RECUERDOS
El sol refleja en la autopista un día de ilusiones por vivir. El coche tiene el aire averiado y hace calor. Tanto calor que el asfalto se retuerce de pereza. España pasa rauda en la ventana. Pamplona – Madrid. Del norte al centro. Bosques y páramos por descubrir.
Dieciocho de junio de 2005. Viajamos a la capital para protestar contra la ley de matrimonios homosexuales, que no contra los homosexuales. A fin de cuentas, como diría William James, “no hay mayor mentira que la verdad mal entendida”. Pero este es otro tema para alimentar la sempiterna hoguera maloliente de la España absurdamente dividida en dos Españas.
Lo cierto es que allí estábamos, en los madriles, con aquel “luego diréis que somos cinco o seis” como impenitente murmullo de verano. Y yo gritando más por dentro que por fuera. Lejos, en un pedacito de hierba mal parido de la lejana Lleida, arrancaba la esperanza. El Celta, después de ser robado en los despachos, se jugaba un nuevo ascenso sobre el campo.
“Zapatero dimisión”, “ahora más que nunca, Rajoy a la Moncloa”… Y de nuevo: “Luego diréis que somos cinco o seis”. Y un mensaje en el móvil. Es Juan. Noticias desde Lleida. Al descanso, sólo un tiro a puerta. Los dioses están de nuestra parte. Cero a uno.
Vuelvo al refugio de la masa, al cántico que clama bajo el sol. A las bolsas de agua tibia en la cabeza. Nada. No hay manera. Sufro como un cerdo llevado al matadero. Acaba la manifestación y comienzo a andar. Errático, indiferente. Entro en un bar. En la tele ponen el partido. Apenas quince minutos para el final y seguimos uno a cero. No quiero verlo. Salgo fuera y sigo caminando. Pienso. Hay que subir. La Segunda es demasiado tediosa para vivir otro año así. Siestas y bostezos entre goles. Gradas desiertas y nostalgia de Primera.
Hora H: 20.25. Llamo a Juan. ¡Suena la Rianxeira en Lleida! En medio de una Castellana abarrotada en la que el sol borda sombras sobre el cielo, un loco alza los brazos, primero, y los anuda en la cintura de su novia después. Y grita y salta y baila y canta. Y no llora porque le mintieron de pequeño: entonces le dijeron que el fútbol no merece un par de lágrimas.
Dos años después, debemos aprender de aquella historia. El Celta empató ayer en Balaídos. No jugó bien, pero lo hizo mejor que el Athletic. El fútbol, siempre caprichoso, lleva semanas dándole la espalda a los hombres de Vázquez. Por suerte, un dato para el optimismo: la grada está por fin del mismo lado.



Querido redactor,
qué tiempos aquellos, qué grata conversación te dimos en la ida hacia Madrid. Qué bonita estaba la capital, todo el mundo a una…menos tú, en la mente en tierras catalanas. Allí volvistéis a ser grandes. Esos momentos nunca se olvidan, ¿verdad?, ni que pasen los años..
…¿y la vuelta?…cambiamos el baile, el cava, la cerveza y el baño en la fuente por el Red Bul, la carretera oscura y solitaria, la música de fondo, y tus ojos entornados, a mil por hora…
gracias por volverme a recordar aquellos momentos. Aquel día, conseguiste que fuera un poco del celta.