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El once de… las sonrisas

Fueron –y algunos siguen siendo- estupendos jugadores. Entre ellos hay varios ganadores del Balón de Oro. Pero todos los integrantes de esta alineación tienen algo en común: ser tipos simpáticos, algo muy necesario en cualquier grupo y casi en cualquier circunstancia. No olvidemos que la diversión es algo fundamental en la vida de una persona.

Si no ganamos, nos partimos la caja.

Reina. El mejor speaker de todos los tiempos. Que Pepe se suba al escenario y presente uno a uno a sus compañeros debería ser motivo suficiente para que España esté obligada a ganar Mundiales y Eurocopas. Cuando mejor se lo pasaba era al llegarle el turno a la «auténtica empanada» que le atribuía a su colega Cesc Fàbregas.

Angloma. La de Jocelyn era más sonrisa de bonachón que de pillo. Pero si eres lateral derecho, tienes 32 tacos, te ficha el Valencia, formas la defensa con Carboni, Djukic y otros que parecían cerca del partido homenaje y vas y juegas dos finales de Champions y vives la mejor etapa de tu carrera, ¿cómo no vas a sonreír?

Cannavaro. Fabio mostró su mejor sonrisa cuando levantó la Copa del Mundo en 2006. Ello no quita que, poco después, el italiano también se lo pasara en grande cuando aterrizó en Madrid. Su cara lo delataba. Y encima pudo lucir dentadura al ser el último defensa que ha ganado el Balón de Oro. 

Piqué. Sí, los repartidores de carnés de españolidad se van a cabrear, pero Geri tiene su gracia. Dejad que se eche unas risas, por favor, y aceptad que con su periscope, su waka-waka y sus trastadas sólo buscaba sacar al niño grande que lleva dentro. Otro que se mondaba a costa de unas cuantas bromas a su amigo Cesc. 

Maldini. La sonrisa seria del equipo. Sólo alguien como il bello Paolo puede ser capaz de poner un mínimo de orden entre los piezas que completan esta convocatoria. Totalmente descartado verle un mal gesto. Elegante hasta el punto de convertir en obras de arte los robos de balón.  

Schweinsteiger. Mira que son bordes y estiraos en el Bayern, desde Beckenbauer hasta Thomas Müller, pasando por Hoeness, Matthäus, Kahn o Effenberg. Sin embargo, Schweini no sólo no lo es, sino que su estado natural es el de partirse la caja torácica. Todo un revolucionario contra las malas pulgas en un vestuario. 

McManaman. Se desternillaba hasta en el banquillo, algo habitual para él en el Real galáctico. El caso es que, cuando salía al campo, Steve rendía bien. El sueldazo, la fiesta y el solecito no eran sinónimo de echarse a perder. Menuda sonrisa de oreja a oreja cuando le preguntaron qué era lo que más le gustaba de España: «The weather«. 

Joaquín. El gaditano no podía faltar en esto de enseñar los dientes en el sentido diametralmente opuesto al de Luis Suárez. Antes de volver a su Betis, tuvo el detalle de regalarnos una lección de italiano made in El Puerto de Santa María. Más detalle tuvo el entrevistador al hacer la traducción italiano-italiano para los hinchas de la Fiorentina.  

Cassano. Un futbolista que vino a Madrid a «fomentar la natalidad», como dijo un indignadísimo Ramón Calderón cuando se enteró de que el de Bari se tronchaba contando en su autobiografía el cambiazo que daba en los hoteles de concentración por las mañanas (señorita estupenda por cruasán), tiene plaza garantizada en este once. 

Ronaldinho. La sonrisa del fútbol. Nadie como el Gaúcho para hacer disfrutar de este deporte al tiempo que contagia su felicidad congénita y dental. El saludo surfero no lo conocía ni Perry hasta que llegó Dinho y empezó a hacerlo a la par que lucía su júbilo bucal. Capitán indiscutible de este equipo de la alegría. 

Ronaldo. El Fenómeno no sería tal sin su cara de travieso. Cómo no va a sonreír sentando a medio equipo rival antes de tumbar al portero de tiro cruzado. Histórica su justificación a sus salidas nocturnas. La cara que debió de poner Florentino al escuchar lo de «presi, si yo tuviera la mujer que tiene Figo, me quedaba en casa», debería revisarse en el VAR.  

Entrenador: Frank Rijkaard. Dicen que cuando entrenaba al Barça se esforzaba en lograr que los jugadores «estén contentos». Teniendo a Ronaldinho en la plantilla, eso no debe de ser muy complicado, pero no le resta mérito a un técnico fundamental para el fútbol, que ganó guerras cultivando su pacifismo. Y las sonrisas, claro.

5 Responses

    1. elrevulsivo

      Don Francisco Narváez era más de hacer sonreír que de sonreír él mismo, pero apuntamos la sugerencia, sobre todo porque viene de un heredero de don Emilio Butragueño. Viva el Buitre.

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