Escribo otra vez
para disfrutar y sentirme bien (¿acaso está prohibido reír?). Escribo otra vez para perder el tiempo con placer o acaso para burlarme del reloj. Disfrazándome de intelectual, escribo para entenderme, para encontrar sentido en mi ser, para cohabitar armoniosamente con la soledad o, quizá, para vivir plenamente.
Escribo otra vez para sentirme persona.
Escribo otra vez como cuando juego al fútbol otra vez. No necesito nada: un balón, un intento de portería (los dos árboles en la infancia o las dos camisetas tiradas en el campo) y yo, imaginado quién sabe qué cuentos de el héroe que marca el gol (bellísimo, perfecto) de la victoria.
Escribo otra vez porque me gusta escribir y me gusta el fútbol en su máximo sentido. El placer por el placer, maneras de vivir. Encontrar esa alegría en el juego. Un balón, dar toques al aire, una tarde de verano, los amigos…
Escribo otra vez porque alguna vez entendí que jugar a fútbol es el paraíso.
Y siento el deber de explicarlo, de decirte, lector atento, que leas (¡y escribas!) o cojas un balón y empieces a chutar ante una pared, como hacías entonces cuando sólo querías divertirte.



Aleluya! Aleluya! Bienvenido!!!