Reaparezco, y lo hago hablando del gol, el orgasmo del fútbol en palabras del sabio Galeano. Perdonen la irreverencia. Muchos días de hastío en calma chicha. Me fui de retiro forzado con la Liga muy lejos de Capello y con mi Celta ya muerto y en Segunda. Retorno entre sorpresas y tardes de sábado noche de esas de fútbol añejo, en blanco y negro, que casi te dan ganas de llorar.
 
Lo sufrí con mis amigos, con la vieja cuadrilla viguesa de cervezas y lapos que maldicen la suerte en cada gota de saliva. Y con mi novia. Yo, por mi todavía compañero de viaje el señor “quiste sacro”, había optado por la modorra del sillón: cuerpo estirado, patas al aire y fútbol con patatas en Zaragoza. “¡Salinas, dónde está la llave!”. Ella, siempre ella, me dijo que no, que iba a ser un atardecer de gloria camino del ansiado milagro. Una puerta entreabierta hacia Primera.
 
Y así fue. Marcó Baiano con su cara de siempre: el gesto inmutable y los brazos al aire cuando transformó a lo Panenka el penalti. Un segundo dinástico en el que Vigo, por miedo, escondió la cabeza entre sus manos. Después haría el tercero golpeando seco, con fuerza y a la escuadra. Distinta definición, igual semblante. Un vate profético. En el medio Yago se sumó a la fiesta y anotó su primer tanto en Primera. Olvidado, injusta carne de banquillo domingo tras domingo, optó en su bautizo por festejos de antaño: atravesó el campo poseído gritando gol y, cuando él quiso, rodeado de compañeros, saltó con el puño alzado. La cara, fiel reflejo del espíritu, evidenciaba lo que luego dijo: “Sentí alegría y rabia por tantos meses sin contar”.
 
Mientras tanto, los ricos se jugaban la Liga. Todo parecía azulgrana gracias a una pulga eléctrica y admirable. Messi, el sólo, se había bastado para voltear el electrónico. Celebró igual la mano que el gol certero: una chispa que agita los puños con la cara escondida en el pelo.
 
Y a 300 kilómetros, Van Nistelrooy a lo suyo. Anotar, marcar, golear, perforar, registrar, apuntar, firmar. Increíble el chico holandés. Celebró el primero como siempre: el rostro desencajado gritando gol, frenético éxtasis que ha paladeado casi 800 veces en su carrera. Los puños contraídos, las venas forjadas: un miura imparable. En el segundo, no obstante, la cosa cambió. No bramó “gol” ni contrajo los puños. Simplemente, recogió a su fiel compañero del fondo de las mallas y sprintó hacia medio campo. Allí, colocó el balón en el centro. Apenas 18 segundos. Entonces, al alzar la vista, descubrió los motivos del éxtasis de 3.000 madridistas y un banquillo que, en La Romareda, seguían festejando. Barça 2, Espanyol 2.
 
Nadie sabe cómo lo celebró Tamudo. Esa imagen no cuenta. Sólo importa el silencio sonoro que mató a 100.000 almas. 


2 Responses to “LAS CARAS DEL GOL”  

  1. 1 Jaume

    Querido compañero y amigo,
    Celebro tu retorno por todo lo alto… hasta al punto, después de leerte, pensando que lo que pasó, muy a mi pesar, era lo que tenía que pasar. Sin cambios. No te cuento mi sábado. Eso será otro día.

  2. 2 Javi

    Bueno, reaparece una joven promesa del periodismo deportivo. Y con qué fuerza, no pense que serías tan cruel con los culés, pero es lo que hay.
    Me alegro de tu regreso, y espero que sigas,
    Jaume, cuentános tu sabado con un articulo de los que te gustan a tí.

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