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El once de… los altos

Varios de ellos no están entre los más espigados de la historia, pero sí son futbolistas conocidos en gran medida por su estatura. Unos gigantes de cuidado, vamos. Este es un equipo plagado de defensas centrales y delanteros centro. Su sobredosis de centímetros es tal que lo hace idóneo para colgar balones al área. Patapúm parriba.

Courtois. Es tan largo (1,99 m) que ha mandado al banquillo a otro célebre grandullón bajo los palos, Van der Sar (1,97). El belga no es el más alto de los porteros –cuentan que en su país hay uno que mide nada menos que 2,08-, pero sí es posiblemente el más famoso de los guardametas con las piernas y los brazos más largos del panorama actual.     

Stam. Como es el bajito del grupo (1,93), lo moveremos de su posición natural de central al lateral derecho. Hoy se ven atalayas más altas en los terrenos de juego, pero cuando el neerlandés despuntaba, a finales del siglo pasado y comienzos del presente, era uno de los colosos. Su altura -y las venas marcadas en su calva- intimidaban lo suficiente.

Mertesacker. En España siempre será más conocido por su nombre que por cualquier otra característica, pero con su 1,99 se ha ganado a pulso una plaza en el centro de esta zaga. El alemán tiene cara de buena gente, aunque cuando estaba en activo era mejor no buscarle las cosquillas a un tipo de esas dimensiones.

Van Buyten. Parece que en Bélgica alimentan bien a los futbolistas. Este es otro de los tres de ese país que se incluyen en esta alineación de los que más han crecido. Con 1,97, el que fuera central del Bayern es también indiscutible en la línea defensiva de un combinado de jugadores que hacen temblar el césped cuando caminan.

Fazio. Otro central cuya falta de centímetros respecto a la mayoría de los aquí convocados (se ha quedado en 1,95) lo ha reubicado en una banda, en su caso, la izquierda. Al argentino lo llaman Torre en su tierra, con lo que comparte apodo con otro gigantón paisano suyo, el tenista Juan Martín del Potro, La Torre de Tandil.

Fellaini. El despoblado centro del campo tiene en su eje a alguien con la cabeza muy poblada. Tanto que no está claro del todo si el pelo afro que ha lucido durante gran parte de su carrera está incluido en los 1,94 que mide. El caso es que este belga de origen marroquí es de los que tienen que mirar para arriba si habla con varios compañeros de este once.

N’Zonzi. La medular se completa con este francés de raíces congoleñas (1,96), a quien se compara con un compatriota suyo de estatura y condiciones muy parecidas, Patrick Vieira. Este mediocentro es otro trotamundos que ha jugado en clubes de Francia, Inglaterra y España –fue uno de los fichajes de Monchi para el Sevilla-.

Carew. Al delantero noruego su más que generosa talla (1,95) no le impedía manejar con destreza los pies. Lo que le faltaba, sin embargo, era más acierto de cara a portería. Ello no fue problema para que este nórdico de padre gambiano se diera a conocer en varias de las mejores ligas europeas en clubes como el Valencia, la Roma o el Aston Villa.

Crouch. Probablemente se habría dedicado al deporte de la canasta de no haber nacido en un país antibaloncesto. Pero el larguirucho Peter es inglés y sus 2,01 metros no fueron obstáculo para que se decantase por otro deporte de balón, que no en vano fue inventado en su tierra. Imborrables los bailes cual robot con los que celebraba sus goles.

Zigic. Este sí que viene de un país pro baloncesto y, lógicamente, tenía demasiada competencia a pesar de levantar 202 centímetros desde el suelo. Si eres serbio y coetáneo de tipos como Stojakovic, Radmanovic o Krstic, no te queda sitio como ala-pívot en el parqué del Arena de Belgrado. Jugó, entre otros, en el Valencia. Pero el CF, no el Basket.

Koller. El tamaño de este punta checo (2,02 m y ciento y pico kilos) le ha granjeado algún que otro mote creativo –el Obelisco-, pero también otros impregnados de bastantes malas pulgas, como la Bestia. Desde aquí, continuando el juego con el símil baloncestístico para los más altos, lo nombraremos pívot del equipo. Siendo de un país de pivo, ni tan mal.

Entrenador: Laurent Blanc. Otro que es chaparro en comparación con la mayoría de integrantes de este once (sólo mide 1,92). El técnico francés, eso sí, en los 80 y los 90 era uno de los futbolistas con más alzada, lo cual se notaba especialmente cuando se encorvaba para besarle la calva a su compañero Barthez, que le servía de amuleto.

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