injusticias

12Apr08

El fútbol, teatro real del mundo, suele ser dolorosamente injusto como la vida misma. Tragicomedia romántica, drama con tintes políticos, denuncia social, arte vanguardista. Todo sirve dentro de una cancha de juego.

El fútbol, cruel juego de azar por excelencia, seduce los sentimientos de los anónimos para embaucarlos y beberse el veneno de lo que el populacho creía licor suave.

El fútbol, juego de niños inventado para combatir la depresión y alegrar la alegría, se transformó en lucha psicológica y paros cardiacos. El fútbol, charla fútil y animosa de sobremesa, se alzó hasta los discursos trascendentes sobre el porvenir del ser humano.

El fútbol, última barricada del proletariado para aplastar a los poderosos. El fútbol, esa bala que hiere de muerte a los millonarios. El fútbol, la última épica de la victoria fugaz de los revolucionarios ante los dioses terrenos. Triunfos de Davids paganos que acaban desnudos, desahuciados, engañados por el orden inhumano de la tierra que impone su realidad árida, lastimosa, desesperante.

Como pasó una larga noche de abril en un pequeño coliseo madrileño. El Getafe, equipo de macarras cuidado por un padre danés, hombre elegante. El Geta, bautizo de unas gradas desoladas. El Geta, piropo de obreros. El Geta, once azules de técnica brasileña, garra italiana e ilusión inglesa, se engrandece con un presupuesto de comprar pipas.

Con diez, los tres trallazos del Geta los celebró hasta Beckenbauer y Khan, el ogro nórdico, aplaudía su retirada entendiendo la idiosincrasia de ser portero: abatido, maniquí e impotente ante la belleza del gol, celebración apoteósica del fútbol.

Pero entonces, en la prórroga y con un Bayern de residuos tóxicos, el Pato, apodo de arquero con nombre de poeta maduro, pausado y de mirada melancólica de niño despistado, se tragó un balón colgado al área. Le pasó por debajo las piernas como en el recreo del cole. El Pato, argentino sinónimo, aquella noche en el país descubridor de su patria, de mártir, penitente y bufón de corte.
Así murió el Geta. El último gol del Bayern confirmó la frase que el fútbol siempre ganan los alemanes. Y así, una vez más, el sueño de unos chavales de barrio que reunieron 9,4 millones de espectadores ante la pantalla y retrasaron la emisión del estreno de temporada de la serie de moda se fue hinchando, hinchando hasta que reventó exagerando hiperbólicamente el desastre y el sin sentido de las injusticias que ocurren en un trozo de césped, expresión fidedigna de esa vida.


3 Responses to “injusticias”  

  1. 1 esquirola

    Ja veig que en comptes de l’anglès et dediques al fútbol, jajajjj, bé… t’ho perdono James!
    buscaré altres estratègies, bnit!

  2. 2 Jaume

    je,je,je,je… it’s fun write about football!!!
    Gràcies per perdonar-me!!

  3. 3 Miquel

    Ja saps què opino d’aquest partit que has comentat. Es veia d’un quilòmetre lluny que passaria el que va passar; la història, un cop més, ja estava escrita.

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