el forofo

20Jan07

 

donceles4.jpgForofo. Una auténtico forofo. Creo que no hay palabra más acertada para definir a mi amigo. Un apasionado del fútbol, del buen fútbol, de los goles, del espectáculo y la emoción. Nada de tácticas, nada de juego marrullero, nada de artimañas defensivas. Es un amante del fútbol anárquico. Un tipo original, único. de otra época. Su lema: “hay que marcar un gol más que el rival”.

Por desgracia, quedan pocos como él. Y aunque parece un soñador, un utópico, no conozco a nadie que sepa de fútbol tanto como él. Parece un sabio budista, recluido en la montaña, que intenta proclamar, entusiasta pero un poco resignado, toda su sabiduría sobre el deporte rey a las personas dispuestas a detenerse y escucharle, a saborear una tarde de tertulia en medio del ruido y la actividad frenética del mundo.

Pero, sobre todo, es un apasionado de su club, de los colores de su equipo. Incluso sueña con ellos. Y, claro, odia al eterno rival. “Nada, Ni agua. Que incluso pierdan en sus entrenamientos”, me dice, a menudo, todo feliz. ¿Su fin de semana perfecto? Que su equipo gane y el eterno rival pierda. Haciendo el ridículo, si es posible.

Si no estaba yo convencido de todo esto, el otro día fue definitivo. Me lo encontré todo contento por la calle, y me contó la siguiente historia:

“Me desperté muy temprano, eso de las cinco y medio de la mañana. Todo estaba oscuro, aún. No podía dormir más. Demasiados nervios. Ayer jugaba el eterno rival en Copa, y no sabía el resultado. ¿Qué habrían hecho? ¿Habría sorpesa, quizá?

Después de dos horas intentando conciliar el sueño en vano, ya no pude más. Soy un impaciente, pero qué quieres que te diga. Una ducha rápida, y a buscar el periódico en el buzón. Que no encontraba yo las páginas de deportes, tantos nervios que tenía. Por fin llegué a ellas. Decepción. No salía en portada. No había habido milagro.

Resignado, pasé página. Y allí salía la crónica. Empate. 1 a 1. ¿Empate? ¿Y quién pasaba, entonces? A esas horas de la mañana mi cabeza aún no carburaba del todo bien. Me subió la adrenalina a toda máquina. Leí el antetítulo: el rival, repleto de suplentes, consigue sacar los colores a toda la afición. ¿En serio? ¿Qué quería decir todo aquello? ¿Podía ser verdad?

¿Eliminados? ¡Sí, milagro! ¡Estaban eliminados! ¡Eliminados! ¡Ja,ja,ja….! Y lo más fuerte, nosotros seguíamos vivos en la competición. ¡Dios existe, y me escucha! ¡Qué bello es vivir! Y levanté la taza de café despacio, con solemnidad, imaginando a nuestro capitán levantando el trofeo de campeones.

Bajó mi madre, aún con los ojos medio cerrados de sueño, y me preguntó extrañada qué hacía yo tan temprano, vestido y preparado para irme de casa. ¡Buenos días mamá! ¿Cómo estás? Mi madre no entendía nada. Mamá, me voy a misa. A dar gracias a Dios porque el eterno rival perdió, ¡y están eliminados!”.

No quiero ni imaginarme la cara que puso su madre. En fin, ya lo véis vosotros mismos. Un auténtico forofo. Creo que raya la locura, este amigo mío. Pero, a veces, es el hombre más feliz del mundo.


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