EL MILAGRO DEL ÍDOLO
David se arrollaba en el diván con suavidad, como el gato que maulla tras ser acariciado. El brillo de los ojos con lágrimas de sueño que no sueñan, sino que desean dormir con dignidad la noche placentera antes del día. David, mi cuñado, no obstante es como todos. Como todos los hombres que se precien; como todos los que se visten por los pies: un gurrumino que dirían los progres de la progresía. Un calzonazos para los amigos. Bienvenido al club. Somos muchos y de gran corazón y calzoncillo.
Miriam, su mujer, y sus amigas, querían jugar a las películas, ese estúpido juego que abre camino a la infancia en el que uno tiene que representar el largometraje propuesto por la otra parte. Querían juguetear, pasar el rato, y querían hacerlo casi a la una de la madrugada. Y mi cuñado había salido el viernes. Y el pequeño Borja, con apenas cuatro meses, no perdona una, y a las ocho de la mañana llora, y el mundo se detiene y se acelera al mismo tiempo, y los padres se despiertan, y ya está, se esfumó la magia de la noche.
Siete contra tres. Al carajo la paridad de ZP. ¡Claro que jugamos a las películas! Y a lo que hubiese mandado semejante batallón de hormonas femeninas. Poco a poco cayeron los segundos, algo parecido a la tierra en un sepelio. Hasta que se cansaron y nos permitieron fantasear con la almohada.
Llegué a mi casa a las cuatro menos veinte de la madrugada de un sábado cualquiera de marzo, anticipo de la primavera. Ya domingo. Agotado. Entonces me acordé: en apenas quince minutos arrancaba el mundial de Fórmula 1. El sueño se esfumó como el vapor, como la niebla matinal del puerto de Baiona en el verano, cuando los perezosos rayos de sol se abren camino hasta la roca haciendo refulgir los diminutos bálanos.
Escasos cinco minutos para las cuatro. Un puñado de 300 segundos intrigantes. ¿Quién ganará? Un despertador prostituye el silencio de la noche, la calma chicha que antecede a la batalla. Es mi hermano. Al día siguiente madruga, pero ahora toca ver a Alonso, al ídolo capaz de obrar cualquier milagro. En Melbourne, sí, pero también en miles de casas españolas con horario trastocado. Las dos de la tarde en Australia, diez horas menos en España. ¡Un millón trescientos ochenta mil españoles delante de una estúpida pantalla de plasma!
Es el prodigio del tótem. El milagro de un ídolo capaz de robar horas de sueño, de concitar a millones de personas, de hacer sentir que todo da igual y que cualquier cosa puede llegar a suceder. Es la magia y la esperanza, la esencia del deporte enturbiada luego por un puñado de euros. Gracias, Fernando, por haber obrado un gran milagro: el de unir la desunión bajo una sola bandera.



Me ha gustado querido amigo. Pero qué es eso del estúpido juego de las películas? no se acuerda usted, las horas que hemos pasado haciendo el chorra, siéntonos grandes actores de teatro mientras represetábamos esas pelis tan complejas???
Y esa apreciación, de todo hombre que se precie, de gran corazón y calzonzillo… bienvenido al club!!! -otros llevan muchísimo tiempo en él- Como diría mi amigo Groucho, nunca formaría parte de un club que aceptaran gente como yo…
Ah, que se me olvidaba. Gracias Fernando por dejarme dormir… muchos fueron a la cama pronto, no hubo ruido y por la mañana las calles estaban vacías..no sabes qué placer pasear (no correr, como tú) sin escuchar frenazos, pitadas, volantazos…
Un saudiño querido amigo!!! Y sigue así. Me gusta.
Jaume, cuando he visto que había un comentario me he imaginado que sería el tuyo sabiendo que el artículo iba de F1, ese deporte para tí estúpido y sonoro. Pero la realidad se ve al día siguiente en el panel de audiencias, más de 1 millon de personas sentadas a las 4 de la madrugada viendo cómo uno de sus ídolos ruge con su buga.
Pero ya sabes, para gustos, las cervezas.
Javi, me imaginé que siendo sábado por la noche y que al día siguiente para ti es lunes, (en el sentido laboral), tu ibas a ser uno de esa masa que a las 4 estaba frente a la ventanta de la realidad, soñando con el ídolo que une la desunión.
Un abrazo, y a seguir.
Hola chicos!! Me encanta vuestra sagaz mirada al mundo del deporte!!! Jaume a ver cuando nos vemos de nuevo! Quizas en semana santa quien sabe??