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La España de Clemente en Inglaterra ’96

En 1996 Europa vivía una etapa de lentos pero firmes avances sociales, políticos y económicos. Menos de una década atrás, la caída del Muro de Berlín que sentenciaba una Guerra Fría que parecía eterna y la desintegración de la URSS dieron lugar a un panorama novedoso. En adelante, multitud de países estrenarían independencia, engrandeciendo el concepto de Unión Europea. Por desgracia, la Guerra de los Balcanes aún latía, plagando de desdicha la antigua Yugoslavia y haciendo difícil imaginar una Europa sin conflictos armados. Aún sin los países perteneciesen al territorio yugoslavo, en 1995 entró en vigor el Acuerdo Schengen, firmado diez años antes, mediante el que toda persona que se encontrase legalmente en territorio europeo podría circular libremente por la mayoría de países, sin frontera que lo impidiese. Se iniciaba una globalización que poco tardaría en alcanzar hasta los aspectos más cotidianos. Y el fútbol no se escaparía de la vorágine.

En 1996 Europa vivía una etapa de lentos pero firmes avances sociales, políticos y económicos. Menos de una década atrás, la caída del Muro de Berlín que sentenciaba una Guerra Fría que parecía eterna y la desintegración de la URSS dieron lugar a un panorama novedoso. En adelante, multitud de países estrenarían independencia, engrandeciendo el concepto de Unión Europea. Por desgracia, la Guerra de los Balcanes aún latía, haciendo difícil imaginar una Europa sin conflictos armados. Aún sin los países pertenecientes al territorio yugoslavo, en 1995 entró en vigor el Acuerdo Schengen, firmado diez años antes, mediante el que toda persona que se encontrase legalmente en territorio europeo podría circular libremente por la mayoría de países, sin frontera que lo impidiese. Se iniciaba una globalización que poco tardaría en alcanzar hasta los aspectos más cotidianos. Y el fútbol no se escaparía de la vorágine.

Tras sentirse agraviado, ese mismo año un desconocido futbolista belga llamado Jean-Marc Bosman había luchado por sus derechos y por los del resto de trabajadores europeos, consiguiendo una sentencia favorable que dio lugar a la histórica Ley Bosman. A partir de la temporada 1996/97 los clubes de la Unión podrían fichar los jugadores europeos que quisiesen, suprimiéndose asimismo las desorbitadas indemnizaciones por traspasos. Con ello desaparecía el límite de cuatro foráneos por plantilla, creciendo la igualdad y a su vez la competencia. En lo práctico, las plantillas se enriquecerían, pero los canteranos no las tendrían todas consigo. Si pretendía no quedarse atrás, la preparación de los futbolistas locales tendría que mejorar. Notables consecuencias que pronto sentirían en las selecciones nacionales. El de 1996 sería año plenamente futbolístico, ya que tocaba Eurocopa. Nada menos que Inglaterra, la madre del balón, acogería la cita.

Volvía España a una EURO tras quedar fuera de la disputada en Suecia, cuando la Francia de Jean-Pierre Papín acabó apeándola tras derrotarla en Sevilla, en octubre del 91. Y lo hacía de la mano del rostro más reconocible de la Selección en aquella década, el entrenador Javier Clemente. En 1992 Clemente había relevado a Vicente Miera, quedando este al mando del combinado que acabaría conquistando el oro olímpico en Barcelona y el entrenador vasco como responsable del trayecto hacia el Mundial de USA ´94. Los de Clemente lograrían la clasificación agónicamente al vencer a la campeona europea Dinamarca en el partido definitivo, con el épico testarazo de Hierro. La maldición de los cuartos de final, el codazo de Tassotti a Luis Enrique visto únicamente en las repeticiones y otros factores menos tangibles pero igual de importantes, grabaron como un triste recuerdo la eliminación de la primera Selección Española del técnico de Baracaldo.

Con el tiempo digiriendo rápidamente el drama, se afrontó el reto de llegar a la Eurocopa de Inglaterra´96 con la ilusión otra vez intacta. El único trofeo que España tenía en su poder era la Eurocopa de 1964 ganada a la URSS en casa, y al último precedente, la disputada en Alemania Federal en 1988, la Selección llegó como subcampeona y pasó con más pena que gloria, no superando la primera fase de un torneo que voló hacia los Países Bajos, alzado por la gran Holanda de Rinus Michels. Dada la nueva composición, la EURO del país británico sería una copa distinta. Las selecciones participantes aumentarían por primera vez en la historia, pasando a dieciséis las integrantes de la fase final -divididas en cuatro grupos-, doblando así las ocho que la disputaban hasta la fecha. Por otro lado, se estrenaría la novedosa y siempre discutida regla del Gol de Oro, permitiendo definir las prórrogas a favor del equipo que marcase primero. Controversia que, observando el desenlace del torneo, no pudo ser más trascendente.

Una selección variada

Los noventa fueron años en los que la espontaneidad aún era aceptada, por tanto, muchos profesionales opinaban con franqueza. Dentro de esa falta de corrección fingida, podría decirse que Clemente era un maestro. Por ello, para definir sus equipos no hay nada mejor que escucharle: «Somos un equipo compacto, sin fisura. Destacamos en el juego de conjunto». Tras caer eliminados habiendo realizado el partido más elaborado de los suyos, aclararía: «El nivel de este equipo no está en la vistosidad, con eso no se gana». El conjunto o la solidez son las cualidades que Clemente siempre persiguió. Cuando Javier hablaba de su «grupo de hombres», se refería a su conciencia por formar un bloque de futbolistas curtidos, con bagaje, potentes y que cumpliesen sus indicaciones tácticas dejándose la piel sobre el terreno de juego. El talento, que a menudo suele ir parejo a la debilidad física, era para él secundario. Gustase más o menos al aficionado, era su manera de ver el fútbol y sinceramente la exponía, siendo consecuente cita tras cita.

A su llegada en 1992, la influencia de la quinta madridista de los ochenta -Sanchís, Míchel, Martín Vázquez y Butragueño- que formase el núcleo fuerte del anterior seleccionador, Luís Suárez, pasó al eterno rival, siendo ahora los componentes del Barça de Cruyff los que poblarían mayoritariamente las convocatorias. Algo acorde al cambio de dominio nacional y europeo entre ambos clubes. Para Clemente, poco importaba que el estilo de juego de Johan fuese diametralmente opuesto a sus pretensiones, siendo así que jugadores como Nadal, Sergi, Guardiola, Amor o Bakero pasaban de interpretar el toque y ataque posicional barcelonista a adaptarse al repliegue y juego directo cuando les tocaba ponerse la camiseta de España. Mientras hubiese compromiso, habría confianza.

Tras cuatro años al frente de la Selección Clemente había variado considerablemente sus preferencias, en gran medida apoyado en el ocaso del Barça y la caída y lenta resurrección del Madrid. Después de la mala temporada de los dos grandes, la Selección que acudiría a Inglaterra ´96 estaría compuesta más que nunca por una variedad de piezas de los equipos que habían realizado un buen año, menguando a un total de nueve los integrantes de los eternos rivales. Pero como todo conocedor del continuismo de Clemente esperaba, finalmente más de la mitad de los seleccionados habían formado parte de la lista en el Mundial previo. Algunos en mejor estado de forma que otros, los Zubizarreta (34), Cañizares (27), Alkorta (27), Abelardo (26), Hierro (28), Sergi (24), Nadal (29), Otero (27), Caminero (28), Guerrero (22) Luis Enrique (26) y Julio Salinas (33) volverían a defender los colores españoles en una fase final.

Como en USA ´94, pese a no ser titular en la mayoría de partidos, Julen Guerrero seguía siendo la figura técnica del grupo, además del benjamín de la convocatoria. De aquella lista americana, el entrenador dejó en casa a un joven Guardiola, señalado y olvidado desde la cita. Junto a él quedaron en el camino otros ilustres ya veteranos como Bakero, Beguiristain, Voro o Goikoetxea -éste llegó a jugar cinco encuentros clasificatorios-, así como los poco utilizados Lopetegui, Felipe y Juanele o el multiusos defensivo Camarasa, que ese año lideró la zaga de un Valencia segundo en Liga. Tanto como con Camarasa, Clemente no usó a varios futbolistas que venían aportando mucho en los clubes que dominaban la competición española, que en la campaña 95/96 pasaban por ser el bicampeón Atlético de Madrid de Radomir Antic y el mismo Valencia CF, entrenador por Luis Aragonés.

Especialmente particular fue el caso de la retaguardia atlética, de cuya línea de cuatro compuesta por Geli, Santi, Solozabal y Toni, ninguno llegó a ser llamado. Por contra, un López (26) que había sido el jugador número doce del equipo de Antic en un rol polifacético, fue citado sin haber sido convocado previamente, después de que Ferrer confirmase que no podría acudir al no superar la lesión que arrastraba. López se disputaría así el carril derecho con el titular Belsué (28) y con Otero, la otra sorpresa para la misma posición que llevaba dos años sin acudir. «Pese a que yo pagaría por ir con la Selección, Clemente tiene su bloque hecho y hace bien en mantenerlo porque le está funcionando», declararía el capitán atlético Solozabal con respecto a su eterna ausencia. De las restantes opciones, el mediocentro titular del Atleti Vizcaíno, que desde el fin de Suárez y Miera en el banquillo desapareció, Fernando, Arroyo o un pujante Mendieta como centrocampistas valencianistas, el lesionado Fran del Deportivo de la Coruña, los igualmente desahuciados Sanchís o Milla de un mal que acabó sexto, así como unos casi juveniles Raúl e Iván de la Peña que ya venían dominando, fueron los activos más importantes que no viajaron a Inglaterra. Precisamente estos dos últimos, junto a Roger o el propio Santi, formarían parte ese año de la selección que cayó por penaltis en la final de la Eurocopa sub-21 en Barcelona, contra la Italia de Totti. Este éxito tampoco significaba mucho para Clemente, quien manifestó que le preocupaba la ausencia de jugadores físicos en las inferiores.

Pese a la media de edad de 27 años y la desconfianza en los más jóvenes, lo cierto es que Javier Clemente introdujo sabia nueva en el equipo, principalmente en posiciones de ataque, formando una vanguardia atractiva que mejoraba las alternativas disponibles en el pasado Mundial. Extremos puros y verticales, mediaspuntas de ingenio y delanteros móviles abrían un abanico pocas veces visto en los equipos del vasco, a menudo unidireccionales. Poco tiempo atrás, muchos de esos “novatos” habían formado parte de la campeona olímpica en Barcelona, y su progresión parecía estable. Para las bandas, el seleccionador contó con el zurdo Amavisca (24), indiscutible en el Madrid de Valdano que ganó la Liga anterior, y el habilidoso Manjarín (25), del Deportivo. Además de Guerrero, para actuar detrás del punta el míster apostó por uno de los mejores jugadores españoles del momento, el exquisito Kiko (24). El gaditano maravillaba con sus asistencias, un juego de espaldas dominante y una plasticidad de movimientos que no casaban, a priori, con su metro noventa. Las 12 dianas en su primer año en el Betis de un Alfonso (23) que se había perdido el Mundial por lesión, sirvieron para que alternara ataque con los delanteros centros natos Pizzi (27), máximo artillero de la Liga con 31 goles, y un Salinas que, a sus 33 años, fue trascendental con 18 tantos para que el Sporting se salvase a última hora. López, Amavisca, Manjarín, Kiko y Alfonso se sumaban así a los habituales Cañizares, Abelardo y Luís Enrique para ampliar la nómina de medallistas con respecto a la pasada Copa del Mundo. Las últimas plazas ocupadas por hombres que no estuvieron en USA ´94 fueron para el nacionalizado Donato, que como Julio contaba con 33 años y también fue de los más usados en la previa, y un Amor (28) que tomó el testigo de Bakero y Guardiola como azulgrana utilizado en el centro del campo nacional. Como tercer portero, el meritorio curso de Molina (25) le había servido para ser tenido en cuenta en lugar de un Lopetegui intrascendente en el Barça.

La lista quedó cerrada de la siguiente manera:

Porteros: Zubizarreta, Cañizares, Molina

Defensas: Belsué, López, Otero, Alkorta, Abelardo, Nadal, Sergi

Centrocampistas: Hierro, Amor, Donato, Caminero, Luís Enrique, Amavisca, Guerrero, Manjarín

Delanteros: Kiko, Alfonso, Pizzi, Salinas

La EURO Inglaterra ´96

La selección española se plantó en Inglaterra sin perder un encuentrodesde que cayese contra Italia en los cuartos del Mundial. Y se volvería a casa sin haberlo perdido con el balón en movimiento. En el grupo de clasificación para el europeo había acabado primera, dominando la tabla de principio a fin. Sus rivales fueron Chipre, Macedonia, Armenia y las viejas conocidas Dinamarca y Bélgica. Contra las tres débiles cosechó solo victorias. Dinamarca recibió un tres a cero en tierras españolas, y pudo rascar un punto en la vuelta. Bélgica, eterno enemigo que le borrase las ilusiones en cuartos de final de México ´86 desde el punto de penalti, cayó goleada por 4-1 en su feudo, siendo posteriormente la única que sacó un empate en España. 26 puntos dieron el liderato a la Selección, seguida por Dinamarca con 21. España había dejado a Bélgica fuera de la Eurocopa, devolviéndole el flaco favor diez años después. Ya clasificada, el azar la encuadró en el segundo de los cuatro grupos de Inglaterra ´96. Las compañeras de viaje serían, cuando menos, atractivas. Debido a sus propuestas futbolísticas, a la categoría de muchos de sus jugadores y a los excelentes resultados conseguidos en el Mundial norteamericano, para mediados de los noventa Bulgaria y Rumania eran las sensaciones a nivel internacional.

Con Iordanescu en la dirección, Rumania expuso un fútbol exquisito para vencer en estados Unidos, entre otras, a la Argentina entrenada por Basile, cayendo luego en cuartos de final contra otra de las alegrías inesperadas, la Suecia de Brolin y Dhalin. Para 1996, uno de los mejores mediapuntas del Steaua de finales de los ochenta, Hagi, era todavía el crack del combinado centroeuropeo, aunque sus flojas aportaciones en la liga española y los 31 años con los que ya contaba hacían presagiar que su carrera daba sus últimas bocanadas.

La participación de Bulgaria en el Mundial fue incluso mejor, siendo frenada en semifinales por la Italia de Arrigo Sacchi y un estelar Roberto Baggio que firmó doblete. Finalizaría cuarta al perder contra la propia Suecia, en el partido por el tercer y cuarto puesto. La estrella búlgara seguía siendo Stoichkov. El intenso delantero había ganado el Balón de Oro en 1994 y sido el máximo goleador de la Copa del Mundo, junto al ruso Salenko. Ya en la treintena y como en el caso de Hagi, los dos años distantes entre Mundial y Eurocopa habían calado hondo en su rendimiento, que menguaba a gran velocidad desde su salida del FC Barcelona, formando parte ahora del Parma y no siendo en el Calcio ni la mitad de importante que fuese en la Ciudad Condal. Aun así, marcaría los tres goles -uno por partido- que el combinado dirigido por Penev conseguiría en el torneo.

La Francia de Jacquet era la cuarta selección del grupo. El entrenador que relevase a Gerard Houllier tras el desastre de noviembre de 1993 que apartó a Francia del Mundial, pretendía reverdecer laureles. Bulgaria fue, precisamente, quien dejó a la selección gala fuera tras remontarle en el último minuto en el Parque de los Príncipes, por lo que volverían a cruzarse sus caminos. Para España también se trataba de revancha. Además de haber vencido a la Selección de Miguel Muñoz en la final de la Eurocopa de 1984 con un magnífico Platini, los franceses, dirigidos ahora precisamente por el diez, los alejaron de Suecia ´92. La Francia que acudiría a Reino Unido era un equipo potente, pero aún en reconstrucción. Desailly, Deschamps, Zidane o Djorkaeff ya eran líderes en sus respectivos clubes, pero hasta 1998 no comenzarían su reinado en los torneos de selecciones. Pese a ello, se trataba de un grupo de futbolistas tremendo, al que solo paró la tanda de penaltis en la semifinal contra la República Checa.

Lo acontecido en el grupo B

España 1-1 Bulgaria (09 de junio de 1996, Elland Road-Leeds)

España, en 4-2-3-1: Zubizarreta/ Belsué-Alkorta-Abelardo-Sergi/ Hierro-Amor/ Caminero-Guerrero-Luís Enrique/ Pizzi

Bulgaria, en 4-4-2: Mihaylov/ Kishishev-Hubchev-Ivanov-Kiriakov/ Lechkov-Yankov/ Kostadinov-Balakov/ Stoichkov-Penev

Propiciado por la ausencia de un Nadal que arrastraba dos partidos de sanción, Clemente propuso el equipo más técnico del que disponía, apostando por Amor y no por Donato para formar el doble pivote junto a Hierro. El equipo jugó sin extremos puros, siendo los interiores Caminero y Luís Enrique los encargados, junto a Guerrero, de hacer llegar el esférico a Pizzi. Atrás, los que venían siendo inamovibles defenderían el arco del jugador más veterano, el insustituible para Clemente Zubizarreta. El técnico apostó por el talento, pero la cosa salió mal.

Amor no se hizo con la manija y sólo Hierro estuvo a su verdadero nivel, siendo el mejor del partido. El juego fue muy lento, y eso lo castigó Stoichkov. En el minuto 48 le anularon un gol legal, pero en el 64 haría el 1-0 de penalti. Cuando la situación se torció la técnica pasó al banquillo. Guerrero en el 52´, Amor en el 70´ y Caminero en el 81´dejaron sus puestos a Amavisca Alfonso y Donato respectivamente. El partido no se había dominado, y tocaba el juego directo. El fútbol para el que Clemente estaba preparado. Por fortuna los cambios salieron a pedir de boca. Alfonso marcaría el empate en el minuto 74, y pese a las expulsiones de Pizzi y Hubchev el partido acabaría de manera amistosa, con un punto para cada escuadra.

Francia 1-1 España (15 de junio de 1996, Elland Road-Leeds)

Francia, en 4-3-3: Lama/ Angloma-Desailly-Blanc-Lizarazu/ Deschamps-Karembeu-Guerin/ Djorkaeff-Zidane-Loko

España, en 4-3-3: Zubizarreta/ Otero-López-Abelardo-Sergi/ Alkorta-Hierro/ Luís Enrique-Caminero-Amavisca/ Alfonso

Difícil saber si por lo visto en el primer partido, por el rival del presente o por la mezcla de ambos, Clemente revolucionó el XI. El dibujo fue similar, pero las características de los jugadores usados tenían poco que ver. El rendimiento de Amor y Guerrero no había convencido al míster, y con la imponente línea de tres formada por Deschamps, Karembeu y Guerin, ambos centrocampistas ganaban enteros para salir. Guerrero fue suplente, actuando Caminero en su lugar, como enganche. El permeable Luís Enrique pasó de la izquierda a la derecha y su lugar en la siniestra lo ocupó Amavisca. Alkorta jugaría por primera vez en el doble pivote, pendiente de Zidane, y en el centro de la zaga lo haría López. Alkorta acabó no viendo el esférico y siendo el más flojo del partido y López despejando todas, convirtiéndose en el mejor. Clemente hizo un once en función del rival, como en tantas ocasiones. El partido no fue bueno, pero se consiguió el resultado.

En el minuto 47, un gran pase del incansable Karembeu fue a parar a los pies de un Djorkaeff que, habilitado por un Abelardo que trazó mal la línea del fuera de juego, controló y definió a la altura del crack que era. Nuevamente el entrenador español encontró la solución desde el banquillo. Kiko y Manjarín debutaban en el campeonato sustituyendo a Otero y Luís Enrique en los primeros minutos de la reanudación. Con los cambios Alkorta retrasaba su posición, López pasaba a la derecha y el ataque quedaba para los recién ingresados, imperando ahora la lógica en las posiciones. A diez minutos del final el juego de la Selección Española había mejorado ligeramente, y la sensación de peligro era mayor. Salinas salió por Alfonso, juntándose a Kiko en la punta. Los cambios defensivos de Jaquet, con las salidas de Thuram y Roche, quedaron en nada cuando Caminero empató el encuentro en el 85´, aprovechando una de las tres jugadas que a esas alturas ya se había imaginado Kiko y la asistencia final de Manjarín. Dos partidos y dos puntos para los de Clemente, que se jugarían todo en la última jornada contra la selección de los Cárpatos, ya eliminada al cosechar una nueva derrota frente a Bulgaria. Francia, clasificada.

Rumania 1-2 España (18 de junio de 1996, Elland Road-Leeds)

Rumania, en 4-2-3-1: Prunea/ Petrescu-Prodan-Dobos-Selymes/ Popescu-Galca/ Stinga-Hagi-Raducioiu/ Ilie

España, en 4-2-3-1: Zubizarreta/ López-Alkorta-Abelardo-Sergi/ Hierro-Nadal/ Manjarín-Kiko-Amavisca/Pizzi

Pese a estar fuera del torneo, Iordanescu alineó a sus mejores hombres, con el único cambio importante de un Prunea que relevó a Stelea bajo palos. Hagi volvería a hacerlos jugar e Ilie y Raducioiu bregarían para el gol. Por parte de España, otra vez multitud de variaciones. Por tercer partido el lateral derecho no tuvo dueño, jugando López tras las titularidades previas de Belsué y Otero. El retorno de Nadal permitió a Clemente alinear su clásico mediocentro físico, con la dupla formada con Hierro. En gran medida, esta seguridad permitió que por primera vez jugasen los dos extremos, dando un cariz atacante, quizá el mayor posible, al combinado nacional. Amavisca y Manjarín sustituían así a dos de las estrellas del equipo, Caminero y Luís Enrique, que pocas veces habían dado con sus huesos en el banquillo. Tras su influyente debut, Kiko jugó de inicio para servir a Pizzi, que se asentaba tras su sanción.

El partido fue bueno por las dos partes, con tramos de dominio para cada una y peligrosidad en ambas porterías. Por primera vez España comenzaría ganando, con un tempranero gol de Manjarín. Raducioiu empató la contienda en el minuto 28, lo que obligaba a los españoles a hacer un segundo gol para pasar de fase. Francia, por su parte, daba una lección de integridad y echaba una mano a sus vecinos sureños, venciendo por tres goles a uno a Bulgaria y ahuyentando los fantasmas de un posible empate pactado que clasificaría a ambas. Como en el anterior encuentro, el empate se conseguiría agónicamente, a sólo cinco minutos del pitido final. Y nuevamente, gracias a los cambios. Alfonso sustituyó a un Pizzi poco acertado. Amor entró por Abelardo mediada la segunda parte, pasando Nadal a la defensa. Guerrero volvía a jugar, saltando al campo cinco minutos después que Guillermo, ante otra floja participación de Amavisca. Esta vez, a diferencia del debut, la calidad esperaba su momento, fue usada y acabó por decidir. La aportación de los dos primeros cambios fue determinante. En el 84´Amor daba la victoria a la Selección Española, tras trece tiros a puerta que parecían no servir de nada. España estaba clasificada como segunda de grupo. Esperaba en cuartos de final la anfitriona, la Inglaterra de Gascoigne y Shearer.

A casa en cuartos, otra vez

Inglaterra 0-0 España (22 de junio de 1996, Wembley-Londres)

Inglaterra, en 4-4-2: Seaman/ G.Neville-Adams-Sothgate-Pearce/ Platt-Anderton/ McManaman-Gascoigne/ Sheringham-Shearer

España, en 5-2-2-1: Zubizarreta/ Belsué-Alkorta-Nadal-Abelardo-Sergi/ Hierro-Amor/ Manjarín-Kiko/ Salinas

Inglaterra llegaba a cuartos exultante, tras ganar todo lo jugado, golear por 4-1 a la potente Holanda de Hiddink y contar con un público absolutamente entregado. Gascoigne sumaba exhibición por partido y Shearer era capaz de marcar goles casi involuntariamente -acabaría de máximo artillero con cinco-. Terry Venables parecía haber dado con la tecla: orden atrás, dureza en el medio, talento arriba y la pasión transmitida por el ambiente que lo amasaba todo. Por suerte para España, el mediocentro que equilibraba el mágico ataque de Gascoigne, Paul Ince, se perdería la cita por acumulación de tarjetas.

Ante lo exigido del momento, Clemente volvió a adecuar el dibujo. En esta ocasión fueron cinco defensas, prescindiéndose para ello de la banda izquierda del ataque. Nadal retrasó su puesto para ejercer de líbero, actuando Alkorta y Abelardo de centrales, pendientes del dúo británico ofensivo. Belsué regresó a la titularidad y Amor al mediocentro, Caminero y Luis Enrique siguieron esperando su momento y en la vanguardia se mantuvieron Kiko y Manjarín, siendo Salinas quien desbancase a Pizzi. Paradójicamente, la alineación más defensiva posible, la de mayor repliegue y salida, fue la que más dominó al rival. En gran medida gracias a un espectacular Sergi, que por el flanco izquierdo hacía de defensa, de constructor y de percutor arriba. Fue el mejor jugador del partido y compartió con el campeón Ziege y el siempre fiable Maldini el honor de ser el mejor lateral del torneo.

A pesar del ambiente España no se amilanó, jugó su mejor encuentro y uno de los más bonitos del campeonato pese al resultado. Inglaterra tenía pólvora. Shearer estuvo a punto de batir a Zubizarreta, pero falló incomprensiblemente bajo palos en la ocasión más clara de las generadas. Las propuestas eran similares, muy en la esencia de españoles e ingleses. Las ocasiones se sucedían con gran ritmo en ambas porterías. Saltaron al verde Caminero, Alfonso y  López por los peninsulares, y Venables aguantó a sus titulares hasta el final y sólo realizó las sustituciones cuando el partido necesitó dos mitades más. Barmby, Stone y Fowler se despojaron del peto y formaron un nuevo ataque, dejando a Shearer como único superviviente. Hubo varios conatos de penalti, pero no llegaron los goles, ni en los 90 minutos ni en las ampliaciones. A Julio Salinas le fue anulado uno por fuera de juego inexistente, eso sí. El Gol de Oro tampoco se dejó ver y Marc Batta hizo sonar el silbato que indicaba la tanda de penaltis. Ni Seaman ni Zubizarreta, porteros de estilo ortodoxo y tradicional, ofrecían reales garantías. Zubi no pudo detener ninguno, marcando los cuatro lanzadores ingleses, entre ellos Pearce, que pasó a ser héroe. Seaman tampoco brilló, pero Hierro encontró el travesaño y el guardameta detuvo a Nadal en el cuarto y definitivo. 4-2 y España de vuelta a casa con las pertinentes declaraciones de Salinas: “Cuando jugamos bien, nos eliminan. Nos pasó e Méjico, Italia y Estados Unidos, y nos vuelve a pasar”, y de un siempre claro Clemente: “Me voy con la satisfacción de haberlos barrido. Por desgracia vuelvo a casa, como en Estados Unidos, tras un gran partido”.

Inglaterra caería en semifinales contra Alemania desde los once metros, siendo el mismo desenlace que esperaba a Francia en la eliminatoria paralela. La buena Alemania dirigida por Berti Vogts ganaría la final a la revelación del torneo, la República Checa de la generación de Nedved, Berger y Poborsky. Un suplente llamado Bierhoff anotaría los dos goles teutones, el que empataría el partido y el de oro que pondría el 2-1 definitivo, permitiendo así que otros míticos ya veteranos como Kopke, Sammer, Hassler o Klinsmann levantasen el merecido trofeo.

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