GRACIAS HOLDEN
Un grito histérico antesala de la impotencia. Después calma… vacío. El embriagador sonido del silencio. Ahora triste, luego alegre. Alguna que otra mano en la cabeza. Más silencio. Primeras risas que ocultaron lágrimas incapaces de salir. A fin de cuentas, ¿por qué habían de brotar?
Es cierto, falló Pau y toda España lo sintió. El precio que has de pagar por ser un genio. La jodida última pelota de un torneo, un gran torneo que juegas como local y favorito con la carga de un oro japonés sobre tu cuello. Máxima exigencia, mayor pasión.
Pero esto es un juego, no lo olviden. Y como en todos, el azar tiene su dosis de importancia. Lanzas los dado del parchís y sale un seis. Perfecto: repites tirada. Un nuevo seis. Sigues avanzando y tiras de nuevo. ¡Otro seis! Maldita suerte, pierdes ficha. Pues así fue. El aro resultó un tablero de parchís donde la fortuna bailó una danza insolente y caprichosa a ritmo ruso. O americano. Qué más da. Porque Holden no es ni alto ni rubio, ni tan siquiera guapo. Es negro y con pantalones desgarbados y un bote de balón muy pizpireto. Y nos hizo un pedacito de vida más humanos. Gracias, Holden. Gracias, Rusia. Sin vosotros nunca hubiésemos sabido que los queríamos tanto. Que esos tíos nos habían dado tanto en tan poco tiempo que casi daba igual que el aro se disfrazase de verdugo.



No Responses to “GRACIAS HOLDEN”
Please Wait
Leave a Reply