“La guerra del fútbol” no consiguió acabar con él. Ni tampoco los levantamientos en el Congo de 1960 (donde fue tomado por un espía y estuvo muy cerca de ser fusilado) o el golpe en Argelia de 1965. Ni las tropas rebeldes que le persiguieron en Nigeria, que sólo consiguieron apalearlo y robarle en remotas carreteras. Tampoco consiguió acabar con su vida la malaria cerebral, ni las cucarachas o el aplastante calor que se encontró en su querida África.Ni tampoco las 27 revoluciones que presenció, ni las 12 guerras que cubrió, ni las cuatro veces que fue condenado a muerte pudieron con este espíritu libre que sólo deseaba viajar. Debía seguir viviendo para contar al mundo lo que veía con sus propios ojos. Debía seguir pregonando que el auténtico periodismo (y el único que vale la pena dedicarse) es el periodismo intencional, ese que aspira a producir algún cambio en el mundo.
Fue la enfermedad. Finalmente, su salud, a los 74 años de edad, dijo basta. No superó las secuelas de la grave operación a la que fue sometido el pasado sábado. Y ayer dijo basta. Ha fallecido Ryszard Kapuscinski, el gran reportero del siglo XX. Y nos deja solos, huérfanos. Se ha ido el maestro, el guía. Y sus aprendices no podremos aprender más de él con nuevos libros. Solo nos quedará el consuelo de releer sus pequeñas joyas de la literatura. Porque, como él mismo pensaba, un libro no se puede leer de un tirón, un libro necesita tiempo, reflexión, ratos para pensar y sacar conclusiones.
John Le Carré lo consideró “el enviado de Dios”. Para Gabo, era el maestro. Paul Auster dijo de él que era “el escritor, novelista, poeta y ensayista más interesante de nuestro tiempo“. Ha publicado 19 libros. Ha ganado infinidad de premios. Y tiene el honor de ser el autor polaco más traducido y publicado en el extranjero.
Pero Ryszard, como Sócrates, sólo sabía que no sabía nada. Por eso, él, como periodista, se veía como un aprendiz que debe asimilar conocimientos durante toda su vida. Nunca se cansó de aprender y estudiar. Un hombre lúcido, independiente, muy culto, que nos dejó escritas algunas “perlas” al resto de los mortales: “un buen reportero debe tener un poco del entusiasmo, de la humildad, de la locura del misionero”; “el mundo es tan grande y es tan difícil de describirlo…”;”no se puede escribir de alguien con quien no has compartido como mínimo algún momento de su vida”; “los cínicos no sirven para este oficio; se puede ser escéptico, pero no cínico, porque el cinismo te aleja de la gente”, o “para ser buen periodista, hay que ser, antes, buena persona”. Y así, infinidad de “perlas” que no se contentaba sólo con pronunciar en todos lados, sino que él mismo las ponía en práctica.
Evidentemente, también habló de fútbol. Un hombre que procura estar al corriente de lo que pasa en el mundo no puede olvidar este fenómeno de masas. En 1998, escribió La guerra del fútbol y otros reportajes. En 1969 Honduras y el Salvador se jugaban el pase para disputar el Mundial de México de 1970. El Salvador ganó la eliminatoria por un 3-1 global. Pero el resultado fue lo de menos. Porque nadie ganó, en realidad. Se desencadenó una guerra de cien horas entre los dos países. El ambiente ya estaba enardecido, pero el fútbol fue la gota que colmó el vaso.
Kapuscinski cuenta cómo sucedió todo en breves páginas. No quiero dar más pistas y estropearos el placer de leer el reportaje. Existen pocos que escriban como Ryszard. Y no tiene pelos en la lengua. Cuenta la verdad, aunque duela a muchos. No me resisto a reproducir un párrafo: “En América Latina, decía, la frontera entre el fútbol y la política es tan tenue que resulta casi imperceptible. Es larga la lista de gobiernos que cayeron o fueron derrocados por los militares sólo porque la selección nacional había perdido un partido. Los periódicos llaman traidores a la patria a los jugadores del equipo perdedor. Cuando Brasil ganó en México el Campeonato Mundial, un amigo mío, exiliado político brasileño, estaba destrozado: “La derecha militar”, dijo, “tiene asegurados por lo menos cinco años de gobierno sin que nadie lo importune”. Un párrafo para reflexionar.
En verano regalé a un buen amigo el último libro de Kapuscinski, Viajes con Heródoto. Cosas del destino, me llamó hace pocos días. Y me dijo que el libro lo había animado mucho, porque Kapuscinski cuenta en él que cuando era joven no sabía nada de nada. “Y ahora, cuando es ya mayor”, me dijo mi amigo, “es un sabio. Yo puedo, algún día, llegar a ser como él”, me contó riendo. Y en esas estamos muchos.
Hasta ayer, para mí seguía siendo un especie de inmortal. Alguien de otro planeta. Jamás albergué la posibilidad que pudiese morir. Leyendo sus historias, llegué a dudar de que muchas fueran verdad. ¿Cómo pudo soportarlas y sobrevivir? Me parecían increíbles y fascinantes. Conocía de él su foto publicada en el dorso de sus libros. Se ve a un hombre maduro, ya curtido, pero su mirada y su sonrisa pícara sugieren una gran vitalidad. Hoy, en el periódico, he visto fotos del último Ryszard. Había envecejido demasiado. De repente, parecía un abuelo. Pero aún se podían contemplar restos de su viveza, de su curiosidad, y de sus ganas de seguir conociendo el mundo para poder contarlo. Pero Ryszard, aunque pueda parecer extraño, también era un hombre.
Ryszard, muchas gracias por las horas que he “perdido” leyendo tus libros. Muchas gracias por ser un verdadero compañero de viaje. Gracias por lo que me has enseñado y por los ratos inolvidables y de gozo que he pasado con tus reportajes. Muchas gracias porque hoy, mientras te escribo este humilde homenaje, me quitarás horas de sueño.



Jaume, una gran necrológica tio. Kapuscinski era un maestro, y como todo maestro que cae en este mundo se dejó la vida por un ideal.
Desconozco si se casó en algún momento, si pudo construir una familia… De todos modos estoy convencido de que en la vida hay gente que tiene que dejarse hasta la última gota de sangre para que el resto del mundo avance en algunos aspectos. Kapuscinski lo hizo con el periodismo y con los problemas reales de África. Sin pelos en la lengua.
Pues Chema, esa pregunta que te haces también me la he hecho yo muchas veces cuando leía sus libros. ¿Tuvo tiempo de formar una familia?
Creo, de todos modos, como bien dices tú, que no todo el mundo tiene los mismos sueños o ideales para los que lucha: creo que lo más importante es que sean nobles y auténticos. Quizá Kapuscinski no sintió la llamada de la familia, pero creo que al final de su vida, se sintió realizado, y eso, en el fondo, es lo importante.
Gracias por tu felicitación. Sé que va más allá de la mera amistad que nos une. (lo sé porqué te he visto más de una vez cabreado conmigo…) Total, que me animas a seguir escribiendo.
Un abrazo.
Querido Jaume, qué razón tienes en tu artículo sobre un sinfín de temas. Por ejemplo, esa breve pero devastadora idea sobre las mentiras y abusos que puede llegar a ocultar el fútbol. Cada día estoy más convencido de que es una especie de culto modernista capaz de hacer feliz al hincha, ajeno con sólo una victoria, incluso un gol, al resto de catástrofes cotidianas que envuelven su existencia. ¿Bueno o malo? Tal vez sólo Xan conoce la respuesta: depende.
Ahí va una breve reflexión del propio Kapuscinski en “Viajes con Heródoto” sobre otro de los temas que tratas: la lectura.
“Toda gran obra hay que leerla repetidas veces: cada nueva lectura desvelará entonces nuevas capas, contenidos distintos, no vistos antes, nuevos sentidos e imágenes. Pues todo gran libro contiene varios libros, sólo que hay que llegar a ellos, descubrirlos, profundizarlos y asumirlos”.
Una perla, una reflexión brillante y un consuelo. Siempre nos quedarán sus obras. La continua relectura de un universo nuevo en cada línea.
Adios maestro, qué grandes obras nos has dejado para seguir luchando por un ideal en esta vida. Qué grandes palabras para nosotros, los periodistas. Qué gran visión del mundo que nos ha tocado vivir. Esperemos que gracias a tus enseñanzas, los periodistas tengamos ese amor por la verdad que tanto has defendido en tus 74 años de existencia.
Adios y buena suerte.
Enhorabuena por el artículo Jaume, se nota que el maestro te ha acompañado a lo largo de la carrera y me imagino que te acompañará en el resto de tu carrera profesional, como lo va a hacer con tantos otros como tu.
Está genial el blog chicos, de verdad! Hay entradas muy futboleras que paso de leer pero, por lo demás, me encanta, sed constantes y que no decaiga eh?
Con relación a nuestro querido Ryszard, hoy escribía Alfonso Armada en la Tercera de ABC:
“Era de los que pensaban que la lucha por acercarse a la verdad no puede ser inútil, no debe, tiene que dar resultados, hacernos menos idiotas: ” El fracaso del hombre es su incapacidad de entender lo diferente” ”
Era un crack!
Jaume, m’ha semblat extraodinari. De veritat. Ara mateix el vaig a penjar a la classe perquè llegin el teu article et venen ganes de saber qui és aquest senyor.
Felicitats!!!
Jaume, Kapuscinski sí estaba casado, lo que no sé es si tuvo hijos. Pero sólo alguien con mucha paciencia y serenidad pudo aguantar una relación con alguien así. Sería interesante conocer a esa mujer.
Te leo desde Caracas.
Gracias bea por tu información…aunque no lo parezca, es de sumo interés. No se trata de un cotilleo. Es como tu dices, debe ser interesante esa mujer, su enorme paciencia, serenidad….
Espero que te guste el blog y que si te parece bueno, lo des a conocer por Caracas (además, espero que vaya todo bien). Mientras, ya te cuido yo al Frank.!!!!!!!!!!
Ya que esto va de fútbol, y habéis hablado del gran Kapuscinski, conviene no perderse su libro “La guerra del fútbol”. Apasionante, aunque solo habla de fútbol en el primer reportaje (que da título al libro). Supongo que ya lo conoceréis. Si no, os enganchará.
Hola Jaume:
Acabo de leer el artículo y reconozco que me ha emocionado.
Mi primer contacto con Kapuscinski se remonta a unos 7 u 8 años, cuando en el lomo de un libro color crema de la biblioteca de mi casa se leía: EBANO. Qué título tan bonito, qué precisión en el lenguaje. Son infinitos los matices que te llegan a la cabeza al leer esta palabra.
Sin embargo, tengo que reconocer que tras la impresión del título, nunca he leído el libro. Creo que ha llegado ya el momento de ponerme manos a la obra y, como si de un réquiem se tratara, degustarla página a página por el alma inmortal de uno de los mejores periodistas de la historia.
Gracias Jaume por esta reflexión, por presentarnos más si cabe al artista y por el blog en general.