ni fu ni fa

31May08

El hincha sufre estoicamente, con la paciencia ardua de una madre, por ver una linda jugadita, por amor de Dios. La liga se eterniza, año a año. Un ciclo vital: nacimiento en agosto, ilusión que precipita el fin de las vacaciones (y las discusiones conyugales); se desarrolla en la cotidianidad del otoño y del invierno, cuando el hincha agita sus planes como un trapecista profesional:

Retrasa de hora la cena (¿podríamos salir a eso de las diez, no?), altera de día la excursión (¿mejor el primer sábado de julio, no?), anda al templo del balón a verlo en directo, lo sufre en casa sorteando el zapping de su mujer (siempre en busca de concursos zafios), o se va al bar, para tragar con los amigos de viejas fatigas la espuma y el alcohol de las miserias de sus héroes cada vez más destronados.

Porque el futbolista capaz de alegrar una existencia ya no se encuentra. Los que por naturaleza pueden, don del talento, matan su creatividad aburriéndose con la pizarra o los tacos criminales de los militares de la zaga enemiga.

Y el hincha, cada vez más deshinchado, sin imaginación, lo duele durante la semana. Ni en el bus, ni en el metro, o parado en un semáforo, puede rememorar o exaltarse con la alegría de la belleza en la jugada: la pared, el cambio de juego, el control, el centro al área, el remate de cabeza precioso al palo largo, y el griterío de la gente, ensordecedor, que te salta la chispa de la vida.

Corren los meses y el hincha vive como un fantasma. Su equipo juega a nada y para nada, domingo tras domingo, y ya pasó la pasión de todo. En la tele, los encuentros son ni fu ni fa, sinónimo de indiferencia, antónimo de delirio. Goles de subasta, lindas jugaditas por amor de Dios que no llegan hasta que los clubes ya no disputan nada.

Y el hincha mira el reloj, va a empezar otro partido. Vive ya exhausto y desencantado. Sus hijos, hipnotizados por el ordenador, se han vendido al equipo campeón de turno. Se acomoda en el sofá al lado de su mujer, y le pasa el brazo por el hombro. Desliza su dedo por el mando, buscando el  canal del concurso zafio. Lentamente, mientras su mujer le sugiere unas vacaciones en el balneario de no sabe donde, su cuerpo va encogiéndose, y la cabeza se ladea buscando cobijo en el brazo de su mujer. Entonces, empiezan los ronquidos largos y potentes.


3 Responses to “ni fu ni fa”  

  1. 1 Marc Roig Tió

    Buenísimo (y tan real). A veces me olvido de por qué dejó de gustarme el fútbol y apareces tú para darme memoria. Fui hincha y ahora soy deshinchado; fenómeno!!!

  2. 2 Jaume Arxer

    Gracias Marc… aunque bien sabes que mi intención no es recordarte el porqué te dejó de gustar este deporte… ojalá algún día puedas decirme que el fútbol te vuelve a apasionar, a pesar de todo.
    Lo pasamos bien el sábado, verdad?

  3. 3 Marc Roig Tió

    Sin duda. Lo pasamos genial. Repetimos????

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