lunes, martes, miércoles
Roncas fatal y te desvelas definitivamente cinco minutos antes de que el despertador comience a taladrar. Las piernas te pesan como troncos centenarios. Sientes dolor. Combates la oscuridad andando tímidamente, resbalando tus manos por las paredes.
El agua chorrea fría, y ya tiritas cuando reaccionas un segundo más tarde. Ponerte los pantalones es como levantar dos pedruscos que entorpecen tu camino. Y ya se te hace tarde cuando sólo nocturnan los solitarios.
Te insultas otra mañana más cuando la leche te quema la lengua, o si exageras con el Marcilla. Repasas distraído, inseguro, para que no te olvides nada y te alejas de tu casa que te despide con ronquidos.
Recreas lo que aconteció ayer. El partido, por fin. Sonríes al vendedor de billetes para animarte. En el andén, sólo se escucha el aire de las caladas rápidas de los cigarros. El partido, por fin te sientes realizado. Juegas con el sueño en el tren que enfila directo la vía. Quieres que te lleve hasta el fin del mundo, pero fantaseas en que sólo acelera y acelera.
La gran urbe parpadea con energía, como si los centros de negocios no hubieran cerrado los dos días festivos. Andas como perdido, ausente. Quiero un café. Necesito un café. Y adelantas precipitadamente el desayuno matutino. Pero te invade la terrible sensación de que cuanta más cafeína te inyectes, más se achinan las ojeras. Tu cabeza levita, triste, pesada, nublosa. Los ruidos del estómago marcan el paso lento de las horas.
Andas rocoso y melancólico hacia los fogones. Huyes de las reflexiones nihilistas, y rescatas el ayer. Un pase milimétrico, con el exterior del empeine. ¿Quién lo vio? No importa, sólo el placer furtivo de entregar, como la sonrisa que esboza el cartero cuando da a una joven enamorada la carta de su hombre, combatiente en las trincheras.
Engañas al apetito con pasta mediocre. Tumbado en el sofá, el café soluble marca barata pasa poderoso por tus tripas. Fumas dos rubios para desvelarte. Un sorbo de paz entre el hedor de esta cárcel. Y reescribes tus paso hacia el ordenador, las llamadas en espera y otras situaciones que marean.
Las siete de la tarde y el cansancio asesina la alegría. Robotizado, deambulas hacia el piso. Flirteas con el partido de ayer, otro ratito más. Poco a poco, los recuerdos golpean el dolor del cuerpo, sufrimiento de exiliado de guerra. Y se anestesia el horror.
Pegado al lado de un semáforo en rojo, cosquilleas ahora el dedo pulgar del pie derecho porque ayer el balón fue hacia él, como un imán, y de primeras, descubrió una grieta entre la defensa para colar la pelota, donde la zanjó el compañero y votando la reventó por la escuadra. El partido, por fin te sientes realizado.
Movimientos ágiles, carreras eléctricas, controles limpios, pases certeros, seguros o creativos a veces, gritos de ánimo sin cesar. Y celebración de cuatro goles. Goleada jugando en la belleza. Una delicia. Una borrachera de paz. ¿Cuánto tiempo hacía? Olvidamos la aridez y el desencanto por unos instantes, cuando la vida fue bella dentro de un campo de fútbol.
Sin embargo empezaron mañana los peros. Se rompió el encanto somnoliento. Lunes, martes y miércoles. Dolor del cuerpo, purificación del alma. Vivir como un ausente, un vagabundo de otra época. La culpa fue del partido que nos hizo creen en la felicidad eterna y ahora, sufres las malas noches abrigado en la amargura de tu cuerpo, que te clama por qué lo castigas lunes, martes y miércoles a cambio de dos horas en un paraíso extraño, donde a veces te dejan ser ángel como el cartero que reparte la carta a la enamorada, o convertirte en la misma pluma del amado, rey de una historia de amor en la trinchera cuando exclama gol.



Qué bien plasmado en el papel el goce del partido!!!!!, claro, “noches alegres, mañanas tristes” dicen que después del esfuerzo viene el cansancio, yo, por ser madre, los lunes, martes y miércoles, me río por lo bajo, cuando veo que mis hijos cojean, o les duele el golpe de tacón , o se han quemado en cualquier caída tonta en el campo o, simplemente les dan “recuerdos” para su madre, en fin, ésto es fútbol y lo demás…..
Bueno lo que quiero decir es que éste es el fútbol que me gusta para los míos, aunque yo me queje,: que lo suden, que revienten, casi casi que se peleen y que se cansen también , que así, luego descansan mejor.
Animo.
Ostres Mare!!
¿Así que te ríes por lo bajo cuando vengo con que me duele el cuerpo, cuando estoy magullado? ¡Y lo solucionas todo con un “tómate un neoprofen! ¡Qué gracia tiene el asunto!
Y el siguiente párrafo es toda una declaración de principios. Ahora cuando juegue lo disfrutaré mucho más.
Un petó!!