fue precisamente de rosas. Gran parte del mérito de la gesta bética reside en que no tiró la Liga para centrarse en la Copa del Rey; los hombres de Llorenç Serra Ferrer, en un final liguero apoteósico y tremendamente ajustado, remontaron posiciones para acabar colándose en Champions League por vez primera en su historia. Se adjudicaron la cuarta plaza sumando 62 puntos, tres por detrás del Villarreal. En este pañuelo, aventajaron en un solo punto al Espanyol y en dos a su eterno rival, el Sevilla, que se tuvo que conformar con clasificarse para la Copa de la UEFA. El Valencia, cuatro escasos puntos por detrás de los verdiblancos, fue relegado a la Intertoto.

Assunçao golpea un libre directo ante Osasuna. Foto: Marca.

Y si el camino del Betis en la Copa del Rey no fue de rosas fue porqué ya estuvo a punto de verse apeado de la competición a las primeras de cambio. En una de aquellas frecuentes sorpresas de antaño, el Club Deportivo Alcalá estuvo a nada de dar la campanada ante el equipo bético en los treintaidosavos de final, una ronda en que ya cayeron Barcelona, Villarreal, Valencia o Espanyol a manos de escuadras muy menores. El equipo de Segunda División B obligó a los hispalenses a ir a los penaltis para pasar de ronda. En aquella noche lluviosa en la localidad andaluza de Alcalá de Guadaíra, el electrónico no se desvirgó en ningún momento. La muerte súbita desde los once metros favorable al Betis por 2-4 les dio el pase a dieciseisavos. Más plácida fue su visita al Ramón de Carranza, donde el Betis doblegó al Cádiz, de Segunda A, por 0-2 para adjudicarse un billete para octavos. En aquella ronda los verdiblancos se clasificaron con un global de 1-3 en el doble enfrentamiento ante el Mirandés, también de la categoría de bronce.

La candidatura del Betis se tambaleó en las siguientes rondas. A la UDA Gramenet, de Segunda B, se le escapó de las manos alargar su hazaña copera. Después de eliminar al Barça, fue el turno para Levante y Lleida. En los cuartos, el club catalán ya logró frenar al Betis en la ida, con un 2-2. En la vuelta, el Ruiz de Lopera tuvo que empujar a su equipo para sellar el pase a semifinales con un trepidante 4-3. La última eliminatoria no estuvo exenta de nervios y emoción. Con un doble 0-0, los muchachos de Serra Ferrer tuvieron que acudir al punto fatídico de San Mamés para apear al Athletic Club en los penaltis (4-5) y conseguir así la clasificación para la final del torneo copero.

La Copa, la ilusión rojilla

Si el Betis no lo tuvo nada fácil para plantarse en el Vicente Calderón, el Osasuna no lo pasó mejor. Ambos conjuntos sudaron tinta china desde los primeros compases de la competición. La Liga de los rojillos fue mucho más discreta, ya que terminaron decimoquintos, con 46 puntos, y sin nada en juego en las últimas jornadas; lejos de Europa y cómodamente salvados. No se alzaron con la Copa del Rey por poco, pero se llevaron un suculento premio de consolación. La clasificación del Betis para la Liga de Campeones les dio a los navarros el billete para la Copa de la UEFA del 2005-2006 gracias a su condición de finalista. De hecho, el fantástico papel del Club Atlético Osasuna en la competición del K.O. no fue flor de un día, ya que en el curso siguiente accedió a la fase previa de la Champions League -en la que acabaron cayendo frente al Hamburgo- gracias a un magnífico cuarto puesto en Liga.

Los primeros pasos del Osasuna en aquella Copa del Rey fueron calcados a los del Betis. El equipo comandando por el mejicano Javier Aguirre, tras no poder deshacer el empate inicial durante los 90 minutos y la prórroga ante el Castellón, tuvo que acudir a la tanda de penaltis. En el Nuevo Castalia, los navarros eliminaron a un rival de Segunda División B con un saldo de 2-4 desde los once metros. El equipo del ‘Vasco’ también sufrió en Montilivi, donde apearon a un Girona de bronce por la mínima (0-1). En octavos llegó el primer rival de entidad, un Getafe que se estrenaba en Primera División. En la ida, el Osasuna tomó una rienda de 2-0, que le fue suficiente después de perder por 3-2 contra los azulones en el Coliseum Alfonso Pérez.

En los cuartos de final El Sadar tomó un papel determinante. La ida no había ido nada bien para los de Pamplona, que sucumbieron por 2-1 ante el Sevilla. Aun así, los rojillos hicieron las delicias de los béticos, ya que consiguieron dar la vuelta a la eliminatoria y liquidar a los sevillistas en el año de su centenario, después de vencer por un contundente 3-1. Ya en semifinales, el Atlético de Madrid era el último escollo para un Osasuna que tenía su primera final de Copa del Rey entre ceja y ceja. La ventaja favorable con el 1-0 conseguido en la ida fue definitiva; el Osasuna mantenía el empate a cero en el Vicente Calderón, asegurándose así volver un mes después para la gran final.

Ricardo Olivera (d) intenta irse de Cruchaga.

Un combate hasta el último suspiro

Hasta su demolición, el Calderón fue una de las sedes más habituales para las finales de Copa del Rey. El Betis -visitante ese día por superstición del técnico Serra Ferrer, ya que nunca había perdido allí a domicilio- gozaba de un mayor respaldo desde los asientos, con una hinchada bética que superaba con creces la rojilla. El Osasuna marcó la dureza del encuentro desde el inicio, que acabaría con 29 faltas pamplonesas y la primera cartulina amarilla ya en el minuto 14, para Morales. Las tarascadas eran el único método para frenar el inicio eléctrico de ambos contendientes, ansiosos por avanzarse. El Betis fue el primero que se sobrepuso a tanta precipitación e imprecisión, con Assunçao mandando en el centro y Joaquín metiendo velocidad.

Entre tanta ida y vuelta, Oliveira estuvo a punto de poner por delante los verdiblancos: un maravilloso autopase del brasileño lo dejó sólo delante de Elía, pero la definición fue horrorosa cuando lo tenía todo de cara para inaugurar el electrónico en el 24′. Mientras el Osasuna era mucho más directo, percutiendo por la izquierda con centros de un poco lúcido Delporte, el Betis estuvo otra vez cerca de adelantarse, pero el remate de cabeza de Fernando, sin oposición desde el punto de penalti, no encontró portería. El signo del partido podría haber cambiado si Pérez Burrull hubiese mostrado la segunda amarilla a Morales, pero todo quedó como estaba y Osasuna y Betis se fueron a los vestuarios sin poder deshacer las tablas en el marcador.

Oliveira sentía que era su noche. El delantero brasileño salió de los vestuarios más enchufado que nadie, pero su disparo raso al primer palo encontró una excelente mano del portero rojillo. Los retoques en el medio tiempo de Javier Aguirre surgieron efecto para poner pareja de nuevo la final, con Morales insistiendo en la parcela ofensiva, liderando un Osasuna menos tenso. A la hora de partido, parte de la afición verdiblanca enloquece por culpa de una ilusión óptica, ya que el cabezazo de Oliveira tocó el lateral de la red. En el intercambio de golpes, nuevo turno para los pamploneses, con un Morales que no llega por centímetros a un balón que era un caramelo puesto por Valdo, y una estirada vital de Doblas a disparo también del atacante uruguayo.

A falta de apenas un cuarto de hora, euforia bética. Los de Serra Ferrer por fin conseguían avanzarse y tomar las riendas de la final tras un clamoroso error de los navarros. Edu bajó un balón aéreo en zona de tres cuartos, largo hacia la frontal; el capitán César Cruchaga y el guardameta Elía pagaron caro su malentendido, del que se aprovechó, cómo no, Oliveira, que fue el más listo de la clase y sutilmente la envió al fondo de las mallas, encontrando el premio a su insistencia. Pero el Osasuna se sobrepuso rápidamente, no lo había dicho todo. En el minuto 84 Delporte dibujó un forzado centro desde la línea de fondo, bombeado, al segundo palo. Allí encontró Aloisi, que con un imponente testarazo fusiló ante la salida en falso de Doblas. Las cometidas verdiblancas y rojillas no decantaron la balanza al final del tiempo reglamentario. Instantes antes del pitido, el técnico bético cuajó la substitución que cambió el devenir del partido y, de paso, la historia del club sevillano. Edu se va y, con un atípico dorsal 6 para un delantero, entra Dani.

Olivera alza el trofeo por delante de Denilson, enfundado en una bandera de Brasil y otra de España.

Este jugador sevillano con una trayectoria tan discreta -adornada con broches de oro- fue el futbolista que lo revolucionó todo. Cuando las piernas ya no funcionaban, el ‘6’ verdiblanco hizo valer su frescura y el amor por sus colores para desequilibrar la final. La prórroga se jugó a su ritmo, y tuvo el gol de la victoria en sus botas en hasta tres ocasiones. Aun así, a diez minutos de la conclusión el Osasuna estuvo a nada de repetir la jugada que el dio el gol del empate, pero Aloisi no consiguió conectar bien el balón. Y en el minuto 115 llegó la locura.

El propio Dani bajó un balón en campo propio para Fernando, que iniciaría el contrataque. Pared con Oliveira en la línea divisoria, y desde allí condujo Joaquín. La diagonal trazada por Oliveira abrió las puertas del cielo para Dani que, con toda la defensa arrastrada por el brasileño, la cruzó ante Elía para desatar el delirio bético. La montonera verdiblanca en el córner era el preludio del éxtasis hispalense. Prácticamente no se jugaría más. En el 127, Dani se tiró de rodillas al suelo; todos acudieron al héroe. El Betis se acababa de proclamar campeón de Copa del Rey por segunda vez en su historia ante un dignísimo Osasuna. Quién sabe si una hazaña de esta índole puede volver a suceder pronto.

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