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La Jugoplastika, ultrajada por el ayuntamiento de Split

Caminar por el centro de Split supone para el viajero recorrer un túnel del tiempo que lo trasladará a épocas de esplendor. Nacida a comienzos del siglo IV, diecisiete centurias después permanece en pie parte del majestuoso palacio de Diocleciano, aquel emperador romano que decidió abandonar el poder y retirarse en ese lugar idílico en la costa del Adriático. Los reinos medievales, la República de Venecia y el Imperio Austro-Húngaro también dejaron su impronta en forma de monumentos que hoy son el orgullo de esta ciudad de Croacia.

Pero la historia de esta urbe no se nutre sólo de su antiguo legado arquitectónico, sino también de una memoria más reciente. Una que no ha levantado edificaciones fastuosas, pero sí éxitos admirados en toda Europa durante décadas. Los cosechó un equipo de baloncesto llamado Jugoplastika, cuyo recuerdo quiere borrar ahora una de las formas de estupidez más habituales hoy en día: el nacionalismo excluyente.

El KK Split (Kosarkaski Klub, club de baloncesto en serbocroata) es el heredero de aquella Jugoplastika, que con jugadores de leyenda como Toni Kukoc, Dino Radja, Velimir Perasovic, Zoran Savic o Dusko Ivanovic, y bajo la batuta del entrenador Bozidar Maljkovic, se proclamó campeona de Europa tres años consecutivos, entre 1989 y 1991. Fue precisamente pocos meses después de lograr su último título cuando el país al que pertenecía, Yugoslavia, estalló en diversas guerras alimentadas por el odio nacionalista. Un rencor que hoy, transcurrido un cuarto de siglo del final de aquel conflicto, continúa latente en los diferentes Estados surgidos de la desintegración yugoslava. En Split hemos visto un claro ejemplo de ello en forma de ultraje a un símbolo internacional del deporte .

El pasado viernes, el politólogo Miguel Roán, experto en los Balcanes, informaba en su cuenta de Twitter de que el gobierno local de Split, dirigido por los nacionalistas conservadores del partido HDZ, había ordenado borrar un mural dedicado a la Jugoplastika. «Indignación en el mundo del baloncesto (y del sentido común)», escribía Miguel Roán, describiendo con acierto la insensatez perpetrada por el ayuntamiento de esa ciudad.

Ya esta semana, algunos medios españoles se hicieron eco de la noticia. La agencia Efe publicó que el mural eliminado había sido pintado por dos ciudadanos anónimos dos semanas antes, para conmemorar los 30 años de la primera corona europea ganada por la Jugoplastika.

En el artículo se señala que la justificación dada por el ayuntamiento reside en que el mural se encontraba próximo al «núcleo histórico de la ciudad». Sin embargo, en la misma noticia se destaca que medios croatas informaron de que a sólo 30 metros del mural borrado hay otro del equipo de fútbol Hajduk Split, así como otros «de contenido pronazi o de odio hacia los serbios». En estos casos, la corporación municipal ha preferido mirar para otro lado.

Es importante prestar atención a lo del contenido pronazi. En Croacia no son pocos los nostálgicos del régimen ustacha, una dictadura fascista que colaboró con la Alemania nazi cuando los ejércitos del Eje invadieron Yugoslavia. La relación de su líder, Ante Pavelic, con Hitler fue tan estrecha que se le permitió crear el Estado Independiente de Croacia. La derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial significó la disolución de aquel Estado croata, que volvía a integrarse en la federación yugoslava.

Croacia se independizó de Yugoslavia en 1991. Desde entonces y hasta ahora, se ve con normalidad la parafernalia ustacha, nazi y fascista en distintas celebraciones, desde partidos de la selección croata de fútbol hasta marchas en honor a aquel Estado de Ante Pavelic.

Sobre esto último, el traductor Marc Casals, otro buen conocedor de los Balcanes, publicó a comienzos del año en curso un interesante artículo en el medio digital Ctxt, en el que narra cómo cada año, en una localidad de Austria muy cercana a la frontera eslovena, no lejos de Croacia, «un número cada vez mayor de nostálgicos celebra el fin del Estado Independiente de Croacia, instaurado por la Alemania nazi, en un acto de homenaje a los caídos por la patria». Casals destaca que ese homenaje ha recibido «críticas por legitimar el fascismo».

Ello no ha sido impedimento para que esa marcha de Bleiburg -nombre de la población austriaca donde tiene lugar- sea emitida en directo por la televisión pública de Croacia, país gobernado por el mismo partido que dirige el ayuntamiento de Split: la Unión Democrática Croata (HDZ).

Esta formación política prácticamente ha monopolizado el gobierno croata desde la independencia, pues sólo ha sido oposición entre 2000 y 2003 y de 2011 a 2015. En ella milita la actual presidenta de la República, Kolinda Grabar-Kitarovic, cuya imagen alcanzó una difusión más que positiva durante el pasado Mundial de fútbol de Rusia 2018, en el que la política lucía sonrisas en los palcos vistiendo la camiseta ajedrezada del equipo nacional.

No obstante, menos alcance han tenido las políticas xenófobas y anti-inmigración que aplica sin escrúpulos el gabinete de Grabar-Kitarovic. Tampoco se habla mucho fuera de Croacia de esa simpatía por el pasado fascista del país, capaz de mantener símbolos ustacha al tiempo que borra de la vía pública todo recuerdo a Josip Broz, Tito, el líder yugoslavo desde 1945 hasta su muerte en 1980. Quien, por cierto, era croata.

Y aquí enlazamos con el ultraje a la Jugoplastika. A ojos de los ultranacionalistas croatas, el nombre con el que el club de baloncesto de Split alcanzó sus más grandes logros les recuerda demasiado a esa Jugoslavija de la que reniegan. De esta forma, el nacionalismo más excluyente no ha titubeado a la hora de atropellar la memoria de un equipo que es tan símbolo de la ciudad como el palacio de Diocleciano.

Es fundamental que esta deshonra a la Jugoplastika no quede impune. Dino Radja, uno de sus jugadores históricos -que también protagonizó grandes éxitos con la selección de Yugoslavia y con la de la Croacia ya independiente-, expresó claramente en sus redes sociales lo que opina de la eliminación del mural en recuerdo a su equipo por parte de los políticos del HDZ: «Os tengo asco, miserables frustrados que nunca hicisteis nada en vuestra vida», proclamó, y acusó a los responsables de tan desafortunada decisión de que les moleste «el mayor éxito deportivo en la historia de la ciudad».

Los gestos ultranacionalistas del HDZ podrían volverse en su contra y ensuciar la imagen idílica de un país que hasta ahora ha sabido sacar partido a su patrimonio histórico y artístico, sus espectaculares costas y sus paraísos naturales.

Una vista del centro histórico de Split. / Manuel Vega

2 Responses

  1. Tomas

    Buena mezcla de deporte y política., teniendo como conclusión la desastrosa guerra. No recordaba, más bien creo que no lo sabía, qué Tito era croata
    Grandes equipos los yugoslavos . Debías hacer un artículo del Yugoslavia-Eapaña de fútbol con gol de Ruben Cano y botellazo a Juanito. Ahí empezamos a ser alguien y jugar desde entonces todos los Mundiales hasta ganar en Sudáfrica.
    Yo de pequeño solo los veía perder, como a la Deportiva y al Aleti, pero seguía viéndoles

    1. Muchas gracias por comentar, Tomás, y por la sugerencia. Aquella ‘batalla de Belgrado’ de 1977 es digna de recuerdo. Una victoria en la última jornada de la fase clasificatoria, ante un equipo complicado y en un entorno infernal. Y más mérito tiene después de haberse quedado la selección española fuera de los Mundiales de 1970 y 1974.

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