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Un bailarín sobre ruedas

14 de mayo de 1988. Gran Premio de Mónaco. Vuelta 67. A los mandos de un McLaren MP4/4, Ayrton Senna lidera la prueba con mucho margen sobre el segundo, el cual no podía ser otro que su compañero de escudería, el francés Alain Prost. El brasileño, oriundo de Sao Paulo, recibe un mensaje por radio de su, por aquel entonces, jefe de equipo, Ron Dennis: “llevas mucha ventaja, frena”. Unas cuantas curvas más tarde, Senna estrella su monoplaza rojiblanco contra el guardarraíl previo a la entrada de la curva Portier, en la mítica entrada del túnel monegasco. Un error de concentración impropio de un corredor con su bagaje. ‘Beco’ pagó el precio de la relajación, cuando ya acariciaba la victoria. Ayrton Senna se quedaba sin la guinda del pastel tras un fin de semana perfecto, donde voló para parar el crono en 1:23.998 durante la ronda clasificatoria del sábado. Una vuelta devastadora y que dejó a sus rivales, pero sobre todo a Prost, a dos segundos de distancia, un mundo en este deporte. El propio Prost, compañero y principal adversario durante su carrera deportiva, aseguró que “Senna no quiso ganarme, quiso humillarme. Quería demostrar que era más fuerte, mejor y ese fue su punto débil”. La ventaja cuando Ayrton lideraba la carrera era de cincuenta segundos sobre el francés. Ante este error, ‘Beco’ se bajó de su monoplaza y se fue a pie de camino a casa. La sorpresa de su empleada del hogar fue mayúscula cuando Senna llegó al piso con el mono de carrera aún puesto.

En palabras del propio Senna: “Aquel día me di cuenta de que ya no conducía conscientemente y estaba en una dimensión nueva para mí. Para mí el circuito era un túnel por el que iba, iba, iba… Y me di cuenta de que estaba más allá de mi comprensión consciente”. Estas declaraciones serían el preludio de lo que vendría después: un dominio único y brutal de Montecarlo, un trazado conocido por la estrechez de su pista. Paradójicamente, el paulista se coronaría en la ciudad monegasca en hasta seis ocasiones, cinco de ellas de forma consecutiva entre 1989 y 1993. Estas seis victorias le valieron el sobrenombre de ‘Rey de Mónaco’. Además, Ayrton ostenta el récord de poles en el circuito del Principado, con cinco en total.

Ayrton Senna se convirtió en el mayor mito de la historia del automovilismo (Foto de Mike Powell/Allsport/Getty Images)

Era un corredor con una personalidad tan espiritual y poderosa que escapa de la crudeza de las cifras, un piloto que ha trascendido como uno de los más grandes y más rápidos de la historia de este deporte. Toda la fantasía y el misticismo que rodean a la figura del brasileño se deben a ese halo de superioridad sobre sus rivales, a esa conexión que decía tener cuando se subía a su monoplaza porque si se ponía a llover, incluso a diluviar, todos sabían quien iba a vencer. Con condiciones climatológicas adversas, cruzó primero la línea de meta en once ocasiones y aunque no triunfó, mención especial merece su gran primera actuación bajo, como no, la lluvia de Mónaco. En 1984, ‘O Rei’ deslumbró a todos los fanáticos del mundo del motor a los mandos de un Toleman, un bólido limitado y sin posibilidades reales de ni tan siquiera conseguir podios, para más inri. Senna repartió una lección de conducción sobre mojado que culminó con una remontada impresionante en la que salió decimotercero y finalizó en segunda posición, a tan solo siete segundos de Alain Prost. La escalada hubiera sido histórica si la carrera no se hubiese suspendido por la impracticabilidad del circuito, ya que Ayrton le había recortado al francés hasta cuatro segundos en la vuelta previa a la bandera roja. Una bandera roja que llegó suplicada por Prost, agitando los brazos a su paso por línea de meta. Aquella prueba la ganó un McLaren, el del ‘Profesor’, piloto que sería su futuro compañero de escudería y antagonista por excelencia.

Ahora sí, su primera victoria en una carrera de Fórmula 1 tuvo que esperar hasta la temporada siguiente. En 1985 y con tan solo 24 años de edad, Ayrton Senna daba una clase magistral sobre el trazado de Estoril. En un Gran Premio de Portugal pasado por agua, Ayrton dominó de principio a fin. Salió en la pole, escoltado por su compañero de equipo, Elio de Angelis, y con su Lotus-Renault negro y oro fue doblegando a todos sus rivales uno a uno. El Ferrari de Alboreto fue el único coche no doblado por Senna durante la tormenta que sacudió ese fin de semana el distrito de Lisboa. Portugal no fue nada más que la confirmación de que Senna podía competir y estar entre los grandes.

El gran salto en la carrera de Senna llega en 1988 cuando ficha por Marlboro McLaren Honda, un equipo campeón pero que venía de un año en blanco. Los motores japoneses, combinados con los dos mejores pilotos de la parrilla en aquel momento, hicieron que el equipo dirigido por Ron Denis lograse llevarse quince de las dieciséis carreras de la presente temporada. Ocho triunfos que aúpan a Ayrton hacia su primer título mundial de Fórmula 1.

El guión de la temporada siguiente sería bien distinto para el paulista. El 22 de octubre de 1989, Alain Prost llega a la penúltima prueba del mundial con doce puntos de ventaja sobre su compañero de equipo. Senna tiene que ganar el Gran Premio de Japón para mantener sus opciones de título y llegar con vida a la última carrera. El ‘Profesor’ es consciente de su situación en todo momento. En la vuelta cuarenta y seis, ambos McLaren se disputan la victoria en un tira y afloja entre los dos pilotos. La tensión ronda  el paddock de la escudería rojiblanca. Justo antes de entrar en la chicane Casio, Senna trata de adelantar a Prost, pero el francés le cierra el paso y ambos monoplazas colisionan y salen de la pista. Más tarde, el francés alegaría que esa curva era “suya”. Mientras Prost se baja del coche, Ayrton consigue arrancar con ayuda de los comisarios y sale de nuevo a pista a través de la escapatoria. El McLaren MP4/5 entra en boxes a causa de los daños en el alerón delantero. Una vez reparado, vuelve al trazado y sale detrás de Nannini, que lidera la prueba. A falta de dos vueltas y en una misión suicida, Senna adelanta al Benetton de Sandro y gana la carrera. La bandera a cuadros significó esperanza de poder alzarse con el título, pero tras una larga y polémica reunión de la FIA, Senna es descalificado. A criterio del francés Jean-Marie Balestre, presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, y tras escuchar las versiones de todas las partes, se concluyó que el brasileño se había saltado la chicane, por lo que no había completado el trazado total de la carrera, infringiendo así el reglamento. Prost se convirtió en campeón del mundo y este sería el primer encontronazo serio entre ambos pilotos, pero no el último.

Prost observa el coche de Senna entrando en boxes tras el incidente de Suzuka en 1989.

Es 1990 y la situación es insostenible, por lo que Alain Prost decide cambiar de aires y  ficha por la escudería Ferrari, donde los resultados no son del todo los esperados. Por el contrario, en su antiguo equipo los acontecimientos marchan de una manera diferente. Ayrton manda en Marlboro McLaren Honda y lidera la clasificación general del mundial de pilotos a falta de dos carreras para la conclusión de la temporada. Aunque esto no es El día de la marmota y nuestros protagonistas no son Bill Murray y Andie McDowell, por tercer año consecutivo, el curso automovilístico se despertaría en Japón y Suzuka volvería a ser clave para decidir el título de campeón. Sin embargo y a diferencia de la película, esta vez los actores principales intercambiarían sus papeles en el reparto. El brasileño sabe que, si Prost no puntúa, será campeón, sin necesidad de correr en Australia. Ayrton consigue la pole, otra de tantas, y parte desde la primera línea de la parrilla. En una salida inmejorable, Alain ‘elProfesor’ Prost se pone primero, aunque el destino ya estaba escrito. Antes de la primera curva, y un año después, Senna adentra su bólido por el  interior de la pista sin ceder un centímetro en la trazada y colisiona contra su ex-compañero de equipo. Ambos pilotos se van fuera. El brasileño se proclama bicampeão mundial.La guerra alcanzaba así su clímax de tensión. ‘Beco’ se había cobrado su venganza.

No hay dos sin tres. Ayrton Senna completó su triple corona en 1991 con su tercer título mundial. ‘O Rei’dominó la temporada desde el principio, venciendo en los cuatro primeros grandes premios disputados: Estados Unidos, Brasil, San Marino y Mónaco. Mención especial merece el triunfo en su país natal, en el circuito de Interlagos. Magic Senna dio una demostración de pilotaje en la que puso al límite sus capacidades físicas y mentales. A falta de seis vueltas, una avería le provocó un percance en la caja de cambios. Esta se quedó trabada en la sexta marcha. Todo parecía apuntar a que otro año más se iría de Brasil sin poder regalarle a su gente, a su pueblo, lo que más deseaba: una victoria en su tierra. Así, Senna aguantó en cabeza sin poder reducir o cambiar de marcha y consiguió un agónico triunfo, tanto que en la propia Reta Oposta, unos metros después de cruzar la línea de meta, desfalleció y fue trasladado al paddock por el coche médico. La tensión acumulada y el estrés hicieron que Ayrton Senna diera el 110% para poder, por fin, ofrecerle a su pueblo una carrera para el recuerdo.

A pesar de que el paulista ejerció su dictadura al comienzo de la temporada, durante ese curso tuvo un duro competidor encarnado en la figura de Nigel Mansell que, a lomos de su Wlliams FW14/14B, fue capaz de poner en apuros al brasileño. Japón volvería a ser el epicentro de las celebraciones de McLaren Honda. Mansell llegaba necesitado de puntos pero al británico le pudo la presión y, cuando rodaba justo detrás de Senna, se fue a la grava. Era la vuelta nueve. ‘Beco’ finalizó segundo aquel día permitiendo, en un gesto de agradecimiento, que su compañero de escudería, pero sobre todo su amigo, Gerhard Berger, viese primero la bandera a cuadros. Así de especial era Ayrton Senna. Ese año acabó ganando siete de las dieciséis carreras disputadas y tan solo se bajó del podio en cuatro ocasiones.

Hablar de Ayrton es hacerlo de una bala capaz de salir desde el primer puesto de la parrilla en sesenta y cinco de los ciento sesenta y un grandes premios que ha disputado. Ocho de manera consecutiva, lo que le convierte en el único piloto capaz de haberlo logrado. El Gran Premio de España de 1988 marcó el principio de esta racha histórica de primeras posiciones en clasificatorias que finalizó en el Gran Premio de Estados Unidos de 1989. Un récord aún vigente de un piloto inalcanzable sobre la pista. Ayrton Senna es también el tercer piloto con más poles, tan solo por detrás de dos gigantes como Michael Schumacher y Lewis Hamilton. Senna, un bailarín sobre cuatro ruedas, es el piloto de la era moderna de este deporte con más tanto por ciento de poles en carreras disputadas. Senna salió en primer lugar en 65 de 162 clasificaciones en las que participó, un 40% para ser exactos. Unos números que no se veían desde los años cincuenta y sesenta con mitos de este deporte como Fangio, Clark o Ascari.

Las temporadas de 1992 y 1993, los dos años posteriores a su tercer entorchado, fueron difíciles para Ayrton. McLaren Honda  ya no era la escudería de antaño que dominaba el panorama mundial. Williams-Renault dio un salto cualitativo en sus monoplazas introduciendo los componentes electrónicos que ayudaban a la conducción. El control de tracción y la suspensión activa fueron claves para que Mansell se alzase claramente con el título. En el noventa y tres, Prost firma con la escudería británica y solamente incluye una cláusula en su contrato: derecho a veto al fichaje de Ayrton Senna. ‘Beco’ acabó cuarto ese mundial y el ‘Profesor’ se retiró con su cuarto título mundial que le situaba en el podio como uno de los mejores de la historia.

Ahora sí, ya sin Alain, Senna ficha por Williams-Renault, pero la decisión llega tarde. La FIA prohíbe algunos de los parámetros electrónicos que poseía el coche, por lo que se vuelve más inestable y difícilmente conducible. Los monoplazas de la temporada 94 ya no llevan integrados el control de tracción, ni los frenos especiales, ni la suspensión activa. Motivos que facilitan ampliamente los trompos y las salidas de pista de los bólidos. Aun así, el brasileño sale desde la pole en las dos primeras carreras de la temporada. Termina abandonando en ambas. Un joven Michael Schumacher cruza la línea de meta en primera posición en sendos Grandes Premios de Brasil y del Pacífico. Esta cuestión empieza a incomodar a Senna, el cual se ve obligado a vencer en la próxima carrera. En la tercera prueba, la Fórmula 1 llega a San Marino. A partir de aquí, ya nada será igual para nadie en el mundo del automovilismo.

El último fin de semana de abril de 1994 puede ser considerado como el más negro de la historia del ‘Gran Circo’. Debido a las prohibiciones y limitaciones tecnológicas, los monoplazas eran el ejemplo claro y obstinado de potencia desequilibrada y sin control. El gran premio empezó de casi la peor manera posible: el joven Rubens Barrichello estampaba violentamente su Jordan contra el muro después de un error en la frenada. El monoplaza del brasileño voló por los aires con la misma facilidad que un coche de juguete y tras dar varias vueltas de campana el monoplaza quedó bocabajo con el brasileño conmocionado en su interior; por suerte pudo salir ileso, aunque ya no correría más ese fin de semana. Lo peor aún estaba por llegar.

‘Beco’ ondea la verdeamarela tras vencer en el G.P. de Australia.

En los entrenamientos clasificatorios del sábado en Imola, Senna consiguió la pole, la que sería la cuarta consecutiva, pero la noticia desgraciadamente sería otra. El monoplaza número 32 conducido por Roland Ratzenberger se estrelló violentamente contra el muro interior de la Curva Villeneuve. El Simtek quedó destrozado y el austríaco fallecía a causa de las lesiones sufridas durante el accidente. Una noticia trágica para el mundo del automovilismo, pero que no impidió que la carrera se disputase. La concatenación de acontecimientos seguía comprando boletos para otro desastre mayor, el cual pudo ocurrir en la propia línea de salida.

El domingo por la mañana, con el apagado de los semáforos que indican el comienzo de la carrera, el Benetton de Jyrki-Jarvi Letho se cala en su casillero de la parrilla y es arrollado por Pedro Lamy que, incapaz de reaccionar por la cantidad de coches que le preceden, lo embiste de forma espeluznante. La peor parte se la llevaron los nueve espectadores heridos leves a causa de las piezas de la carrocería desprendidas en el choque. El Safety Car salió a pista y tras varias vueltas, cuando ya los operarios habían limpiado la pista, se reanudó la carrera. Ayrton Senna la comandaba, seguido de Michael Schumacher. En la vuelta seis sucedió la desgracia que colmaba el fin de semana más negro de la Fórmula 1. El Williams-Renault de Senna impactó contra el muro de hormigón en la salida de la curva de Tamburello, a más de 200 kilómetros por hora. La parte derecha del monoplaza blanquiazul quedó totalmente destrozada. Ayrton Senna falleció a causa de un trozo de suspensión que le atravesó el casco. En el interior del FW16, los comisarios encontraron una bandera de Austria. El brasileño pretendía dedicarle su victoria número cuarenta y dos a su compañero de profesión fallecido, Roland Ratzenberger.

Tres días más tarde, en su Sao Paulo natal, el día de su funeral su ataúd fue portado por, entre otros, Emerson Fittipaldi, Gerhard Berger, Alain Prost o Rubens Barrichello.

Aquel uno de mayo en Imola murió el piloto y nació la leyenda. Siempre quedará la duda de cuál hubiera sido el techo de la carrera de Ayrton Senna si aquel fatídico Gran Premio de San Marino nunca se hubiese llegado a disputar.

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