Una apuesta en un pub irlandés
Una copa de vino, el cortado y un buen cigarro. Uno tras otro. Cae la noche irremediablemente hacia su tumba. Es la cena de despedida. El reencuentro, las risas, los pasos, la devoción, los recuerdos y las fiestas se hacen añicos como un niño apaga de un soplo las velas del pastel.
El ambiente está enrarecido. Ya cayó uno del grupo, que retorna a su pasión profesional, y los demás procuramos burlar su pérdida. Pero ya nada es lo mismo. Calada tras calada, trago tras trago. Sólo queda el poso en la botella, y el aroma del vino navega por mi mente. Penetra en mis sesos, sin hacer daño, inconscientemente, pero me noto más débil, más lento, más nostálgico. Más preparado para el adiós. El triste adiós. Un abrazo y un hasta pronto, queridos amigos.
Y luego, después del funeral de despedida en forma de manjar, vamos al pub. Viajamos, por segunda noche, hacia las cuevas y los paisajes de madera de la Irlanda más profunda. De la Andalucía castiza directos al vacío, a la nostalgia, a la injusticia de la vida.
Allí está todo el clan de Blanca, primos y primas. Nos reunimos con ellos. Apenas los conocimos hace dos días, y hoy nos acogen como hermanos. Así son en el sur. Y nosotros, que lo agradecemos. Saludos de rigor, “¿qué tal el día?, ¿os ha gustado Sevilla?…” Y en nada, las bromas.
Pronto se crean tres grupitos, sin protocolos ni vergüenzas. Los primos, que parecen hablar de cosas serias. Las primas las chicas y Tejes, que parece haberse perdido. Más efusivas ellas, se abrazan, cantan y bailan moviendo el cuerpo sin moverse de sitio. Por último, Javi y yo. Sorbo a sorbo de ron con limón para ir recuperándome poco a poco, para volver a pisar en tierra firme, para recuperar la agilidad y la sonrisa franca y espontánea.
Nos enzarzamos en hablar de fútbol. Con Javi, un tío culto, siempre terminas discutiendo de fútbol, rindiéndote de sus ideas sólidas, y de sus reflexiones profundas, ajenas a la pasión del momento. Total, que litigamos contra quién jugaba el Sevilla el día siguiente, que tenía otra oportunidad de sacarse los miedos y el pánico que parece que le produce el eslabón más alto y majestuoso de la clasificación.
Lo dábamos por perdido. Hasta que se me ocurrió que la solución radicaba en Lorena, la prima de Blanca, bética de corazón, que tenía la desgracia de vivir en Territorio comanche, en Nervión, muy cerquita de la fortaleza del Sánchez Pijuán. Bética de corazón, anti-sevillista del alma, que tenía la tragedia de canturrear el himno del Sevilla que tanto se escuchó en la ciudad cuando ganaron el año pasado la UEFA. Tanto lo escuchó aquellos días cerca de su casa que el demonio le pegó el estribillo.
Javi se sorprendió de mi proposición. ¿Cómo lo va a saber ella? Y allí empezó la apuesta. Dos posturas irreconocibles. Una reflexiva, otra pasional. Y una cena, una copa o un loquequieras, en juego; una excusa que escondía nuestro orgullo.
Javi decía que era imposible que ella supiera el rival del Sevilla. Yo, más romántico, más idealista, más impulsivo, más rebelde, menos reflexivo; más dado a las ilusiones, a los sueños, encontré la vía de escape de la cruda realidad pensando que un bético es enormemente feliz si el Sevilla no gana. Y el rival de los de Nerivón, se convierte en el club de sus amores por unas horas.
La suerte estaba echada. Fuimos y se lo preguntamos a Lorena. Ella, entre canciones pegadizas, rodeada de sus primas; levantó los codos como extrañada, y dijo:
- ¡y yo qué sé!
Sólo sabía que el Betis, “¡viva el Beti manque pierda!!” -le canturreé yo en un momento-, jugaba a las cinco de la tarde. Pero no sabía ni contra quién, como si el rival fuese lo de menos en otra gran tarde de alegría y fiesta verde y blanca.
La realidad, también en aquel bar que parecía sacado del país de Nunca Jamás, terminó por imponerse a los sueños y a la imaginación. Pasó la noche más rápidamente de lo que tardé en terminarme la segunda copa, símbolo de la derrota. Y tocó despedirse, un “hasta pronto”. Jerez dormía plácidamente, y Lucía y Lorena, las primas de Blanca, se habían portado increíblemente bien. Quedamos que mirarían el blog, y que nosotros, como agradecimiento, escribiríamos sobre ellas.
En la cama, viendo el techo de la ciénaga de la pensión, reviví lo que habían sido aquellos días. Procuraba agarrar los escurridizos recuerdos vividos junto a los amigos, de esos que saben lo que sientes sólo al mirarte. Amigos con los que has compartido más tiempo que con la soledad.
Enzarzado entre sábanas y mantas fui feliz con la nostalgia, hasta que el diablo me dio unos golpecitos en la espalda, recordándome que debo una cena, una copa o un loquequieras a Javi por mi estupidez de creer en utopías mundanas y futbolísticas ante un mundo que rara vez entiende de sueños.



Bueno ya veo que lo tenías más que pensado este artículo, jeje, me ha vuelto a recordar aquellos maravillosos días de rencuentros y risas, y todo. Pero lo que no se si te acuerdas es que con Javi a tu lado, yo os pregunté: ¿a que no sois capaces adivinar contra quién juega el Sevilla? Una pregunta para haceros pensar, sabiendo que lo adivinariáis. Y no me equivoqué, pensando en los equipos que habían jugado contra el Celta, al final llegasteís a la conclusión de que el Sevilla jugaba contra el Racing. Ahí yo me quité el sombrero, olé por vosotros dos¡¡¡¡¡
Bueno avisa a las primas de este artículo, les hará ilusión.
Abrazos, y a seguir.
Javi
Me acaba de llamar Blanca para hablarme sobre tu artículo. Me he lanzadao literalmente al ordenador. Ya había visitado como os dije vuestra página. La verdad es que entre descanso y descanso en mi estudio he pasado muy buenos momentos, me he reído mucho. Hacía tiempo que no tenía la oportunidad de seguir leyendo pero hoy con el aviso he dejado los libros y aquí estoy jaja. Me ha encantado leer el artículo del pub irlandés, me lo he pasado en grande. Por cierto de lo del Sevilla no sabéis la que se lió cuando ganó la uefa. Barco por el Guadalquivir incluido. Pa`matarlos! Bueno solo quería deciros que espero que se de la ocasión de escribir una segunda parte del pub irlandés. Un beso enorme y enhorabuena
Lorena! ¡Qué ilusión verte por aquí! Si has pasado buenos momentos y te has reído leyéndonos entre descanso y descanso…¡me alegro!
¡Mucho ánimo con el estudio!
Habrá segunda parte del chiste del pub irlandés…y os seguiré contando las peripecias de la vaca que ríe..
Un beso y gracias!!