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Lev Yashin, el portero total

JUANJO PREGO |

Después de vivir cuatro años en la Rusia profunda, como dirían algunos, uno se da cuenta de que ese país es diferente y una de las cosas que lo hacen diferente es la NOSTALGIA. Y sí, lo pongo en mayúsculas porque se nota en cada ciudad, en cada casa, en las conversaciones y, claro, no iba a ser menos en el deporte. Rusia no tiene ídolos de masas deportivos. Busca un ídolo, anhela un símbolo en el mundo del deporte, pero no encuentra a nadie y tira de memoria, tira de nostalgia. Y ahí sí, ahí surge la colosal figura de un hombre que si hubiera vivido en estos días sería el reclamo de esas marcas de ropa tan conocidas por todos y todos los niños querrían ser como él y vestir como él.

Es tan inmenso su recuerdo que solo a él se le permitiría ser la primera persona en aparecer en los billetes de curso legal. En un país que ha visto nacer a Gagarin, a Tchaikovsky, a Pushkin… o incluso a Putin si me permiten la licencia, solo Lev Yashin tiene el honor de aparecer en los billetes con los que los rusos compran en el mercado. Porque Yashin es parte del pueblo ruso, representa el ideal personificado y Rusia no olvida a sus leyendas.

Algunos dirán que no es para tanto. Yo les animaría a ver este video:

Es de tal magnitud el peso de la figura de Yashin en la historia del fútbol ruso que, al cumplirse 90 años de su nacimiento, su club, el Dinamo de Moscú le rindió un sentido homenaje y hasta los dos porteros de los equipos que se iban a enfrentar esa noche lucieron la tan famosa gorra del mítico guardameta.

Y es que las leyendas se hacen con pequeñas historias y esa gorra, que forma parte de la iconografía del fútbol, también tiene su historia. Tras la victoria en semifinales del campeonato de Europa de 1960 ante Checoslovaquia, en la celebración, alguien robó lo que Yashin consideraba su talismán. En medio del jolgorio, al darse cuenta de la desaparición, rompió a llorar desconsolado. Y en esas lamentaciones estaba el portero cuando entró un policía con la gorra en sus manos. No podemos afirmar que la preciada gorra diera la victoria en la final de aquel torneo a la Unión Soviética frente a Yugoslavia, pero seguro que Yashin hubiera jugado peor sin su amuleto. De hecho, empezaron perdiendo y ganaron en la prórroga… Quizá tuviera razón el bueno de Lev y fuera un auténtico talismán. Siempre usó la misma gorra y acabó hecha unos zorros, desgastada… Nadie sabe qué fue de ella. Lo dicho, una gorra de leyenda.

Yashin, ‘gurú’ del ‘marketing’

Hay cosas que me sorprenden. Puedo entender que un país como Rusia recuerde a Yashin. Al fin y al cabo, es ruso, es decir, soviético en aquella época. Lo más difícil de comprender es cómo el mundo entero recuerda a un portero que jugó hace 60 años, en un país prácticamente aislado del mundo como era la Unión Soviética entonces y al que prácticamente nadie vio jugar más que unos cuantos partidos internacionales. Sin embargo, con decir el nombre de Yashin, todo el mundo lo conoce. ¿Cómo es posible?

Los que lo vieron jugar dicen que era un adelantado a su época. No se limitaba a permanecer bajo el larguero, sino que salía del área, jugaba con el pie, ordenaba a su defensa, iba al choque con los delanteros, que tenían menos remilgos que ahora. En resumen, era un portero que infundía respeto. Y, además, quizá sin saberlo, era un genio del marketing. Porque, para un delantero, tener delante a un portero de 1,86 metros, vestido completamente de negro y apodado la Araña Negra debía de imponer lo suyo. Ahora sería imagen de marca de las grandes compañías estadounidenses o europeas sin dudarlo ni un instante. El nombre Yashin se asocia automáticamente al color negro y a su mote. Por eso este deportista vive en el imaginario colectivo. Su imagen es leyenda.

Un hombre, un equipo

Puede que piensen que Yashin nació con un balón en las manos, pero no. Al parecer, vino al mundo con una pastilla de hockey. Es verdad que jugaba al fútbol como todos los niños de su barrio, pero su primer deporte oficial fue el hockey sobre hielo. Un hecho bastante comprensible, teniendo en cuenta el largo y crudo invierno ruso. Y no se le daba mal la cosa al joven Lev. Ganó la Copa de la URSS en 1953 y su equipo quedó tercero en la liga ese mismo año. Todos los expertos de la época decían que podía haber llegado a jugar con la selección soviética. Y sí, era portero y jugaba en el Dinamo de Moscú.

Al final, tuvo que decidirse: o fútbol o hockey… y ganó el deporte del balón. Aunque sus inicios no fueron fáciles. Quizá si hubieran hecho caso al oficial de policía –el Dinamo de Moscú era el equipo de ese cuerpo de seguridad– que quería fulminarlo tras fallar en un gol en uno de sus primeros partidos con el equipo moscovita, la vida de Yashin no hubiera sido la misma. Afortunadamente, su entrenador no hizo caso al gerifalte soviético y el cancerbero continuó bajo palos. ¡Y vaya si continuó! Veintidós años para ser exactos. En 326 partidos defendiendo la camiseta del Dinamo de Moscú, dejó su portería a cero en 160 ocasiones. También jugó 74 veces con la Unión Soviética, con la que fue campeón olímpico en 1956 en Melbourne, el citado campeonato de Europa del 60 y el subcampeonato de 1964. Sí, el del gol de Marcelino. Balón de Oro en 1963, 11 veces mejor jugador de la URSS, cinco veces campeón de la liga soviética… Porque sí, los triunfos también convierten a los hombres en leyendas. Así lo demuestra su palmarés sin igual.

El ocaso del mito

Lev Yashin murió como mueren las leyendas, relativamente joven, con 61 años. En gran parte por un vicio que lo acompañó toda su vida: fumar. Dicen que se volvió adicto al tabaco cuando era adolescente. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó a destajo en una fábrica de armamento y los cigarrillos le ayudaban a aplicarse más. Ningún entrenador tuvo la osadía de impedirle encender un pitillo. Y de cigarro en cigarro hasta su despedida el 27 de mayo de 1971 ante 103.000 espectadores. Jugó su Dinamo contra un equipo de estrellas internacionales como Eusebio, Bobby Charlton o Torpedo Müller que, por cierto, nunca pudo meter un gol a Yashin.

A principios de los 80 empezaron los problemas cardiacos. Cuatro años más tarde perdió una pierna a causa de una enfermedad ligada al tabaco. Tuvo suerte, ya que recibió una prótesis de la enemiga Europa occidental. Pero ni por esas dejó de fumar. El 20 de marzo de 1990, el día del cumpleaños de su hija, fallecía de cáncer el gran Lev Yashin. Murió el hombre, pero su leyenda vivirá para siempre. Яшин жил, жив и будет жить! (Yashin vivió, vive y vivirá).

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