Home > Opinión > Una linda obviedad

A la jornada 8, llegaba la UD Melilla en mitad de la tabla. En otros tiempos, dos victorias, dos derrotas y tres empates serían resultados aceptables para la entidad. En tiempos eternos, realmente: todos los anteriores a la temporada 2018/19. Y quizá mañana vuelvan a serlo. Pero hoy, no. Y es que en dicha campaña cambiaron las perspectivas, ya que el conformista por obligación aficionado melillense había salido repentinamente de su letargo, subiéndose a una nube en forma de clasificaciones en Copa del Rey, liderato y play-off que todavía parecía ser, en su mente, el suelo habitual por el que siempre caminó. Y Víctor Cea y los integrantes de una plantilla renovada de cabo a rabo tendrían que lidiar con eso en la 19/20.

Pero para fortuna del técnico, acababa de ganar un partido. Y el ganar conlleva crédito. La reciente victoria a domicilio ante un Langreo que se hundía en aguas bravas de descenso hizo que los críticos que pedían su cabeza días antes estuviesen ahora dispuestos, acaso temporalmente, a manipular la Historia una vez más a su conveniencia, deteniendo el tiempo en la habitación donde Josep Ignace Guillotin planeaba la mecánica que luego se convertiría en muerte, allá por finales del siglo XVIII.

Aunque noventa minutos después lo pareciese, el rival que visitaba el Álvarez Claro esta jornada no era cualquier cosa, ya que el filial de la UD Las Palmas se encontraba octavo, cuatro puestos aunque solo dos puntos por encima de la UD Melilla, bregando por entrar en posiciones de privilegio y que así sus aficionados estuviesen conforme con ellos.

Ya en el partido, los gatos sueltos que acudieron al Álvarez Claro no tendrían que esperar mucho para ver las propuestas de ambos entrenadores. Para las 12:05 horas de un domingo 13 de octubre cuyos 35 grados bajo sol contradecían las normas del otoño, las cartas estaban sobre la mesa: UD Mellla: balón; UD Las Palmas atlético: espacios. A juzgar por lo visto en los antecedentes inmediatos, lo esperado.

Por parte del cuadro melillense, en su insistencia por poner en el centro del campo al máximo número de jugadores de control para conseguir dominar con solvencia los partidos en casa, Cea volvió a confiar en la última zona media que cosechase un empate en la ciudad. En su inamovible 4-3-3, esto suponía un cambio principal en la alineación con respecto a la reciente fecha a domicilio, visitas en las que el técnico procuraba ser más vertical en la franja de ataque. Prescindiendo del extremo derecho Ruano, sancionado, y pasando a Mawi a ese costado, la entrada de Deco en el interior suponía adelantar a Carri, el principal talento de la plantilla, un interior con alma de enganche, a zona de falso ala izquierda. Ahora, la escalera hasta llegar a Hicham, que volvía a ser el delantero centro en lugar de los más delanteros pero hasta la fecha menos eficaces Héctor y Carlos, tenía una nueva pierna técnica y a priori fiable, en la figura del malagueño Deco. Por lo demás, el técnico repetía una zaga de cuatro que, si bien inesperada a principios de año teniendo en cuenta el nivel de Richi, el fichaje de Mena para la izquierda o el de Garay como primera alternativa para sustituir en la dupla central, había sufrido variaciones constantes y venía de conseguir una victoria.

El partido empezó, continuó y finalizó como antes se apuntaba. Los de Cea trataron de avanzar desde la defensa a través del pase corto, y los canteranos canarios esperaron replegados en su campo para aprovechar el fallo local que propiciase se contragolpe.

Durante la primera mitad, Diana y sobre todo Mahanan abusaron del toque horizontal entre ellos, un pase de seguridad dada la carencia de presión allí. Pero no había fluidez en el avance, y es que se daba un problema en esa lectura de la posesión. Sabedor del plan de juego azulino, el rival reculaba y cerraba, dejando que la zaga local avanzase reteniendo el balón, quedando tanto Ceberio como los interiores cada vez más empotrados entre las líneas amarillas. Sin ese pronto pase de riesgo mediante el que los zagueros encontrasen al pivote superando así la primera línea de presión, solo quedaba esperar que cualquiera de los centrales melillenses se aventurase a conducir hacia delante, opción que tampoco se dio. Aun así, el equipo encontró combinaciones sobre todo en el costado izquierdo, con los hermanos Carrión, muy activo el lateral en las subidas y siempre presto el atacante en los desmarques de apoyo.

Pasaron los minutos y pese a la acaparación total del balón, la apuesta de Deco como titular no funcionó, ya que sus ofrecimientos fueron escasos y era Carri quien, retrasando metros, trataba de subir el esférico. En presión alta a la salida rival, otra de las consignas de Cea, sí estuvo Deco más activo, saltando sobre uno de los centrales toda vez que Carri bajaba a seguir al lateral de su costado. Pero tampoco se robaron pelotas así.
Como el balón no llegaba a las rupturas que Hicham trazaba arriba, el delantero decidió sacar su esencia de centrocampisa. Así fue como, retrasado, recibió dos pelotas en la frontal que no tardó en encañonar, aunque resultaron centradas. Al descanso se llegó con un empate sin goles, cuatro ocasiones por parte de la UD Melilla y ninguna llegada al área de los visitantes.

Apenas dos minutos tras la reanudación, una mala entrega de Diana en la salida fue a parar a pies de la vanguardia rival, plantándose Robert solo ante Hodei y haciendo el 0-1. Tocaba remar contracorriente. Valiente, Cea retiró a Mahanan en el 59’ , atrasó a Cebeiro y dio entrada a Héctor en punta, con un Hicham ahora en la mediapunta. Con gran insistencia, mejores elecciones en la elaboración, pésimo acierto y nada de fortuna ante el marco rival, durante toda la segunda mitad la UD Melilla alternó ataques frontales con penetraciones por los costados, con un Carrión que prácticamente había olvidado el lateral y se mantenía de extremo. Mientras que desde el banquillo visitante se oían gritos de “Hacia arriba, tírala hacia arriba”, del técnico a sus centrales, la cascada de ocasiones locales fue ganando caudal.

Tras un un testarazo de Héctor, un remate a bocajarro de Carri tras una genial maniobra de control en el área chica, varios pases de la muerte sin receptor, dos ocasiones de Hicham con la zurda que se fueron lamiendo el palo o una de Mawi bajo palos que detuvo nuevamente Choolani, el resultado se mantuvo al final de los noventa minutos. Ya en la puerta de salida del estadio, se escucharon no pocos mensajes como el que sigue: “Manada de sinvergüenzas, a tercera tenían que bajar. Qué poca vergüenza”. En resumen, tras la derrota los aficionados habían vuelto a activar el mecanismo que hacia avanzar la Historia a conveniencia, pidiendo nuevamente que la guillotina cayese sobre Cea, separando su cabeza de la UD Melilla.

Y uno, que ha vivido años de pelotazos constantes en esas gradas y hoy se iba disgustado por la falta de suerte y no por lo presenciado, no sabía qué pensar ante esos juicios tan injustos como irreales.

Víctor Cea, en el momento de saltar al terreno de juego. Foto: UD Melilla.

Pero con la calma llega la reflexión. Y esta a menudo deja conclusiones aplastantes. Cierto es que en el fútbol no gana la posesión, y que esta hay que encauzarla hacia el resultado. Pero creo que, encauzada mejor o peor, difícilmente se pierdan muchos partidos teniendo el balón el 90% del tiempo y permitiendo que el rival tire a puerta una única vez mientras que tú acabas tirando alrededor de veinte. Y eso no son solo estadísticas, y no creo que sea parcialidad. Eso es merecimiento al margen de resultado. Eso es, sobre todo, una linda obviedad.

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