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Josh Adams, un fénix en llamas

Apenas con un mes de competición el resiliente Joshua Adams ya maravilla en la liga ACB. El joven base de Phoenix, que a punto estuvo de perder la vida en 2016 en un accidente de tráfico, parece haber caíso de pie en el Unicaja de Luis Casimiro. Es el indefendible “jugón” que marca las diferencias en el cuadro caijsta, que pide el balón cuando más quema y retuerce los renglones de la lógica para sacar los partidos adelante. Si nada se vuelve a fastidiar, sus prodigiosos muelles le llevarán a la élite del básquet europeo por la vía de la Costa del Sol, camino que ya transitaron otros míticos del puesto y de la competición como Louis Bullock o Jayson Granger. Fuego camina con él.

Lo que más llama la atención del finixiano, anécdotas de vida aparte, es su portentoso físico. Con apenas 1,88 metros de estatura, Josh Adams posee un velocísimo juego de pies y una capacidad de salto vertical sin parangón en la ACB, algo que le permite coger rebotes o machacar por encima de pivots muchísimo más altos que él. A poco que mejore su autocontrol sobre el parquet, perfeccione la dirección de juego y potencie -aprovechando su envidiable físico- la capacidad defensiva, será un jugador de leyenda.

Es el típico ‘uno’ con vocación de ‘dos’ de juego atractivo, dinámico e imprevisible, al que nadie quiere defender. Con mejor capacidad anotadora que dirección, con más corazón que cabeza. Por sus condiciones, se le da mejor penetrar a canasta que el lanzamiento lejano (su media ha rondado un 35% desde más allá de la línea de 6,75), aunque durante estas cuatro primeras jornadas de liga ACB acumula un 55% de efectividad en triples. Dudamos, aun así, de la fiabilidad de la estadística con un jugador tan “de rachas” como el bueno de Joshua. Dicha irregularidad, no obstante, ha sido uno de sus grandes frenos a la hora de alcanzar hitos deportivos mayores. Todo ello a pesar de su “desbordante” talento.

Brutal Josh Adams.

Josh Adams comenzó a despuntar en Chaparral State (Colorado), equipo de high school al que regaló una liga estatal siendo el mejor jugador del campeonato. Su buen trabajo le llevó a la Universidad de Wyoming, donde necesitó una temporada de adaptación en el tránsito al baloncesto universitario. Ya como sophomore consiguió que sus estadísticas se elevaran hasta los 12.2 puntos por partido y, en su tercer curso, fue MVP de una liga en la que su equipo acabaría levantando el título de la Mountain West. La campaña siguiente (su última en Wyoming) fue la más prolífica del base, que se apuntó 24.7 créditos, 5.5 rebotes y 4.2 asistencias por juego, anotó más triples que nadie en la competición (94), destrozó el récord anotador de su universidad (740 puntos en una temporada) y fue nombrado jugador del año en su conferencia.

De tan superior que se veía en la cancha, todo parecía apuntar a que el siguiente destino de Adams residiría en la NBA, pero sorprendentemente ningún equipo le drafteó. “Después de mi último año estaba plenamente convencido de que iba a acabar en la NBA. Los scouters y evaluadores de los diferentes equipos sólo decían cosas buenas de mí, ya había alcanzado el éxito de manera individual y colectiva y me veía preparado para seguir haciéndolo en la mejor liga del mundo. Me siento aturdido y decepcionado”, comentó Adams. Su ex compañero de equipo en los Cowboys, el ahora CavalierLarry Nance Jr.,llegó a afirmar aquella misma semana –por redes sociales- que “30 equipos se habían equivocado al no elegir a Josh” y que “lo acabarían lamentando”.

Adams, que seguía empeñado jugar en la NBA, aceptaba una invitación de los Denver Nuggets para participar con ellos en la liga de verano. Desafortunadamente para el de Phoenix, las posiciones de escolta y base estaban bien cubiertas en el equipo de Colorado, por lo que Josh tuvo que replantearse de nuevo el futuro tras la summer league y asumir que, de momento, estaba lejos de casa.

Aunque le llegaron varias ofertas llamativas del extranjero, el base acabaría aceptando la del BC Avtodor Saratov de la Liga Rusa, club que le ofrecía dos años de contrato con un salario de seis cifras, algo irrechazable para un joven de 22 años sin experiencia profesional.

El accidente

En un verano de despedidas, y ya con las maletas a medio hacer, a Adams le sobrevino una tremenda desgracia. Una madrugada de agosto, al volver de una reunión con algunos amigos de su juventud, el de Arizona se quedó dormido al volante de su coche, cayó a una zanja y se fracturó el esternón y dos vértebras del cuello (la C5 y la C6). Esquivó, por centímetros, la muerte y la tetraplejia, pero no tenía certeza alguna acerca de si podría volver a jugar al baloncesto. Ni tan siquiera sabía si sería capaz de pagar sus carísimas facturas médicas (55.000$), por lo que se vio obligado a solicitar ayuda por las redes sociales a través de un crowfunding.

Así quedó el coche de Josh Adams tras el accidente.

El Avdotor Saratov, equipo “al que le debe todo”, lo esperó durante los seis meses que duró su tortuosa recuperación. La cicatriz de 25 puntos en la frente que observaba cada vez que se enfrentaba al espejo le recordaba que era un tipo afortunado, a fin de cuentas, y que aún no tenía que decir adiós a su sueño. Josh volvería a casa, a donde fue feliz (Chaparral), para continuar con su proceso de rehabilitación apoyado por su familia.

Dios me probó en aquel accidente. Me rompió espiritual, mental, emocional y físicamente, pero ahora es más fuerte mi fe y soy más fuerte, en general, como jugador de baloncest ”, comentaba Adams. “Como jugador, mis entrenadores destrozaron mi juego hasta los cimientos para convertirme en un mejor jugador. Como hombre, Dios me ha quebrado para que vuelva más fuerte».

El retorno

En enero llegaría a Rusia, donde resurgió -cual ave fénix- ya desde su primer partido con el Avdotor Saratov. Anotó 15 puntos, dió 4 asistencias, recogió 3 rebotes y sumó dos robos de balón, casi nada. Los cinco meses siguientes tampoco le fueron nada mal, pues conseguiría acabar la VTB con unos guarismos medios de 12.1 créditos y 4-2 asistencias, aunque su juego fue algo inconsistente por etapas.

Tras un nuevo e “improductivo” periplo veraniego con los Dallas Mavericks en la Summer League, Josh Adams acabaría firmando con uno de los clubes más importantes de Europa, el Anadolu Efes de Dusan Ivkovic, un mítico entrenador de firmes convicciones que, obligado a extraer resultados de una plantilla brillante, no estaba para esperar que Josh Adams tuviese el día. Ese enero, por tanto, el norteamericano decidía cambiar de equipo pero no de ciudad, mudándose al Besiktas vecino.

Al abandonar Estambul marchó rumbo a China, a un Shanxi Brave Dragons donde ya jugaron grandes cracks como Luis Scola, Jason Williams o Stephon Marbury. Allí firmaría unos números envidiables (26.4 puntos, 5.4 rebotes y 4.8 asistencias) antes de regresar a Norteamérica en Navidad. A finales del pasado enero lo reclutaron los Raptors 905, reserva en la G-League del último equipo ganador de la NBA. Allí promedió 14.8 puntos, 4.2 rebotes y 4.2 asistencias; participando como internacional y a las órdenes de Jeff Van Gundy en varias ventanas FIBA.

Esta campaña aterriza en Málaga con una edad adecuada para dar el definitivo salto de calidad que tanto anhela, para ser el jugador fiable y regular que necesita ser. Agradecerá, sin duda, el buen influjo de su experimentado técnico y de su principal rival en el puesto de base, Alberto Díaz, “uno de los mejores defensores que ha encontrado nunca”. Mejorará, con toda certeza, o acabará pagándolo con más minutos en el banco. A pesar de su calidad. Luis Casimiro no se anda con chiquitas.

Y es que, hasta el momento, Josh Adams nos ha regalado varias actuaciones ofensivas de gran nivel (especialmente sobresaliente la del Buesa Arena ante el Baskonia), pero también nos ha dejado alguna que otra muestra de su bien conocida irregularidad. En el segundo partido de Eurocup, por ejemplo, y frente al Asseco Arda de Gydnia, el jugador de Arizona estuvo especialmente errático en la dirección y pecó de individualista. Aquel partido acabaría firmando un nefasto 0/9 en tiros de campo (con 0/6 en triples). Se ve, en esos flacos momentos, que su gestión de la ansiedad no es la mejor para un director de juego, y que sin confianza se convierte en una bomba de relojería.

Por todo esto, se puede esperar que Jaime Fernández siga intercambiando su puesto de escolta con el estadounidense, más aún tras escuchar las palabras de Luis Casimiro al término del último partido frente al Joventut, en las que defendía el concepto moderno de lamultidirección:

“Nunca he definido a Adams como base. En su día dije que tenemos la versatilidad de que pueda jugar de ‘uno’ y de ‘dos’. Tenemos dos combos que son fabulosos para jugar al baloncesto actual: meten puntos, pueden iniciar sistemas, puede hacer cosas… Hoy en día no se pueden establecer posiciones como antaño. Unos son los que generan, otros los que manejan, otros los que finalizan… y en el momento en el que vayamos cogiendo todo ese engranaje, seremos mucho mejores en ataque. Si hay un director de juego, es Alberto”.

En todo caso, y sea como base o como escolta, si Josh Adamas consigue gestionar mejor la ansiedad de la que hablamos y baja un poco más el culo a la hora de defender, acabará marcando una época en el baloncesto europeo. Que nada ni nadie le corte las alas al fénix: fuego camina con Adams.

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