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El Muro de Berlín y los futbolistas alemanes

-¿Las nuevas normas son válidas también para Berlín Oeste?
-Sí, sí.
-¿Sin pasaporte?
-Sí, sólo con un documento de identidad.
-¿Desde cuándo?
-A mi entender entra en vigor… con efecto inmediato… ahora mismo.

Hace hoy 30 años que Günter Schabowski, portavoz del gobierno de la República Democrática Alemana, convocaba una rueda de prensa para informar de ciertos cambios en la legislación de la RDA para los viajes de sus ciudadanos al extranjero.

Schabowski respondía a las preguntas de Riccardo Ehrman, corresponsal de la agencia italiana Ansa. Lo que probablemente no esperaba era que su «ahora mismo» suponía de facto el inmediato derribo del Muro de Berlín.

Lutz Eigendorf no llegó a ver la caída del Telón de Acero. Estrella de un equipo de la capital de la Alemania Oriental, el Dynamo de Berlín, el futbolista falleció en 1983 en un accidente de circulación que llevaba el sello de la Stasi, el temible servicio secreto de la RDA. La causa de su sentencia a muerte: haberse pasado al enemigo occidental y fichar por el Kaiserslautern, uno de los principales clubes de la Bundesliga.

En la Guerra Fría, las dos Alemanias representaban uno de los principales teatros de operaciones y el deporte era un caballo de batalla más. Por ello, la RDA no podía pasar por alto una defección como la de Eigendorf. Y también por ello, los responsables del deporte germano oriental no tenían reparos en recurrir a sofisticadas técnicas de dopaje para que sus atletas alcanzaran éxitos tan sonados como cientos de medallas olímpicas.

La selección de fútbol de Alemania del Este no fue una excepción a la gloria en los Juegos. Oro en Montreal ’76, también obtuvo la plata en Moscú ’80 y los bronces de Tokio ’64 y Múnich ’72. En cambio, sólo se clasificó para un Mundial, pero el destino hizo que ocurriera un hecho trascendental: fue el que organizó en 1974 su vecina/adversaria Alemania Federal, a la que se enfrentó y derrotó en la primera fase del campeonato.

Jürgen Sparwasser fue el autor del único gol del duelo fratricida. Aquel fue para la RDA quizá un éxito mayor que el oro olímpico dos años después, pero en el fondo no fue una derrota para sus contrincantes occidentales. Ambos equipos pasaron a la segunda fase y, mientras los orientales quedaban encuadrados en el grupo más complicado, junto a la Naranja Mecánica holandesa, Brasil y Argentina, a los anfitriones, comandados por Beckenbauer, Müller y Breitner, les tocaban en suerte Polonia, Suecia y Yugoslavia, rivales más asequibles. Al final, todos contentos: la RDA derrotó a domicilio a la RFA y ésta acabó campeona del Mundo.

A pesar de su fama por el gol, y de las ofertas que recibió de clubes de la Bundesliga, Sparwasser no desertó. «No me interesaba porque no quería dejar a mi esposa y a mi hijo. Eso no se hace ni por todo el dinero», declaraba en una entrevista con El País en 2006, año en que Alemania, esta vez reunificada, volvió a ser sede de un Mundial. El futbolista acabó marchándose de la RDA, pero en 1988, mucho después de retirarse. No era un caso como el de Lutz Eigendorf, en la flor de su carrera, ni tampoco los mismos tiempos: sólo un año después empezaba a demolerse el Muro de Berlín.

El 3 de octubre de 1990 es la fecha de la reunificación alemana. Aquel año también hubo Mundial y tuvo como ganadora a la misma que en la edición del 74: Alemania Federal. Italia ’90 se disputó el verano previo a la desaparición definitiva de la RDA, pero allí se celebró la victoria como si ya fueran de nuevo un solo país. En la aclamada película Good bye, Lenin! se narra cómo el éxito futbolístico iba tapando las dificultades económicas de los que ya pocos meses después serían exciudadanos de la DDR.

Con la reunificación, se esperaba que la nueva Alemania tuviera una selección imparable. No en vano, los conjuntos de la RDA ya habían demostrado su potencial. El Magdeburgo se había proclamado campeón de la Recopa en 1974, derrotando al Milan. Y en el mismo torneo, otros dos germano orientales, el Carl Zeiss Jena y el Lokomotive Leipzig fueron subcampeones en 1981 y 1987, respectivamente.

La Eurocopa de Suecia 1992 fue el primer torneo que la Mannschaft disputó una vez finalizada la división del país. Sin embargo, sólo un jugador procedente del Este, Matthias Sammer, tuvo un hueco en el once. Alemania cayó en la final frente a la sorprendente Dinamarca, y no sería hasta cuatro años después, en Inglaterra ’96, cuando los teutones lograron su primer título como país unido.

Andreas Thom, Thomas Doll o Ulf Kirsten fueron otros de los procedentes de la extinta RDA frecuentes en las convocatorias de Berti Vogts en los años inmediatamente posteriores a la reunificación, pero sólo Sammer –Balón de oro en 1996, el último concedido a un germano– tuvo peso en el equipo nacional. Más tarde llegaron Carsten Jancker, Jens Jeremies, Steffen Freund o Thomas Linke, aunque no pasaron de meros actores secundarios.

Michael Ballack, nacido en 1976 en Görlitz (antigua Alemania Oriental), sí reunía la calidad necesaria para liderar a los alemanes. No obstante, le faltaba madera de líder, como afirmó Jurgen Sparwasser en la citada entrevista en El País y también otros exjugadores como Günter Netzer, uno de los campeones del Mundo en el 74.

La última victoria del fútbol alemán a nivel de selecciones fue la del Mundial 2014, que siempre se recordará por aquella abultada goleada (1-7) a la anfitriona Brasil en semifinales. Si nos fijamos en el origen de los convocados para aquella cita por el seleccionador Joachim Löw, solamente uno de ellos, Toni Kroos, vino al mundo en suelo de la desaparecida RDA y, además, ya después de caído el Muro, en 1990. Como detalle, entre los campeones en Maracaná había más nacidos en Polonia (Miroslav Klose y Lukas Podolski, nacionalizados alemanes) que en la antigua DDR.

Todos estos datos muestran que la integración de la RDA en la República Federal de Alemania está siendo realmente complicada en el caso del fútbol. No es una cuestión que afecte exclusivamente a la selección nacional, sino también a la propia Bundesliga, en la que sólo uno de sus 18 contendientes, el RB Leipzig -que no tiene que ver con el histórico Lokomotive Leipzig- es oriundo de lo que en su día fue Alemania Oriental. No es ese el caso del Hertha Berlín, club del lado occidental del Muro.

En un país cuyo gobierno dirige desde 2005 la canciller Angela Merkel, otra hija de la RDA, el fútbol del Este sigue sin hallar opciones de pase y marcar gol en la era capitalista.

Murales plasmados sobre restos del Muro de Berlín, en una imagen de 2009. / Foto: Manuel Vega.

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