O rei do gol

28Mar07

Piel morena. En los pies, trozitos de arena pegados. Bajito, bajito. Algún kilo de más. Perezoso y dormilón. Cabello oscuro. Barba de tres días. Mirada nostálgica, ausente, como si nos perdonara por vivir entre nosotros, en el barro. Apenas sonreía en público, ni cuando hacía malabarismos con el balón. Su vida, el gol. Su espacio, un metro cuadrado. Su cielo, el regate. Su pasión, el golazo de dibujos animados.

Un genio. Un genio caprichoso. Capaz de decidir, por voluntad propia, si prefería jugar bien o mal. Dependía de los vaivenes de su humor y temperamento. De su vida alegre, de las juergas, de las mujeres, de los coches y de su fragilidad. Un niño mimado que se le perdonaba todo. Se ganaba el cielo en la cancha, con su disparo sutil. Un toque frágil, suave, una caricia al balón, que pasaba a un centímetro del portero, lo justo para que nunca llegara a atajarlo. Una humillación sofisticada. Desesperante para destraleros y guardametas.

Se coronó campeón de campeones en 1994, en Estados Unidos. Después de levantar la Copa del Mundo, creyó ser un titán. Un Hércules del balón. Un mago capaz de esforzarse tan sólo un minuto del partido para decidir: Desmarque. Agarro el balón. Un dribbling. Una finta. La cola de vaca. El mano a mano con el portero. Una caricia al balón. Y gol. Fantasía pura. 60 segundos de éxtasis puro, donde los mortales soñábamos con la felicidad eterna.

Después, quizá odió haber nacido para esto del fútbol y del gol. Se abandonó a la “buena vida”. Se rodeó de la sensualidad y la frivolidad. Se vistió de mediocre en la cancha y fuera de ella. Su gloria futbolística corría peligro. Y nunca más volvió a ser el que fue. Abandonó Europa después de maravillar en todos los campos del continente, y emprendió un largo camino de regreso a su Ítaca, como Ulises.

Gordito y tozudo él, o rei do gol, muy tozudo, le salió casi todo bien. Podía haber ganado todos los títulos, pero vislumbró a tiempo que eso del fútbol, que avanzaba peligrosamente hacia la dictadura de la táctica, el mercado y el dinero, poco tendría que ver con el gol. Y quiso retirarse a tiempo, regresar a su Rio de Janeiro, a sus orígenes. La playa, el mar, la arena, el sol… la alegría de vivir, la fantasía de Walt Diseny.

Y siguió marcando goles y más goles, mientras Europa seguía destrozando eso que un día se le llamó “la salsa del fútbol”. El gordito a lo suyo: Gol. Sonrisa cómplice. Gol. Sonrisa de Titán. Gol. Así hasta los 999. 41 años maravillando al mundo entero, y desesperando a arqueros, a las tácticas preestablecidas y a entrenadores de libreta. El mérito no está en la cifra, sino en la belleza perfecta e inverosímil de la realización del tanto. Fantasía Walt Disney, o rei do gol.

Maracaná. 1969. Pelé marcaba su gol mil. Maracaná. 2007. Todo un país en vilo esperando el último disparo del rei do gol. Un gol marcado en las mentes de millones de aficionados. Poco importa cómo lo ejecute. Poco importa que la FIFA dude de la autenticidad de la cifra. Dicen que sumó los goles marcados en partidillos de fiesta. Si da igual. Puede marcar 1.000, 2.000, 3.000… los que o rei do gol quiera.

Cuenta la leyenda que el gran Zubizarreta, todo un señor, allá en septiembre de 1993, intentaba ayudar a O rei do gol. Era su debut, y Zubi, el gran capitán, se sintió como un padre. Empezó a explicarle, en el túnel de vestuarios, las debilidades del portero rival. Entonces, O rei do gol, lo miró, y con voz tranquila y respetuosa, le respondió: “¿Me va a enseñar usted a meter goles?”.

Sí, siempre lo trataba de usted. Aquella tarde, levantó hasta tres veces de sus asientos a los aficionados. Hat-trick made in Diseny. Una locura. O rei do gol siempre usaba pantalones muy grandes. Un futbolista de dibujos animados, amante de la buena vida, pero capaz de arrodillarse durante minutos ante La Moreneta en la capilla del estadio, pidiendo perdón por sus debilidades. Un futbolista salido de la imaginación de Walt Disney, que siempre, antes de salir al campo, realizaba el mismo ritual: se santiguaba tres veces, besaba el césped y luego lo pisaba siempre con el pie derecho.

Romario de Souza Faria está a un gol de marcar los 1.000. Será el segundo brasileño en conseguirlo. Y probablemente el último. O rei do gol ha hecho feliz a muchísima gente. Un brasileño que necesita muy poco para honrar a este deporte: sus pies; un balón; un metro cuadrado (mejor dentro del área); un rival para dejarlo sentado al suelo; y su víctima, un triste portero.

Y cómo no, el gol. Su vida. Y si parece sacado de una película de dibujos animados, mucho mejor.


3 Responses to “O rei do gol”  

  1. 1 javiqui

    Jaime, cada día escribes mejor! Qué envidia!

  2. 2 Jaume Arxer

    Gracias por el piropo! Es un gran halago, en serio. Que envidia que me das por ser capaz de reconocer los méritos de otros. Ojalá todos fuéramos capaces de hacerlo. Es lo que tiene escribir mucho, casi sin parar, y quererlo hacer bien. Corrigendo, releyendo tu escrito diez, veinte veces… y poco a poco, y muy de vez en cuando, te sale algo aceptable…
    Un abrazo y espero que sigas disfrutando!

  3. 3 Mirentxu

    Me gusta a mí que tampoco soy la más emocionada del futbol… me han gustado mucho la mayoría, el del cura que no era del Barça entre ellos (quién si no le habrá hecho a “tobillo” leérselo? él no es muy cybermarinero). Pero Jaume…¿para cuándo una entrada de Osasuna? jajajja.

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