Un gol furtivo

11May08

Un mediodía gris, triste, de martes.

El jugador apenas acomodó su trasero en el banquillo cuando sus compañeros lo reclamaron al campo a los 10 minutos. Había llegado tarde. Saltó dos o tres veces con fuerza para entrar en calor y entró bailando con el césped sintético con la edad joven a sus pies.

Pronto agarró el balón cerca del corner izquierdo de su defensa. Se giró y topó enfrente con un rival de peinado pijarín. Le hizo un quiebro a la izquierda, perder el balón era delito de gol para su guardameta, que se mordía las uñas. Luego se fue a la derecha, escondiendo la bala blanca.

Garrincheó otra vez más, peinando el balón con la planta del pie derecho, y volvió a la izquierda mientras su cuerpo engañaba al otro lado. Gambeteó más veces, tres, cuatro o quizá cien, el jugador que juega para divertirse, seguro de que no perderá el balón. Un quiebro más, zis zas, a una velocidad endiablada, y el rival se derrumbó al suelo, la pierna derecha hacia la izquierda, y la pierna izquierda a la derecha, como un nudo irresoluble.

Cayó como un castillo de naipes, mientras el elegante jugador lo superó como quién anda por una gran avenida sin gente. Con el balón en los pies, se mofaba por lo que veía como una broma del fútbol. Pobre defensa dúctil. Sabiendo que había hecho su trabajo, que ya podía dejar el partido y dormir profundamente aquella noche, pasó el balón al compañero como si todo fuera un chiste.

Alto como una jirafa, subió al centro del campo y controló la alegría en redondo. La puso al hueco, recta como la aguja de un reloj, y allí botaba y botaba. El delantero, potro indomable, de ademanes pueblerinos, se lanzó a la amante blanca, y al vuelo, de bolea, la reventó al fondo de la red, donde el sol humano quería descansar, con el portero saltando al aire para atajarlo, en imagen fotográfica de payaso sin gracia.

Tres secuencias, tres primerísimos primeros planos, la gracia en la jugada y el gol. Uno de la alocada victoria por 7 a 4. Lo festejaron como los suegros que aprueban a su yerno. El gol, gozo de un mediodía plomizo de martes. Uno de los que se consiguieron, el más lindo, el más perfecto,

Que sólo reviven sus héroes, acaecido en el derbi mayor universitario, porque nadie más vio aquel gol de bella factura que podría haber dado la vuelta el mundo, y que sólo lo añoran burlonamente sus protagonistas tiempo después, risas y risas, oda a un acto trascendente de sus vidas.


2 Responses to “Un gol furtivo”  

  1. 1 esquirola

    uauuuuuuuu! està molt ben escrit! Estic a l’espera de veure què passa amb el concurs literari del 28 de maig. Et mereixeries guanyar “Àrxer” !!! fins ben aviat!

  2. 2 Marc Roig Tió

    Al final, sólo nos quedan los recuerdos. Y yo tengo varios, de pequeño, jugando a fútbol contigo.

    Qué lástima que no lo vieran más que unos pocos y que sólo lo revivan sus héroes.

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