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Futbolista de excepción suena a artista

Ni entender lo que trata de decir Joyce en su Ulises, ni penetrar en una maligna flor de Baudelaire, ni levantarse sobre una ola, sea de Woolf o del mar, ni dar tres acordes seguidos y limpios, riéndote quedo de Hendrix, ni si se pudiese ver el futuro, destripar qué le espera a este enfermo país. Nada. Nada tan estimulante como que la mejor chica de ese abarrotado local se fijase en tus secas carnes. Y encima sepa bailar. Y bailando te demostrase que no era vanidad o equívoco, si no que en efecto os eligió a ti y a tu ritmo, y no al cachas anclado a tu espalda, tan fácil de elegir. Pero si por casualidad pasó, no se repetirá. Al menos en vigilia. Olvídalo, o asúmelo. Es pasado, recuerdo, trauma. Hoy, algo más cercano a la ficción.

Así que, 24 de septiembre de 2019, en tu treintañera y real vida de sofá, familia, sota, caballo y rey, en tu verdad y presente, ve jugar a De Jong. En lugar de dedicar tiempo a la mancha de hijos de puta que inundan los telediarios de palabras huecas, observa a un Frenkie que sin hablar expresa. Un Frenkie que no miente.

Enciende el televisor y déjate llevar. Relajado, sin juicio. Si el balón está allí, abajo, lento y torpe, mira a De Jong acercarse, cabeza levantada, para asumir, arriesgar, girar y desbloquear. Tanto si falla como si no, sabes que él lo tiene. Si el esférico ya está aquí, obsérvalo esperar su momento, moverse, perfilares para recibir o recuperar. Acto seguido, como por ensalmo, alejada de los atascos observa la pelota fluir, como espiga seca que cae al torrente. Son las arterias del juego. Si por suerte -para ti, para él y para ella- la bola llegó a su bota derecha allá, arriba; amigo, el corazón del fútbol: espacio, asistencia y gol.

Ganar está bien. Pero, aunque equivocándose en su apreciación de las siempre equívocas masas, Vázquez Montalbán ya clavó el fondo del asunto. Y es que “de esos jugadores de excepción depende la adicción futbolística de cada uno de nosotros y de las masas”. De ellos, no de los resultados.

Vázquez Montalbán ya clavó el fondo del asunto. Y es que “de esos jugadores de excepción depende la adicción futbolística de cada uno de nosotros y de las masas”

Yo digo que la más bella jugada del mejor jugador no roza el fuego en la mirada y el olor en la piel de aquella chica del garito. Pero que tal y como está la cosa, deja de suspirar por esos ojos ya irreales, aparca también por momentos el esfuerzo reflexivo de comprender al genial Joyce, elimina de toda ecuación la perorata política y emborráchate siempre de cerveza y a menudo de acciones únicas de los tipos como De Jong, esos futbolistas elegidos. Porque de la poesía ya lo decía Bolaño: “Es difícil que llegues a tocarla, pero si te toca, ya no hay marcha atrás. Estás perdido”.

Nunca será la atención de una mujer, repito. Pero sin duda es uno de los más gratos embrujos, ese del arte. Y el único, al fin y al cabo, al alcance de la mano.

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