El cuento empezó el domingo, con un suspiro de rechazo, con un gemido impertinente. O tal vez todo arrancó en 1981. O en 1986 si lo prefieren. Lo cierto es que, en algún momento, y eso da casi igual, el viajero emprendió la marcha. Delante, polvo húmedo y guijarros aplastados, una encrucijada con señales. A un lado Vigo, al otro A Coruña. A la izquierda, el Celta; a la derecha, la nada. En el cruce: ¿te gusta el fútbol? ¿Y por qué no? Y el tenis, y el balonmano, y la F1, y el baloncesto. Otra confluencia de calzadas. El vagabundo acota, opta, selecciona, arrastra sus malheridos pies callosos y sella su destino: Celta y le encantan los deportes. ¡No sabe dónde se mete!

 
La senda zigzaguea silenciosa. Una nube de partículas de arena va circundando el paladar. La lengua se seca poco a poco entre derrotas hasta convertirse en un trozo de desgastado cuero viejo. Dos finales de Copa en el recuerdo. El cielo nunca se tiñe de celeste. Bueno, alguna noche aislada las estrellas refulgen hermosas, radiantes, despejadas. Brillan de tal forma que, por sí solas, iluminan la vereda. La Champions. Falsas esperanzas; ilusiones perdidas. Un descenso, un ascenso, otro descenso. Ahora, príncipes de lo mediocre, señores de la excreción, se hunden en la tabla tratando de recordar un pasado más humilde, más acorde, más cercano a Vigo y a su historia: “La cabeza bien alta cuando se tiene el valor de andar siempre por la vida como el mejor perdedor”. 

 
Ahora, el peregrino hunde la cabeza entre sus brazos, que la acogen en forma de ele invertida formando un cubo recto que la envuelve. Oscuridad y silencio en Balaídos. A su alrededor, gritos. El ‘15’ del Albacete, no importa el nombre, un delantero pulgoso, diminuto, y de piernas arqueadas, acaba de sentar a medio Celta por segunda vez en cinco minutos. No hubo ni un intento de ser hombre; un arrebato de pelotas, con perdón, que viniese a significar algo así como: amigo, de esta hinchada, de este equipo, de este club y de esta historia no se ríe ni la madre que nos parió. Nada: carencia, ausencia, nulidad. ¿Vale la pena todo esto? El viajero asiente entristecido.        


One Response to “DIOS MÍO, ¿VALE LA PENA TODO ESTO?”  

  1. 1 turco

    presas…me puedes explicar eso de “a la derecha, la nada”
    gracias..es para no pensar dobles sentidos y cosas de esas..jeje
    forza depor.
    muak: turco

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