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Los mitos equivocados de la afición española

Hasta junio de 2008, la Selección española de fútbol tenía una historia muy pobre a la que poder agarrarse. Un título europeo en 1964, un cuarto puesto en el Mundial de 1950 y un subcampeonato en la Eurocopa’84 eran sus únicos logros destacables. A todas luces, un balance exiguo en comparación con el que otros combinados nacionales (Brasil, Italia, Alemania, Argentina, Francia, Uruguay, Inglaterra o Países Bajos) atesoraban antes de que La Roja diera el gran salto en el Europeo de 2008 a las órdenes de Luis Aragonés.

Habida cuenta de la lejanía en el tiempo del Mundial’50 y la Eurocopa’64, buena parte de la afición española ha ido construyendo mitos más cercanos valorando éxitos de escasa entidad como si fueran grandes victorias. Un ejemplo claro es el 12-1 a Malta, partido cuyo abultado marcador dio a la selección entrenada entonces por Miguel Muñoz el billete para la Eurocopa de 1984.

España se clasificó para Francia’84 gracias a haber derrotado aquel 21 de diciembre de 1983 a los malteses por esa diferencia de once goles. De no haberlo logrado, se habría quedado en casa, cediendo el paso a la selección holandesa, con la que finalizó empatada a puntos.

Este artículo no pretende negar la épica de aquella imprescindible goleada en el Benito Villamarín, pero sí poner en duda su lugar de honor en el imaginario colectivo de una hinchada española que, sin embargo, no recuerda, o no lo hace como debería, duelos mucho más importantes. Como uno que tuvo lugar apenas medio año después, ya en la fase final del torneo continental.

En la fase de grupos, los de Miguel Muñoz se midieron en primer lugar a Rumania y después a Portugal, empatando a uno en ambos casos. En el tercer y último choque esperaba Alemania Federal, a todas luces favorita para obtener uno de los dos puestos que daban el pase directo a las semifinales del campeonato.

Entonces, la victoria valía sólo dos puntos y a los germanos les bastaba el empate para dejar fuera a La Roja, que entonces era conocida como La Furia. Pese a ello, los teutones apretaron y disfrutaron de numerosas ocasiones de gol, muchas de ellas desbaratadas por las manos de Luis Miguel Arconada. Sin embargo, los españoles resistieron las embestidas alemanas y, a punto de cumplirse el minuto 90, un remate de cabeza de Antonio Maceda lograba un éxito sin precedentes: hasta entonces, España nunca había derrotado a Alemania en partido oficial.

El mérito de aquel resultado no sólo residió en haber conseguido el pase a las semifinales de la Eurocopa. Aquel triunfo se obtuvo sobre un rival con jugadores de la talla de Rummenigge, Matthäus, Brehme, Schumacher, Stilieke o Völler, una selección que en aquel momento era vigente campeona de Europa y subcampeona del Mundo. A todas luces, un éxito infinitamente mayor que golear a Malta, un rival del nivel de un Segunda B.

Ayer fue el aniversario de otra victoria infravalorada, e incluso denostada en su momento, por ciertos puristas del fútbol. El 13 de octubre de 1993, la selección estaba con pie y medio fuera del Mundial de 1994. Entrenado entonces por el polémico Javier Clemente, el equipo nacional necesitaba ganar los dos últimos partidos de la fase clasificatoria para viajar a Estados Unidos el verano siguiente.

Precisamente esos dos choques eran contra los dos rivales directos por las dos plazas que daban el billete a la cita mundialista. El primer match ball era ante la correosa Irlanda en su campo, en el que no había sido derrotada durante siete años.

Con una espectacular volea de Caminero y otros dos contragolpes culminados por Julio Salinas, España ya ganaba 0-3 a la media hora de juego. Los irlandeses sólo pudieron marcar el gol del honor a veinte minutos del pitido final.

Pero aquella victoria sobre Eire no habría servido de nada si dos meses más tarde los de Clemente no hubieran vencido en casa a la Dinamarca de Michael y Brian Laudrup, entonces la actual campeona europea. Fue otro partido en el que se tiró de épica, con los españoles jugando ochenta minutos con diez hombres por la expulsión de Zubizarreta. El gol de Hierro, que supuso el ansiado billete para EEUU’94, es otro de los momentos que deberían perdurar en la memoria de la afición muy por delante de los doce a Malta.

Tanto en el deporte como en la vida en general, uno vale lo que valen los retos a los que se enfrenta. Por ello, va siendo hora de que los nostálgicos del 12-1 empiecen a mirar hacia otros hitos en la historia de la Selección española de fútbol.

2 Responses

  1. Tomas Gil

    Tienes razón en la mayor importancia de los partidos que comentas, pero lo del 12-1, los que lo vivimos, es inolvidable. Además fue una explosión de alegría en el país, en años no precisamente boyantes

    1. elrevulsivo

      Gracias por comentar, Tomás. Como apunta el artículo, no pretende negar la épica de aquella goleada imprescindible, sino poner a los partidos realmente importantes en su sitio. La afición debe aprender a valorar las victorias frente a equipos grandes y/o complicados, partidos que apenas se recuerdan.

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