REFLEXIONES
Aún duele pensarlo. Una pequeña sensación de angustia que invade el cuerpo desde la cintura hasta la nuez. Por dentro. Como ganas de llorar sin verter lágrimas. Y mientras tanto, ya en frío, pasan lentos los minutos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis… No hay reproche para aquellos capaces de jugar con los milagros. De alimentar una ilusión inaccesible aun conscientes del trágico final. Corrieron como hombres, y alcanzaron la suerte de morir de esa manera. Y, pese a todo, lo hicieron humillados.
El cruel destino del fútbol, siempre justo con quienes eligen la pelota. Con los que la tratan, la miman, la acarician, la desean por encima de cualquier otra cosa intrascendente: el físico, la garra, el resultado. El Madrid abre los ojos tras reventar contra la tierra y sufrir un daño irreversible: el honor manchado para siempre. Y, sin embargo, insisto, esos chicos que nos hicieron creer en lo imposible no tienen la culpa. Si quieren condenar a alguien, miren más arriba. Los de abajo entregaron más de lo que se les podía pedir. Derrocharon tanto orgullo durante unos meses de locura, que despertaron al terrible lobo azulgrana de colmillos afilados y suave ejecución. El Barcelona no paró: arremetió sin piedad, tal vez consciente de que esa, y sólo esa, era la única forma de tumbar a un rival de locura paranoica. Bendita enajenación pese al 2-6. Otros, confiesan, hubiesen preferido entregar la Liga en febrero y haber ganado el clásico uno a cero, ante un Barça, entonces, plagado de suplentes. Hombres carentes de orgullo. Y de fe.
Ahora hablan de Florentino y los fichajes. Falta hacen. El mejor club del siglo XX necesita un mundo de talento. Pero, sin embargo, bien harían en no olvidar jamás a una plantilla mediocre que, pese a todo, hizo soñar con lo imposible. Ese es el espíritu del Madrid. Auque esta vez carecieron de talento.



M’ha encantat poder percebre les sensacions des de l’altre bàndol!
Per cert, Jaume, has pensat d’escriure alguna cosa sobre “el millor gol de Zarra”… saps de què va?