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Ansu Fati y las nacionalizaciones precipitadas de futbolistas

Al titular le falta el adjetivo “jóvenes” para completar el nombre “futbolistas”, pero no vamos a ponerle otra línea y descuadrarlo. La idea a transmitir es que convocar para la selección española a jóvenes prometedores para evitar que puedan hacerlo equipos de otros países con los que tienen vínculos suele resultar contraproducente. Tanto para el combinado nacional como -especialmente- para el propio jugador, que más pronto que tarde desaparecerá de las convocatorias y, encima, se habrá cerrado la puerta a ser internacional con otro país.

Una de las sensaciones del arranque de la Liga 2019-2020 es el canterano del FC Barcelona Ansu Fati, un chaval de 16 años cuya calidad le está dando muchos minutos en el once de Ernesto Valverde. A este jugador, nacido en Guinea-Bissau, se le acaba de conceder la nacionalidad española por carta de naturaleza, de manera que podrá defender la camiseta de España en el próximo Mundial sub-17.

En las dos últimas décadas ha habido varios casos de jóvenes, incluso adolescentes, con doble nacionalidad a los que el seleccionador de turno ha llamado con el único fin de evitar que el equipo del país de origen de uno de sus progenitores haga lo propio. La normativa vigente impide que un futbolista juegue con una selección si ya lo ha hecho antes con otra, de ahí las prisas para evitar que otros se lleven las perlas de la cantera patria.

Entre los internacionales preventivos con España destaca el caso de Bojan Krkic. Nacido en Linyola (Lleida) en 1990, de padre serbio y madre española, este canterano del Barça despuntó cuando en la temporada 2007-2008 Frank Rijkaard lo subió al primer equipo. Sus actuaciones despertaron la atención del entonces seleccionador nacional, Luis Aragonés, que lo convocó para un encuentro amistoso contra Francia en febrero de 2008. Sin embargo, el hispano-serbio no llegó a debutar en esa ocasión por una gastroenteritis que se achacó a los nervios previos al debut.

El técnico español quiso convocarlo para la Eurocopa de ese año, que finamente ganaría La Roja. Sin embargo, Bojan declinó acudir a la cita por problemas de “ansiedad”, como reveló en una entrevista años después. Finalmente, con 18 años ya cumplidos, Vicente del Bosque, sustituto de Luis tras el éxito europeo, hizo debutar al delantero el 10 de septiembre de 2008 en un España-Armenia de clasificación para el Mundial 2010. Fue la primera y la última vez que se vistió de corto con la selección.

El resto de la carrera de Bojan ya se conoce y no es lo que se esperaba de él. Suplente habitual en el Barça de Pep Guardiola, que logró el sextete en 2009, el hispano-serbio no logró afianzarse en el equipo y en 2011 fue traspasado a la Roma. Desde entonces, ha ido vagando de club en club sin encontrar su sitio. Tras pasar por MilanAjaxStoke City y Alavés, el futbolista milita a día de hoy en el Montreal Impact canadiense.

Otro caso similar es el del también canterano del Barcelona Munir. De origen marroquí, nació en El Escorial en 1995. Munir brilló en las primeras jornadas de la temporada 2014-2015 en el Barça de Luis Enrique. Tanto que Del Bosque se apresuró a convocarlo y lo mandó al terreno de juego en un encuentro contra Macedonia de las eliminatorias hacia la Eurocopa 2016. Entró en la segunda parte y sólo disputó 13 minutos. Al igual que Bojan, los primeros y últimos con España.

La carrera del atacante hispano-marroquí ha dado menos tumbos que la de Bojan -salió del Barça, estuvo cedido en el Valencia y ahora milita en el Sevilla- pero, al ver que ya no cuenta en la selección española, ha optado por intentar que la FIFA le permita jugar con Marruecos, lo que no ha conseguido.

No obstante, el caso más contundente de cómo puede cambiarle la vida a una joven promesa la temprana convocatoria por la selección es el de Thomas Christiansen. De padre danés y madre española, nació en el país de su progenitor en 1973. El suyo es otra muestra de talento prematuro en La Masía. Y nunca mejor dicho, porque fue convocado en 1993 por el entonces técnico español, Javier Clemente, cuando jugaba en el Barcelona B. De hecho, este delantero nunca llegó a debutar con el primer equipo del Barça de Johan Cruyff, pero sí lo hizo con la selección absoluta. Ocurrió en dos ocasiones: en un amistoso frente a México y en un duelo de clasificación para el Mundial de 1994 frente a Lituania, en el que incluso marcó un gol. A partir de entonces, no volvió a ser internacional.

La falta de oportunidades en el Barça lo llevó cedido a SportingOsasuna y Racing. Finalmente, tras desvincularse del club azulgrana, fichó por el Oviedo, donde, como en los anteriores, tampoco cuajó. Su carrera parecía hundida, pero después de intentarlo en otros equipos españoles de Primera y Segunda División con igual pena y la misma inexistente gloria, probó suerte en distintas ligas extranjeras. Finalmente, el VfL Bochum alemán confió en él y llegó incluso a ser máximo goleador de la Bundesliga en la temporada 2002-2003.

Las expectativas creadas por el talento precoz de jóvenes futbolistas con doble nacionalidad crea en ellos una presión difícil de soportar, que acaba destrozando sus carreras -caso de Bojan- o reduciéndolos a jugadores de medio pelo -ejemplo de Munir-. O dejándolos fuera de juego durante unas cuantas temporadas, como a Christiansen, aunque finalmente pudo remontar el vuelo. Pero la losa de no poder volver a ser internacional siguió pesando sobre él. Qué menos que un pichichi de la liga alemana tenga la oportunidad de jugar un Mundial o una Eurocopa. Si España no contaba con él, quizá lo hubiera querido Dinamarca de haber estado autorizada.

La FIFA debería establecer algún mecanismo para evitar esa lucha preventiva entre países por los jóvenes valores del fútbol. Sería más justo y eficaz flexibilizar las normas y permitir que un futbolista convocado por un combinado nacional pueda ser seleccionable por otro en determinadas circunstancias.

España pudo contar en la Eurocopa 2008 con Marcos Senna -que completó una gran actuación- porque nunca había jugado un partido oficial con su país de origen, Brasil. Lo mismo ocurre con Diego Costa, que ha estado con La Roja en los Mundiales de 2014 y 2018 -en este hizo tres goles-.

Como sugerencia, podría ampliarse el margen para que la FIFA delimite hasta cuándo un jugador podrá cambiar de selección. Si ahora está en el hecho de que dispute un solo partido oficial -o unos minutos, como le ha pasado a Bojan y a Munir-, se podría establecer un límite más amplio, consistente en que se permita cambiar de chaqueta, en lenguaje demasiado coloquial, a todos aquellos que no hayan disputado con una selección determinada la fase final de alguna competición internacional absoluta. Es decir, MundialEurocopaCopa América o cualquier torneo continental. Pero que no se cierre de forma definitiva la puerta de otro equipo nacional a un joven, o a un veterano, que sólo haya disputado un partido contra Islas Feroe -o incluso contra Italia- valedero para equis campeonato oficial.

Como conclusión, viene como anillo al dedo recordar que Ferenc Puskas fue subcampeón del Mundo con Hungría en Suiza 54, pero ocho años después vistió la camiseta de España en Chile 62. Y que Luis Monti perdió jugando para Argentina la final de Uruguay 30, pero en 1934 fue campeón como local con Italia. No es que haya que volver a eso, pero se puede alcanzar una solución intermedia. Ansu Fati seguramente lo agradecería.

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