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En memoria del talento: Geraldo y Dener

A ojo de halcón, no hay duda: la mayoría nace para la vulgaridad, solo algunos nacen para el talento. A pie de calle, el futbolero brasileño asegurará algo sobre esta amplia afirmación: es falsa. 

En los setenta, silban dos futbolistas, despreocupados y profesionales. Entre ellos, un balón sigue sin caer, y eso puede ser eterno. Uno se llama Zico, y la vida permitió que lo conozca el mundo entero. El otro, Geraldo, y la muerte imposibilitó que usted sepa de su existencia. Compañeros en un Flamengo ganador y en la ‘Canarinha’ de mitad de década; mejores amigos. Para el seleccionador Brandao: “Geraldo, el jugador más técnico de Brasil”. Poco aplicado en la táctica, pero en una Brasil donde aún primaba el futbolista, dijo Brandao estar dispuesto a enseñarle. Para Zico: “Geraldo tenía una elegancia especial para jugar. Un futbolista fantástico, apuntaba a ser uno de los mejores medios de Brasil”.

Apuntaba, entonces, a ser uno más de la nómina de centrocampistas de Telê Santana: Sócrates, Falcão, Toninho, Eder, Geraldo y Zico. Solo hubiese necesitado un lustro más, una participación, la del 82, hubiese sido suficiente para su memoria, porque ese grupo de jugadores mostró que hay caminos alternativos a los títulos para entrar en la historia. Pero en 1976 Geraldo acabó operándose las amígdalas, intervención que llevaba un año retrasando por miedo. Miedo a qué. El talento es naturaleza, instinto y calle, la medicina es ciencia, estudio, maquinaria: miedo a lo extraño. Geraldo perdió la vida en el quirófano.

Imagen del funeral por Geraldo. / Museu de Pelada

A finales de los ochenta, su amigo Zico ya habría jugado tres Mundiales, un Pelé Blanco en el podio de los mejores brasileños de todos los tiempos, junto a O Rei y Garrincha. Veterano, jugando lo justo en México, dejaba paso en la verdeamarelha a nuevas generaciones que traían lo de siempre: talento. Ya andaban por allí Romario o Bebeto, a quienes conocemos. Y también otros a los que no. Pepe no fue Pelé, pero fue el segundo máximo goleador del Santos, según él “el mejor delantero humano en la historia del Santos, ya que Pelé es de Saturno”. Y ya como entrenador de La Portuguesa de inicios de los 90, Pepe dirigió a quien, dijo, era el jugador “que más se aproximó Pelé” de los por él dirigidos. Se llamaba Dener. Y se llamaba porque, como a Geraldo y a diferencia del resto de citados, la muerte no dejó que su vida en los terrenos de juego acabase siendo conocida por todos. Vertical, regateador por arte, no por físico. El Falcao seleccionador puso a Dener contra Argentina en 1991, tras ser elegido mejor jugador de un torneo juvenil. Parreira no lo llamó: desorden, desenfado y esos defectos tan callejeros que la Brasil de los noventa castigaba más que las anteriores.

Tras un partidillo de prueba, Antonio Lopes le había dado la alternativa en La Portuguesa: “A la primera le hizo un sombrero al central titular (…) Yo no tenía ninguna fe en verlo, era un negrito flaco con piernitas. Pero la reventó”. Tras ganar el título con el Gremio, desde el Vasco de Gama consiguió un contrato con el Stuttgart, en esa económica Europa sueño de tantos sudamericanos, y a punto estaba de hacer cambiar a Parreira de parecer para el Mundial de USA, según los noticieros de la época. Pero en abril del 94 se estrelló el coche que conducía su amigo, donde él era el único acompañante: murieron. Valdir, su compañero de equipo, dijo que fue tan estrella como Neymar, pero que este saltó al Barça y “Dener ya no tuvo oportunidad de nada”.

La vida permitió que se conozca el talento de Garrincha, Pepe, Pelé, Zico, Brandao, Santana, Toninho, Falcao, Sócrates, Eder, Bebeto, Valdir, Romario o Neymar. Y solo fue la muerte, esa que acaba igualando a ricos y pobres, quien, impaciente esta vez, impidió que el mundo conozca a Geraldo y Dener. Ya que estos casos poco tienen que ver con la vulgaridad.

Dener (centro), fallecido en accidente de tráfico en 1994. / R7 Radio

FUENTES: Museu de Pelada, O Globo, Panenka, Líbero y Goal.

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