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Regresa la obsesión olímpica

Habían transcurrido cinco años desde los Juegos Olímpicos de Barcelona, los mejores de la historia, que es lo que siempre se dice tras unos Juegos -aquella vez era verdad-. En 1997, alguien en Sevilla había soñado de forma infantil con seguir los pasos de la Ciudad Condal. Pero la carrera para la olimpiada de 2004 le dio una bofetada de realidad a la candidatura hispalense, que no pasó el primer corte. ¿A quién se le puede ocurrir que el Comité Olímpico Internacional elegiría a una ciudad española para la cita de 2004, sólo doce años después de que otra ciudad española fuese sede?

La capital andaluza volvió a intentarlo para los Juegos de 2008, repitiendo el fracaso. Pero lo que realmente dejó ríos de tinta e imágenes a todas horas fue la aspiración de Madrid a ser ciudad olímpica en 2012.

Madrid 2012 sí resultó un proyecto interesante a ojos del COI, que lo incluyó en el quinteto de candidatas finalistas, junto a Nueva York, Moscú, París y Londres. Sin embargo, en julio de 2005, en Singapur, la candidatura española se despeñaba de la nube. La eliminación de Moscú y Nueva York le había dado grandes esperanzas, pero en la delegación de Madrid no se pensó lo suficiente en que su sueño olímpico era un imposible frente a las capitales de Francia y el Reino Unido. ¿Por qué? Porque representaban a países poderosos que llevaban muchas décadas sin organizar unos Juegos: los franceses no lo hacían desde París 1924 y los británicos, que fueron los elegidos para 2012, desde Londres 1948. Habría sido bonito que Madrid fuera olímpico, pero el éxito de Barcelona 92 estaba todavía muy cercano.

Para 2016, el sueño se transformó en obsesión. Una obsesión irresponsable, vistos los precedentes. Esta es una lista que en toda candidatura a unos Juegos Olímpicos hay que tener presente: 1956, Oceanía; 1960, Europa; 1964, Asia; 1968, América; 1972, Europa; 1976, América; 1980, Europa; 1984, América; 1988, Asia; 1992, Europa; 1996, América; 2000, Oceanía; 2004, Europa; 2008, Asia y 2012, EuropaLa última vez que un mismo continente acogió dos ediciones consecutivas de los Juegos fue en 1952, cuando Helsinki tomó el testigo de Londres 1948. Desde entonces, siempre ha habido rotación entre continentes.

Es imposible que en la candidatura de Madrid 2016 no se conociera esa regla no escrita. En los medios se afirmó que había sido Jacques Rogge, presidente del COI cuando se procedió a la elección de las sedes de 2012 y 2016, el que animó al entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, a una tentativa olímpica consecutiva. Sin embargo, fue el Ayuntamiento de la capital el que se arriesgó a volver a perder, pues los ánimos de Rogge no debían en modo alguno interpretarse como una victoria segura de Madrid, finalmente derrotada por una ciudad no europea: Río de Janeiro.

La obsesión fue a más de cara a los Juegos de 2020, que organizará Tokio. Estas imágenes resumen el último fiasco para Madrid:

Tras el relaxing cup de la que fuera alcaldesa Ana Botella, Madrid parecía haberse convencido de que quizá falten algunas décadas más para que llegue su hora olímpica. Pero hoy, la portada de Abc vuelve a vender humo informando de que el nuevo alcalde de la villa y corte, José Luis Martínez-Almeida, recupera el sueño olímpico para dentro de trece años.

¿Madrid 2032? ¿Cuarenta años después que Barcelona? Puede ser tiempo suficiente. No tanto como el siglo que van a tener que esperar los franceses -de París 1924 a París 2024- ni las más de seis décadas que les tocaron a los ingleses con las citas de Londres -1948 y 2012-. Pero muchos residentes en Madrid podrían plantearse que convertir la ciudad en olímpica parece el único programa de gobierno cuando la derecha asume la alcaldía. Y que los tres precedentes han tenido resultados desastrosos.

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