Tópicos
Tópicos nacidos en noches de borrachera. Tópicos que anidan en el ambiente. Tópicos que vuelan en el aire como pájaros perdidos. Tópicos que iluminan las calles, incluso en Navidad, tiempo de paz. Tópicos que se acuestan todas las noches con nuestros sueños. Tópicos imponentes como murallas indestructibles.
Pero son tópicos más falaces que las promesas de los políticos. Tópicos que se derriten como el hielo. Tópicos que mienten más que los mandatarios. Tópicos, tópicos que no son verdad pero que es imposible erradicarlos, ni cuando hacemos el sincero propósito de cambiar después de la peor resaca en aquella noche de locura.
Los hombres, dicen por ahí, sólo hablamos de sexo y de fútbol. Que es lo único con lo que somos capaces de hilvanar un discurso coherente, como si fuera sólo lo que colmara nuestra ilusión de la felicidad terrena. Pero resulta que no. Que somos capaces de conversar sobre cualquier tema que nos apetezca y que, además, damos mucha importancia a otros aspectos que pueblan nuestro vivir.
Ya lo dijo Winston Churcill: “Hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas”. Infinitud de estudios se realizan a diario. Encuestas e investigaciones acerca del hombre y sus modos de vivir. No hay que tomarlos a rajatabla como si fueran dogma infalible, pero nos orientan, muestran la punta del iceberg… y luego, cada cual, como si leyera a Hemingway, debe hacer el ejercicio, a veces estéril, de buscar razones, causas, el por qué, el warum alemán, el why… en definitiva, el sentido de todo.
Con la pregunta “¿qué tienen los hombres en la cabeza?”, realizada a 300 hombres y 300 mujeres por Quid a petición del fabricante de productos para el pelo Head&Shoulders, se descubrió que los hombrecitos desean formar una familia; que les importa su trabajo; que en lo primero que se fijan de una mujer es en los ojos; que les horrorizan esos malditos kilos de más; que se inquietan pensando el momento que aparezcan irremediablemente la calvicie o las arrugas, o que de una chica nos importa tanto su físico como sus ideas políticas y sus creencias religiosas como reglas básicas para que exista alguna posibilidad de que una relación funcione.
Ya lo dijo Churcill. No deja de ser una encuesta. Quizá los encuestados mintieron o marcaron sus preguntas con ciertas pretensiones. Quizá se conjuraron todos para sacar unos resultados inimaginables. Quién sabe. Pero los resultados finales sorprendieron tanto que la noticia apareció en la prensa. Y no es fácil salir en los medios de comunicación. Pero los datos sorprendieron mucho y había que contarlos. Y deseo creer, para el bien de la humanidad, que chocaron felizmente.
Porque los machos, en el fondo, hablamos de nuestras vidas. De lo que nos hace reír y de lo que nos hace llorar. Porque también tenemos sentimientos. El problema es que el fútbol y el sexo son la única la razón de ser y de vivir de muchos hombres. Pero no de todos. Aunque estos temas estén presentes en la conversación (para reírnos o desahogarnos), no todos los machos gastan saliva hablando sólo de eso. Al menos, yo no. Y conozco a muchos que tampoco lo hacen.



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