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Rita la Cantaora, del hecho al dicho

No resulta complicado sortear nuestras responsabilidades recurriendo al refranero español: “a eso va a ir Rita la cantaora”, “eso lo va a hacer Rita la cantaora”, “te lo va a pagar Rita la cantaora”… y aunque Rita no vendrá a eludirnos de nuestras cuentas con Hacienda sí que hubo un tiempo en el que este personaje existió más allá del refranero.

Rita muestra a la revista
Rita muestra a la revista Estampa su última falda usada en un escenario

Rita Giménez García es el verdadero nombre de una mujer que muchos ubican en la ficción de una tradición popular, pero cuya fama era reconocida y meritoria de espacios en la prensa de su época. Oriunda de Jerez de la Frontera, Cádiz, y nacida en 1859, la artista que recibe por excelencia el atributo de cantaora, desarrolló su trayectoria profesional en Madrid.

Ella misma relata para la prensa de la capital como sus coplillas iniciales en las plazuelas y vecindarios de  Jerez dieron el salto hasta los más relevantes cafés de Madrid:  “Una vé me oyó un agente teatrá, y me contrató.  Trabajé la primera ve con las Macarronas y Juan Breva” declaraba a la revista Estampa en 1935.  En este debut inicial, Rita se rodeó de los más fulgurantes actores que tejían el flamenco de finales del siglo XIX.  Francisco Lema, más conocido como Fosforito, las Macarronas , las hermanas Coquineras o la Paloma la acompañan en sus años de debut en el Café Romero.

No tardó la artista en hacerse con el cariño del público y la prensa. Para 1885 el periódico El Enano le dedicaba un poema en el  que ensalzaba su belleza y su arte.

Del pueblo andaluz señora.
Todo el elogio merece.
Que su mirar enamora,
Que una rosa que florece
Es Rita la cantaora.
(..)
La petenera sentida,
Que canta en dulce embeleso.
Es reflejo de su vida.
Porque en cada nota anida
Una esperanza y un beso.

En 1901 la revista Alrededor del Mundo ya enmarcaba a Rita como una de las mejores cantaoras del flamenco. Sus pies pisaron los tablaos de los cafés cantantes más conocidos de la capital como El Café del Gato, el Café Imparcial o el Café de la Marina, lugares en los que se diluía el sabor amargo de un pueblo que trataba de asimilar importantes sucesos políticos como la Guerra de la Independencia o la Primera República y la Restauración. El abuso del alcohol, los juegos prohibidos o la prostitución situaban a estos cafés más veces en las secciones de sucesos que en las gacetillas de espectáculos de la prensa.  Una Real Orden de 1987 intentó invocar la legislación para frenar ciertos desmanes:

“El trato familiar que entre actores y espectadores se establece(…), la excesiva libertad de lenguaje que delata la licencia de las costumbres  y, más que nada, el abuso e bebidas espirituosas(…) promueven manifestaciones ruidosas(..) y (..) altercados violentos que son origen de graves escándalos que reclaman la frecuente intervención de la autoridad.”

Café cantnte de finales del siglo XIX
Café cantante de finales del siglo XIX

Ante este inevitable ambiente, implicado al máximo en el disfrute de un pueblo alegre y nocherniego, el flamenco se hacía cada vez más popular aunque no exento de tópicos y mala fama. Rita Giménez vive estos gloriosos años del cante y el baile siendo una de las principales artífices, tanto que  en 1904, Nuñez de Prado destaca en su obra Cantaores Andaluces la fama que la artista venía consiguiendo:

“La popularidad de su nombre es inmensa, y generales las simpatías de que goza y esto lo debe tanto a sus cualidades de artista, como al atractivo de su carácter alegre, comunicativo (…). Es justamente admirada y aun más justamente aplaudida porque dentro de ella hay algo que no pertenece a la generalidad, que no es vulgar, que lleva consigo(…)”

Según la biografía realizada por María Luisa Rovira y Jiménez de la Serna a Rita la Cantaora no se le resistía ningún palo del flamenco,  ni tampoco el baile con el que acompañaba sus actuaciones por malagueñas, soleares o bulerías, recibiendo también el sobrenombre de Rita la Bailaora. Su disposición iba consagrando una frase hecha no exenta, según apuntan algunos autores, de un carácter peyorativo fruto de las envidias.

Lo pue ser to” recordaba la artista en una entrevista en la revista  Estampa después de que el tiempo la alejara del tablao. La resaca del éxito y el triunfo se tradujo en miseria y olvido. “He vivio como una reina (…) y ahora soy más pobre que las ratas (…) Tuve a mi vera a muchos hombres que me hubieran elevao … y me casé con un voquetero de Carabanché. ¡La vía! Si uno supiera er fin que le aguarda en ella, la viviría de otro mo-o

En Carabanchel, Rita creía haberse topado con el olvido sin ser consciente de las fronteras temporales que atravesaría su nombre, no sin antes brindar una última actuación en 1934. “Lo del año pasao no se me orviará mientras viva. Tos los viejos reuníos. ¡Aquello! Ahora no hay más que buena vose y fandanguillos, cosa fina, pero na… Se acabó la sabiduría der cante y del baile”  recordaba la artista coincidiendo con quienes habían sido sus compañeros de tablao. “La cosa está sería. Nadie se cuida de proteger este arte, que es tan representativo… Y cuando no protegen al arte, menos a los artistas. Tiene usted buenos bailaoresy cantaores, hombres y mujeres, que están muriéndosede necesiá, por no encontrar trabajo en na. Los conocimientos se han muerto toos, o casi toos (…) Y aunque se conserve bien de los pinrele o der gañote, como tenga arrugas en la cara, que se eche a morí. El arte e lo ma ingratoque hay…” advertía la Nona en la misma entrevista concedida a Estampa.

Prmer cuadro flamenco que actuó en Madrid
Primer cuadro flamenco que actuó en Madrid

Ingrato o no, el flamenco fue a topar con Franco y con una guerra civil que obligó a Rita Giménez a abandonar el barrio de Carabanchel y establecerse en la localidad castellonense de Zorita del Maestrazgo donde fallecería en 1937 a la edad de 78 años.

Males que acarrea er tiempo,
quien pudiera penetrarlos,
pa ponerle remedio
ante que viniera er daño.”

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