Home > Análisis > Diego al mando

En ausencia de Barça y Madrí, los medios de comunicación han elevado a la categoría de gesta la anécdota del liderato del Granada en la Liga Santander. Se imprimen portadas, corren ríos de tinta y fluyen chorros de hertzios con la versión nazarí del cuento de la Cenicienta, que más allá de registros históricos encierra un relato yermo de casualidades y de egos. El discurso, el trabajo y el bloque son las llaves del tarro de las esencias, té del Albaicín que ha sabido hervir con el fuego justo un chamán llamado Diego Martínez.

Portada del diario AS (28/10/2019)

El entrenador gallego no exhibe una personalidad exuberante ni viste a su equipo con propuestas efectistas, pero logra conjugar todos los actores de un club de fútbol. Mantiene una relación fluida con la grada sin necesidad de ejercer de animador; es un ‘Cholo’ Simeone desprovisto de histrionismo. Sin meterse en la cama con los periodistas, ha sabido metérselos en el bolsillo e imponer su tono y su discurso tanto en la sala de prensa como en los papeles. Su ‘partido a partido’ está aderezado con un toque de ambición introspectiva: no importa el resultado, sino el rendimiento propio. Palabras que, pese a la nula experiencia de Martínez como jugador en la élite, le permiten empatizar con un vestuario compuesto en su mayoría por jornaleros del balón que, cada uno con sus circunstancias, ha encontrado el entorno perfecto para el actual momento de su carrera deportiva, identificados con el equipo y el club.

En el campo, el Granada es capaz de matizar su estrategia en función del rival y de las circunstancias del partido sin cambiar sus argumentos: defensa fuerte, filas prietas, delanteros bregadores y llegada desde segunda línea. Hay futbolistas por encima del teórico nivel del conjunto. El portero Rui Silva, mejor y prácticamente único legado del desastroso proyecto deportivo de Mediabase que llevó a la entidad rojiblanca a Segunda, ofrece recitales cada vez que rige un ‘do’ de pecho. El central Domingos Duarte ha sabido integrarse en una defensa que ya estaba hecha hasta erigirse en líder de la misma. El mediocentro Yangel Herrera muestra fuerza, talento e incluso jerarquía: el City acertó cuando lo expropió de Venezuela. El veterano Roberto Soldado demuestra en cada partido su compromiso y su capacidad de influir en el juego desde la punta del ataque.

Domingos Duarte y Yangel Herrera celebran el gol del triunfo ante Osasuna. Foto: Granada CF

Y sin embargo, el verdadero mérito de Martínez no está en engarzar las mejores piezas sino en engranar a las menos rutilantes. El técnico gallego demostró en el Sevilla su capacidad para hacer crecer a los futbolistas, llevando al filial nervionense de la Segunda B hasta la categoría superior. En Granada ha sabido convertir a un lateral físico como Quini en un excelente jugador número 12 capaz de cubrir con solvencia ambas bandas en todo su recorrido. Entregó galones a Montoro para que alcanzara su mejor versión con 31 años en calidad de mediocentro organizador talentoso y maduro. Reconoció los méritos de Carlos Neva, un lateral izquierdo sin sitio en la plantilla que parecía abocado a la 2ªB y ahora sin embargo cumple y crece en cada partido que disputa como titular en 1ª. En las últimas fechas, ha potenciado a Ramón Azeez en un rol de mediapunta que no crea ni define, pero trabaja con denuedo y mejora cada balón que toca.

Pequeños éxitos que, sumados, construyen un éxito coral: el de un equipo que, sin inversiones millonarias, es capaz de batir al FC Barcelona e infligir dos goles al Real Madrid; que, recién ascendido, cuenta 20 puntos en 10 jornadas. Es lógico y esperable que el estado de gracia remita. Sin embargo, hay tan poco de casualidad y tantísimo de trabajo bien hecho que difícilmente este equipo entrará en barrena. Con Diego al mando, el Granada debe mirar al frente y no hacia arriba. No le merece la pena pensar en su techo.

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