Esta es la historia de un hombre con cara de  dromedario. Ojos vivaces. Labios enormes y melosos, hechos a mida para besar copas. Esta es la historia de un hombre tímido, rayando la treintena. Un gentelman. Un auténtico galán, un señor. el Humphrey Bogart futbolero, sin ese pitillo consumiéndose entre su apariencia de cínico.

Esta es la historia de un hombre que de pequeño le gustaba jugar al fútbol. Empezó driblando los muebles de su casa, y vio que en el colegio era bueno, el mejor. Y dijo, “¿por qué no?” Serio, sabiendo lo que quería, se entrenaba duramente. Era un chico con cara de dromedario más rápido que un conejo.

Vivía en un suburbio de una ciudad del país de las igualdades. El miedo y el crimen, las únicas patrias de su infancia. Hacerse hombre a trompicones, la regla. Sobrevivir, lo extraordinario. El balón de estropajos y dos porterías sin redes, la esperanza.

Una esperanza que era sueño de adolescente. Una esperanza que se convirtió en realidad más rápido que el paso del verano. Un goleador con clase que, cuando se requería, fabricaba él solito sus chicharros.

Y, por jolgorio de la afición, cayeron títulos para su club y su país. Ligas, Copas, un Mundial y un Europeo. Desde la pobreza, la ilusión y su talento le permitieron enarbolar una revolución futbolística: libertad, igualdad y fraternidad. En 1998, junto a otros 20 galos, unió a todo su país bajo la misma bandera. 

Entonces, este hombre con cara de dromedario empezó a sonreír. Disfrutaba jugando con su posado serio, duro. Una máscara ante un hombre humilde, cercano, comprometido. Una cara de ausente y cínico que esconden a un sentimental. Un crack que no se siente crack. Ésta es su más grande virtud.

Thierry Henry, cariñosamente Titi, el que durante ocho años fue el auténtico William Wallace de las islas británicas. Su velocidad, su técnica y su definición destrozaron todas las redes de todos los estadios de la Bretania. Y dejó una huella imborrable. Capitán de los gunners, pichichi de la Premier. En el corazón de todos.

El pasado junio, consiguió lo impensable. El Barça, su verdugo de la Champions, arrebatada en su mismo país, consiguió ficharlo. Con un año de retraso, porque este dromedario se comprometió, después de aquella noche de lluvia fina de mayo en la capital de la bastida, con su equipo de siempre, rechazando defender una camiseta gloriosa.

Cambiando el cielo grisáceo por el sol mediterráneo, aterrizó en Barcelona como un gentleman, vestido como un dandy francés de la bohemia artística de principios de siglo. Corbata y chaleco gris. Elegancia en medio de una sonrisa tímida, cercana, sin querer ser el centro de atención de una entidad que ya bordaba la locura.

Su mensaje era claro: “no vengo de estrella. Sé que debo pelear por un sitio”. Pero reunió a 30.000 personas el día de su presentación. Desde entonces ha pasado el tiempo. Empezó a entrenarse solo. Sesiones físicas duras para recuperarse de la lesión. Día a día para volver a ser el de antes.

Aún le falta esa frescura, su chispa inimitable que tan grande lo ha hecho. Pero ya marcó en el Camp Nou. Un gol fácil. Un toquecito sin portero para quitarse las ansias. Pero la tocó con el interior, con elegancia y clase. Luego, lo celebró serio, abrazado a los dos locos bajitos del equipo.

Este hombre con cara de dromedario quiere seguir escribiendo su historia con trazos gloriosos. De momento, su paso por nuestra liga es tan sólo una somera idea. Ahora, dejémosle que él mismo siga trazando capítulos futbolísticos como los que soñaba en su infancia asomado en el balcón, con los labios disfrutando de la brisa francesa suburbana, mientras que con sus pies, mimaba aquél balón hecho de estropajos.


4 Responses to “La historia de un hombre con cara de dromedario”  

  1. 1 Miquel

    Hay que tener paciencia con nuestro hombre con cara de dromedario!!!

  2. 2 anonimo

    resulta esta noticia curiosaaaaaaaaaaaaaa

  3. 3 xavier

    Home, no sé si li faria gaire gràcia que li diguis “hombre con cara de dromedario” però bé, ja ha ficat el seu hat-trik i ara començarem a veure el seu potencia. Eto’o, ja pots anar escalfant banqueta que ha arribat un crack com Déu mana.
    vinga-la Jaume!

  4. 4 Jaume Arxer

    Xàvier, es sobrenom és amb tot el carinyo del món!!!
    Una abraçada trempat!!!

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